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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias y de Viana en la entrega del Premio Príncipe de Viana de la Cultura 2012 a D. Antonio López García

Monasterio de Leyre, 06.06.2012

Los recios muros de este monasterio milenario de San Salvador, levantados por el afán ilusionado y la fe profunda de quienes hace siglos habitaron este antiguo Reino, nos acogen nuevamente para celebrar esta singular jornada de la cultura, en la que se entremezclan la tradición y la vanguardia, el arraigo a una historia y a una personalidad labrada generación tras generación, con el espíritu emprendedor y dinámico que caracteriza a los hombres y a las mujeres de Navarra.

Hace ahora quinientos años que -tras complejos y duraderos avatares sucesorios y en un contexto de luchas de poder entre facciones nobiliarias, de alianzas y conflictos entre reinos y de pugnas geoestratégicas y religiosas europeas- comenzó en 1512 el proceso cuyo resultado final fue, unos años después, la incorporación formal y definitiva de Navarra a los territorios de la Monarquía Hispánica, manteniendo sus fueros y la condición de Reino.

De este modo, Navarra continuó el destino hispánico que siempre tuvo desde antiguo. Es, por tanto, tiempo ahora de reconocer la profunda vocación histórica de esta tierra a favor de la integración y la unidad de toda España con cuyos proyectos colectivos, desde su singularidad y fuerte identidad, siempre estuvo firmemente comprometida.

Las orgullosas cadenas que adornan el escudo de esta hoy Comunidad Foral hacen alusión, según cuenta la tradición, a un episodio común de los antiguos Reinos de España ocurrido ochocientos años atrás. Navarra estuvo en el origen de otros Reinos hispánicos a los que, hace ahora casi cinco siglos, se unió definitivamente para forjar la unidad de la Nación española y seguir construyendo su Historia. Al conmemorar este aniversario rendimos homenaje a los navarros que lucharon y trabajaron siempre por Navarra y por el progreso, la concordia y la unidad de todo nuestro país.

Por ello la Princesa y yo sentimos profundamente la realidad de esta tierra, la seguimos de cerca y comprobamos sus avances y sus logros, los grandes esfuerzos que realizan los navarros para sortear las dificultades y la apuesta decidida por un futuro mejor, participando siempre, responsable y abiertamente, en los proyectos comunes de España.

En este escenario tan singular de Leyre contemplamos las expresiones artísticas de la arquitectura y la escultura que maravillaron a las gentes de la Edad Media, al transmitir sentimientos y enseñanzas, historias y leyendas que conformaron una cultura compartida. Hoy, estas bóvedas, pórticos o capiteles cargados de figuras y simbolismos nos admiran igualmente, y nos permiten confirmar que el arte es un patrimonio universal e imperecedero que nos habla de nosotros mismos, que nos acerca a un mayor conocimiento de la condición humana, y al que cadaépoca y cada país, aportan lo mejor de sí mismos.

No son tiempos para diferencias ni para egoísmos. Son tiempos de responsabilidad, de sacrificios y de actitudes generosas que nos permitan caminar juntos con esperanza, persuadidos de que podemos alcanzar los objetivos que nos tracemos y mejorar, más pronto que tarde, la situación en que vivimos.

Estoy seguro de que estas reflexiones enlazan con el sentido de esta ceremonia en la que acabamos de entregar el Premio Príncipe de Viana de la Cultura a un gran artista de nuestro tiempo, cuyo nombre simboliza hoy en el mundo la creatividad artística de España y cuya obra ofrece, renovados y actualizados, los profundos valores que han caracterizado a la pintura española de lasépocas más brillantes y de los autores españoles más reconocidos en el mundo.

Antonio López no se limita a pintar objetos, personas o paisajes. A través de su técnica muy depurada consigue con sus pinceles, de forma meditada y tranquila, destilar la realidad y mostrarnos la esencia de las cosas, transmitirnos su emoción, sus sentimientos más profundos, y demostrarnos con ello su perfil de artista consagrado. "Una obra -diceél- nunca se acaba, sino que llega al límite de sus propias posibilidades". Esta es la filosofía de un artista singular, cultivado extraordinariamente en el conocimiento y en la comprensión del arte de todas lasépocas, que encontró su camino personal y lo ha mantenido, década tras década, con la misma ilusión y con el mismo esfuerzo.

Quiero resaltar, junto a la Princesa, nuestro reconocimiento profundo a Antonio López, tanto por su obra inicial de juventud, lírica e imaginativa, como, también, por la grandiosidad y el profundo mensaje de sus lienzos y esculturas más recientes. Deseamos reconocer igualmente su altura como persona que transmite inmediatez y afecto desde su sabiduría y calidad creativa. Pero al hacerlo no nos olvidamos de sus seres más queridos, su esposa Mari, sus hijas y sus nietos, que son el apoyo esencial de la vida y la obra de Antonio López.

Por eso, la Princesa y yo queremos felicitar de todo corazón a Don Antonio y desearle que esta distinción que Navarra le ofrece, el Príncipe de Viana de la Cultura, constituya un nuevo estímulo para seguir avanzando en su obra creadora, una obra que sin duda pasará a la historia como expresión representativa del arte y de la realidad del tiempo en que vivimos.

Sabemos que crece la relación de aprecio y admiración que se ha tejido en losúltimos años entre el artista y Navarra. Los talleres de pintura que imparte anualmente en esta tierra sin duda contribuyen a reforzar ese vínculo, que puede dar muchos y valiosos frutos, pues en esta Comunidad abundan las inquietudes culturales y prosperan las iniciativas artísticas.

Son precisamente las ideas y las iniciativas, los proyectos de nuevas actividades, lo que debemos impulsar y potenciar entre todos, en unos tiempos difíciles como estos, pues aunque la realidad de cada día sea dura, aunque sintamos con dolor el alto número de personas que no encuentran trabajo, no debemos perder la confianza en nuestras posibilidades. Debemos creer con firmeza en el potencial de creatividad, de talento, de esfuerzo e iniciativa que atesora nuestra sociedad; especialmente las generaciones más jóvenes, las mejor formadas y preparadas para los nuevos retos que tenemos por delante.

En ese esfuerzo necesario de cada día, en el impulso para superar las dificultades, debemos unirnos todos. No son tiempos para diferencias ni para egoísmos. Son tiempos de responsabilidad, de sacrificios y de actitudes generosas que nos permitan caminar juntos con esperanza, persuadidos de que podemos alcanzar los objetivos que nos tracemos y mejorar, más pronto que tarde, la situación en que vivimos.

Muchas gracias, señora Presidenta, autoridades, señoras y señores, por la acogida, siempre cordial, que nos dispensan y que hace que nos sintamos especialmente comprometidos con los afanes y los proyectos de esta parte esencial de España que es la Comunidad Foral de Navarra

¡Enhorabuena al premiado y muchas gracias a todos!

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