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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la visita al proyecto de formación de Cáritas para jóvenes vulnerables financiado por la Fundación Hesperia

Málaga, 22.05.2012

Para la Princesa y para mi hoy es un día muy especial pues, como saben, hoy cumplimos ocho años desde nuestro matrimonio. Asumimos juntos, aquel 22 de mayo de 2004, un compromiso personal e institucional. Y a partir de ese momento, la Princesa se unió al deber, ahora compartido, de trabajar con ilusión y entrega al servicio de los españoles; de fomentar los valores constitucionales, las libertades y nuestra convivencia democrática; y de desarrollar iniciativas y proyectos en beneficio de la colectividad y promover los intereses generales de nuestra Nación, tanto dentro como fuera de España. Son esos intereses, de hoy y del mañana, a los que nos debemos, y que constituyen nuestra principal responsabilidad institucional.

Por esas razones hemos querido compartir una parte del día con unos compatriotas a los que esta crisis económica está afectando muy directamente y que viven ciertamente en una situación difícil, una situación especialmente vulnerable. Y lo hacemos no solo para transmitirles nuestroánimo, nuestro apoyo y felicitarles por su espíritu de superación, sino también, por un lado, para ayudar de una manera tangible a que mejore su situación y, por otro, para dar visibilidad y realce a las personas, organizaciones e instituciones que más se están esforzando para paliar las necesidades más urgentes o graves de nuestros ciudadanos.

La ocasión nos la ha proporcionado Cáritas, una institución volcada en los más desfavorecidos, a la que queremos agradecer de corazón lo que hace por tantas personas aquí en Málaga, en el resto de España y en todo el mundo. Al reconocer la labor de Cáritas ensalzamos también, como decía, la de infinidad de instituciones y personas dedicadas a ayudar a quienes más lo necesitan allí donde se encuentren.

Pues junto a las entidades más grandes o conocidas, merecen ser recordadas la existencia y el impacto de otras muchas más modestas o con menos medios, pero con el mismo espíritu de solidaridad y el mismo afán por ayudar, por contribuir a que tantas personas mejoren en sus condiciones de vida y en sus expectativas de futuro. Detrás de esa generosidad, no lo olvidemos, hay miles de hombres y mujeres que voluntariamente -y también de manera profesional- aportan lo mejor de ellos mismos al bienestar del conjunto de la sociedad asistiendo de modo específico a quienes más lo precisan.

Para la Princesa y para mi hoy es un día muy especial pues, como saben, hoy cumplimos ocho años desde nuestro matrimonio. Asumimos juntos, aquel 22 de mayo de 2004, un compromiso personal e institucional. Y a partir de ese momento, la Princesa se unió al deber, ahora compartido, de trabajar con ilusión y entrega al servicio de los españoles; de fomentar los valores constitucionales, las libertades y nuestra convivencia democrática; y de desarrollar iniciativas y proyectos en beneficio de la colectividad y promover los intereses generales de nuestra Nación, tanto dentro como fuera de España. Son esos intereses, de hoy y del mañana, a los que nos debemos, y que constituyen nuestra principal responsabilidad institucional.

Lo he dicho en otras ocasiones pero merece la pena repetirlo. Las instituciones sociales y las familias son hoy dos pilares fundamentales de nuestra cohesión social, más todavía en la situación de crisis económica en la que vivimos. Sin la solidaridad familiar y la muchas veces anónima -pero en todo caso extraordinaria tarea- de esas instituciones, la crisis económica sería muy distinta para miles de personas y sobre todo mucho más injusta. Merecen, por tanto, todo nuestro reconocimiento y protección pero también nuestro apoyo, cualquiera que sea la forma en que se preste.

Eso es lo que, precisamente, tratamos de hacer modestamente con la Fundación Hesperia desde hace dos años, sumándonos a proyectos ya existentes de otras instituciones y potenciando su impacto. Así lo hemos hecho en Menorca, Salamanca, Barcelona y aquí en Málaga donde decidimos apoyar el programa de formación ocupacional de Cáritas, pues la formación, como todos sabemos, es una de las claves para que nuestros jóvenes puedan acceder a un puesto de trabajo.

La idea detrás de esta orientación es aprovechar al máximo los limitados recursos disponibles anualmente en la Fundación, dedicándolos directamente a proyectos ya existentes para reforzar sus resultados. Y lo hemos hecho desde Hesperia no solo con el objetivo de ayudar a personas concretas en un proyecto, como el de Cáritas en este Centro Sagrada Familia de Málaga, sino también para utilizarlo como ejemplo con el que resaltar y transmitir la importancia que tiene para nuestro futuro común la lucha contra el abandono y el fracaso escolar, estimulando una cultura de estudio y esfuerzo; la importancia de proteger a los niños y niñas en situación de vulnerabilidad familiar; la de fomentar y reconocer socialmente la formación profesional; la de ayudar a nuestros jóvenes a obtener un empleo o animarles a crear un pequeño negocio; y con más motivo, si cabe, la de ayudar con investigación científica, especialmente a los jóvenes que padecen alguna discapacidad física o psíquica.

Creo que no es laúnica, por supuesto, ni probablemente la más decisiva, pero si es importante esta labor de concienciación social sobre estos principios para que entre todos ayudemos más para que nuestros jóvenes puedan construir su propia vida personal y profesional a la que tienen todo el derecho.

Y termino ya recordando que la Fundación Hesperia se constituyo a partir de la aceptación que la Princesa y yo hicimos de la herencia del menorquín Juan Ignacio Balada. Creemos que el Sr. Balada estaría satisfecho de la finalidad que estamos dando a su generoso legado y puedo afirmar nuevamente, como ya lo hice hace un par de años, que seguiremos destinando su dinero a favor de quienes más lo necesiten y especialmente de los jóvenes, pues ayudarles a construir su futuro es ayudar a construir el futuro de España.

Muchas gracias.

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