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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el Senado de Berlín.

República Federal de Alemania(Berlín), 19.03.2003

M

uchas gracias por su amable acogida. Desde hace años albergaba el deseo de visitar esta gran capital europea, como ya lo hicieran oficialmente los Reyes de España en 1997. La invitación del Presidente Federal me ha brindado esta oportunidad y hoy me llena de satisfacción encontrarme con ustedes en este edificio tan emblemático.

Berlín constituye un auténtico punto de referencia mundial, una clave esencial en la historia de Europa y el punto de arranque en la esperanza del futuro de nuestro continente, de nuestro futuro. Berlín es un signo de los tiempos, pasados y por venir, un compendio de lo que fuimos y una metáfora de lo que podemos llegar a ser.

La asombrosa capacidad de recuperación de esta ciudad constituye un magnífico ejemplo de la voluntad de superación del ser humano, encarnada de forma muy especial en virtudes que adornan a los berlineses, protagonistas principales del espectacular renacimiento de su capital.

Durante estos días estoy teniendo una oportunidad única de acercarme a la realidad berlinesa, de impregnarme de su pujanza y de su espíritu cosmopolita. A su papel renovado como capital Federal, une las señas de identidad de una cultura brillante, una sociedad dinámica y emprendedora, sensible y solidaria con las inquietudes que los berlineses comparten con el resto de los ciudadanos alemanes y europeos.

Esta condición de verdadera metrópoli es una de las señas de identidad del nuevo Berlín, capaz de proyectarse sobre toda Alemania con la fuerza que sólo las grandes ciudades pueden generar.

Superada la división del pasado, Berlín, por su posición geográfica constituye un puente natural entre dos mundos, que vuelven a reunirse tras largos años de forzada separación. La reunificación política, social y económica del continente europeo, tuvo en Berlín su punto de partida y catalizador, constituyéndose en el acontecimiento más importante del final del pasado siglo.

Los españoles contemplamos ese movimiento de reunificación con especial emoción y esperanza y hemos colaborado activamente en ese sueño europeo, que representa la ampliación y que pronto haremos realidad.

Berlín constituye un símbolo y motor de esta nueva Europa que estamos construyendo entre todos. El atractivo que ejerce, yo diría incluso la fascinación que provoca, convierte el conocimiento de esta ciudad en un elemento importante para la formación de todo europeo.

No quiero dejar de mencionar la especial satisfacción que me produce comprobar la actitud abierta y curiosa que demuestran los berlineses, de forma muy especial, en relación con la lengua y cultura españolas.

Para poder satisfacer este anhelo, ayer presidí la inauguración del Instituto Cervantes en un magnífico edificio, que quiere ser punto de encuentro de dos culturas?la alemana y la española- fundamentales para entender Europa y el mundo que nos rodea.

Quiero terminar mis palabras subrayando la belleza de la ciudad de Berlín, de sus magníficos edificios históricos, de sus espectaculares muestras de arquitectura contemporánea, de sus amplísimos espacios verdes, modelo de calidad de vida en una urbe moderna. Y sobre todo, mi respeto y admiración por los que aquí viven, los que hicieron posible este presente y los que, sin duda, harán realidad un futuro espléndido de esta magnífica ciudad de Europa.

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