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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Academia Portuguesa de la Historia.

Portugal(Lisboa), 03.06.2003

A

nte todo quiero agradecerle, Señor Presidente, muy sinceramente sus amables palabras y el afectuoso recibimiento de que he sido objeto en esta prestigiosa Institución.

Con mi presencia en la Academia Portuguesa de la Historia me propongo, por una parte, rendir homenaje a la importante labor que desde hace mucho tiempo desarrolla esta Institución y, por otra, continuar profundizando en el conocimiento de Portugal, país por el que todos en mi Familia sentimos un especial afecto y respeto que se ven multiplicados por los entrañables lazos de amistad y agradecimiento que nos unen a él.

Del aprecio que se tiene en España a la labor que lleva a cabo la Academia es una buena prueba la concesión a su persona, Señor Presidente, del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 1995.

Fue entonces cuando dijo usted, Señor Presidente, algo tan cierto y actual entonces como ahora y que suscribo plenamente: "Cada país debe vivir en su propia casa, porque apreciamos mucho nuestra independencia política, pero ello no debe ser un obstáculo a un conocimiento más profundo de los lazos culturales e históricos que unieron a lo largo de los siglos a ambas Naciones".

Su labor al frente de la Academia, y la de la Academia toda, han sabido responder a esa máxima esforzándose ante todo en buscar lo mucho que nos une y manteniendo al tiempo la rica y diferente personalidad de ambas Naciones.

La Academia Portuguesa de la Historia no sólo ha mantenido siempre una estrecha relación con España y con los historiadores españoles, con los que me consta que existe una relación profunda, sino que, además, ha sabido trabajar de una forma ejemplar por lo que se ha hecho legítima acreedora de nuestro agradecimiento.

Decía al principio que uno de los objetivos de mi visita a Portugal era conocer mejor este país y no me cabe ninguna duda de que no se conoce a un país y a sus habitantes si no se conoce su historia. En ella están las claves profundas de su ser colectivo, la memoria de su pasado y las razones del presente.

Sabido es que desconocer la historia es correr el riesgo de repetir los errores que en ella existen y de ahí la importancia de acercarse a ella sin recelos ni prejuicios para que la interpretación del pasado no se convierta en una hipoteca de futuro. La Academia tiene ciertamente un importantísimo papel que jugar a ese fin.

Por todo ello agradezco una vez más sus amables palabras que he escuchado con un gran interés y termino las mías haciéndoles llegar un afectuoso mensaje de Su Majestad el Rey con el convencimiento de que seguirán ustedes trabajando con la misma dedicación, honestidad y entusiasmo con los que han venido hasta ahora desarrollando su labor.

Muchas gracias.

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