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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega del Premio Cervantes a Álvaro Mutis

Madrid(Alcalá de Henares), 23.04.2002

L

a entrega del Premio Cervantes nos reúne una vez más para celebrar a los cultivadores egregios de la lengua castellana. Este año venimos aquí para expresar nuestro reconocimiento a Álvaro Mutis por la trayectoria singular con que la ha vivido e interpretado. Sean, pues, mis primeras palabras de cordial felicitación por esta distinción, por tantos conceptos merecida.

La literatura, y el arte en general, no son sólo fuente de placer y de emociones; son también fuente de conocimiento. Las grandes obras de ficción de la historia literaria, aunque sean hijas de la imaginación y la fantasía, están conectadas íntimamente con la realidad, de la que descubren parcelas hasta entonces ignoradas, territorios en los que nos vemos obligados a mirar, a menudo con ojos nuevos, un paisaje moral o emocional que desconocíamos.

Para Álvaro Mutis, El Quijote es, de entre todas esas obras maestras que ensanchan nuestra capacidad de percepción, y nos proporcionan un conocimiento más intenso del mundo, la que le ha acompañado con mayor fidelidad en su ejemplar itinerario. Miguel de Cervantes, según palabras del propio Mutis, ha sido para él un compañero inseparable, un interlocutor siempre pronto a responderle con su voz sabia y resignada, repleta de consoladora fraternidad.

Y es que nadie quizá tan generoso como Álvaro Mutis a la hora de reconocer el magisterio de otros escritores, la influencia que éstos han ejercido sobre su persona y su obra. Él ha querido siempre compartir con los demás el deleite que le ha proporcionado su experiencia de lector, y lo ha hecho con un contagioso entusiasmo del que sólo son capaces las almas más grandes y más nobles.

Antonio Machado, de quien siempre lleva un libro, es otro de sus fieles compañeros. Como lo es también San Juan de la Cruz, el poeta por excelencia para Mutis, y Galdós, Pessoa, Neruda, Álvaro Cunqueiro, Octavio Paz o Gabriel García Márquez.

Todos esos nombres nos certifican su amplitud de miras, y su consideración de la literatura como un hecho plural, como plurales son, al fin y al cabo, los hombres y sus visiones. Mutis ha rendido un constante homenaje, a lo largo de su obra, a la riqueza y pluralidad de la creación humana. Y por eso no sólo la literatura, sino también la pintura y la música, los pintores y los compositores tienen una presencia destacada en la poesía de Mutis, y son, podemos decir, como invitados permanentes de su obra.

Hay en la obra de Álvaro Mutis un asiduo reconocimiento de la labor civilizadora de la cultura. Este reconocimiento se hace explícito en sus muchos poemas de tema histórico; para Mutis, buscar al hombre en la Historia es como buscarlo en el presente, porque todo lo que alguna vez fue sigue viviendo para el poeta, que es capaz de sentir de esa forma el dolor y las esperanzas de los hombres pasados, de los actuales y de los que vendrán.

Dirigirse a la Historia es interrogarla sobre las verdades permanentes del hombre, sobre sus avances morales y sobre sus fracasos. Mutis es un humanista convencido y siempre está dispuesto, como el más esforzado de los caballeros, a romper una lanza por la dignidad y la libertad de los hombres, conquistas siempre frágiles, que es preciso defender frente a la sinrazón, la violencia y la ausencia de valores.

Su obra está hecha de la misma materia que las de esos clásicos a los que él tanto debe y tanto admira. Los asuntos de sus libros y los espacios por los que transitan sus criaturas son atemporales y, al mismo tiempo, remiten a vidas concretas. En sus poemas y novelas se adivina lo común que comparten los hombres y, a la vez, las diferencias que hacen de cada persona un individuo único.

Maqroll el gaviero, su genial creación, arrastrado de un sitio a otro del ancho mundo por el ímpetu de su destino, tiene reservado un lugar de privilegio en el imaginario de las generaciones presentes y futuras. Construir un personaje de esas dimensiones, un personaje tan impregnado de existencia real, sólo está al alcance de unos pocos elegidos.

Álvaro Mutis es uno de ellos.

Mutis, en todo lo que escribe, demuestra poseer una curiosidad voraz y desbordada, contagiosa, que lleva al lector a mirar en las múltiples direcciones que él propone y a participar de su enorme riqueza de perspectivas.

El extraordinario escritor y gran amigo de Álvaro Mutis que es el también colombiano Gabriel García Márquez, ha hablado, refiriéndose a la poesía de su compatriota, de "hermosura quimérica" y de "desolación interminable" .

Profundas y exactas palabras, que nos hablan de la poderosa impresión que causan en el lector los poemas de Álvaro Mutis, su mirada, de una extraordinaria limpieza, que no juzga, que no condena; a veces desolada; otras, melancólica, y siempre, y sobre todo, piadosa; capaz de descubrirnos los abismos de la vida y, al tiempo, hacernos amar con intensidad esa misma vida.

Mutis es un ejemplo de valentía y libertad, de elección de un camino propio, de fe en el propio paso solitario.

En palabras suyas, Álvaro Mutis ha mantenido "una atención vigilante y sin tregua por España, transmitida de una generación a la siguiente como algo muy semejante a un rasgo familiar" .

Y es que España tiene en la obra de Mutis una presencia privilegiada. Comparece sobre todo en su poesía y, más concretamente, en algunos de sus últimos poemas, que nacen de las vivas impresiones que han producido en su espíritu los encuentros con las ciudades y las tierras españolas. Quizá sea Álvaro Mutis uno de los poetas que ha hablado de España, de su historia y de su cultura, con un amor más hondo, libre de tópicos y prejuicios.

Para Álvaro Mutis, por fin, el destino, y no el azar, tiene una presencia determinante en la vida de los hombres, aunque no sea siempre evidente. Y el destino, que, según él mismo ha escrito, se mueve en espiral, cierra hoy uno de sus círculos: porque hoy une su nombre al del escritor que más lo ha acompañado en todos los momentos de su riquísimo itinerario vital: al de don Miguel de Cervantes.

Enhorabuena por su talento y su pasión, que tanto nos enseñan, y por su amistad sincera, que nos estimula y nos conforta.

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