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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto conmemorativo del XXV aniversario de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales

Madrid, 28.11.2002

Q

uiero ante todo expresaros mi satisfacción al encontrarme hoy con vosotros, y mi sincera felicitación a cuantos han hecho posible, con su esfuerzo y compromiso, los veinticinco años de vida de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales.

Hemos vivido un cuarto de siglo muy provechoso para el crecimiento y el progreso de España y los españoles. Todos nos sentimos orgullosos de haber sido actores, cada uno en su sitio y conforme a sus fuerzas, de esta obra de renovación. Vosotros habéis tenido en este proceso un papel importante, que habéis cumplido con seriedad y brillantez.

El cambio que se ha producido en el ámbito de la economía y de la empresa en las últimas décadas ha sido sustancial. Somos miembros acreditados de la Unión Europea, hemos alcanzado un grado notable de modernización, afrontamos con rigor el reto de las tecnologías, hemos afianzado la internacionalización de nuestra economía e incrementado su competitividad.

La situación que hoy disfrutamos es el resultado de un empeño colectivo. La hemos logrado porque en su día fuimos capaces de superar un modelo caducado y de forjar un nuevo sistema de relaciones económicas y sociales.

En este planteamiento, la CEOE tuvo dos aciertos esenciales. El primero, el de su propia organización como interlocutor válido y fiable desde la perspectiva empresarial. Una decisión meditada y bien articulada, viable, con vocación de continuidad y eficacia.

Un ejemplo, en suma, de realismo, de aquella utilidad que desde hace dos siglos venían reclamando los mejores españoles como signo de modernidad y oportunidad.

El segundo acierto ha sido el de pronunciarse por la consolidación de unas relaciones laborales basadas en la concordia, a través de la negociación y el acuerdo, y relegando al olvido los endémicos conflictos y arrogancias que tanto han perjudicado a nuestra convivencia en el pasado.

Negociar lo negociable, sin traspasar nunca los límites previstos en las normas ni los que exige el buen juicio; buscar la coincidencia en los intereses comunes, en vez del conflicto nacido de la sinrazón de querer imponer por fuerza los propios, son los síntomas por excelencia de la madurez, y de un positivo y merecido protagonismo social.

Así lo demuestra el resultado de esta actitud que más directamente os afecta: la recuperación de la figura del empresario, la revalorización de la función empresarial como generadora de riqueza y empleo, en justo reconocimiento a su decidida cooperación en el desarrollo económico y la armonía social.

Al cabo de estos veinticinco años, podéis sentiros satisfechos. La actividad de las empresas españolas, de los miembros de vuestra Confederación, ha contribuido a configurar una España más cohesionada social y geográficamente, en la que el objetivo último, el bienestar y el futuro de nuestros conciudadanos, es cada vez más cercano y accesible, y el reparto de los beneficios de nuestro sistema productivo alcanza a un número cada vez mayor de españoles.

Os animo a continuar por este camino, y a seguir dando lo mejor de vosotros ante los importantes desafíos que España afronta como nación, y en el contexto de la Unión Europea y de sus compromisos internacionales. Sabéis que en ese empeño podéis seguir contando con el aliento y el estímulo de la Corona.

Muchas gracias.

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