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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la entrega de los IX premios Príncipe Felipe a la Excelencia Empresarial

Madrid, 18.11.2004

H

ace once años que se me ofreció la posibilidad de ceder mi nombre para la creación de estos Premios que, a iniciativa del Gobierno, se instituyeron con el objetivo de prestigiar a aquellas empresas que destacasen especialmente como creadoras de riqueza y motores de desarrollo. Se definieron diversos Premios, pero todos con una característica común: la de reflejar la excelencia, la de representar lo mejor de nuestro tejido empresarial.

Unos Premios que hoy alcanzan su novena edición,  y que bien pueden considerarse como el más alto reconocimiento institucional a aquellas empresas españolas comprometidas con la mejora continua, la eficiencia y el éxito en su actividad. Y que también deben de servir de estímulo, tanto a los candidatos como al conjunto de nuestras empresas, para perseverar en el ejemplo de los Premiados.

Por eso, en cada edición me complace mucho venir, como hoy, a entregar estos símbolos que os honran por vuestro ejemplar trabajo pero a los que también honráis. Estos galardones llevan mi nombre y por eso me siento también yo especialmente honrado al verme vinculado a vuestro mérito y a vuestro éxito.

Pero permitidme decir que, este año, me agrada todavía más venir a esta cita, ya tradicional, al hacerlo acompañado por la Princesa de Asturias en la que tenéis también una valedora más en la labor de promoción de la Empresa española en el mundo.

En su nombre y en el mío felicito a las empresas que hoy reciben el merecido reconocimiento de todos y a cuyos representantes saludamos como excelentes, Son empresas que, como en ediciones anteriores, despiertan nuestra admiración por su capacidad de respuesta y de anticipación ante una realidad económica cada vez más mundializada y competitiva. Su iniciativa y empeño las han hecho acreedoras al merito que ahora, justamente, les reconocemos.

Los directivos y trabajadores de esas empresas lo saben, nosotros también, pero creo que es oportuno recordar que todas ellas, empresas grandes, medianas o pequeñas, cada una en su especialidad, contribuyen al desarrollo de España y a la prosperidad de todos los ciudadanos.

Además, constituyen el más alto exponente del objetivo prioritario del momento: la mejora de la competitividad y de los elementos en los que se materializa. Formación, innovación, calidad, tecnologías de la información, diseño, gestión medioambiental sostenible o búsqueda de nuevos mercados... 

Este argumento de la competitividad, por repetido y ampliamente compartido, no deja de ser menos vigente y trascendental para el futuro desarrollo y bienestar de nuestra sociedad.

La creciente globalización, la internacionalización de los mercados y los cambios demográficos y estructurales, que ya no son lineales sino exponenciales, plantean a las sociedades modernas, como la española, una serie de pruebas a superar para conseguir un desarrollo armonioso y equilibrado. La integración en entornos económicos altamente desarrollados y competitivos obliga a nuestro tejido empresarial a acometer constantes procesos de modernización en los más diversos ámbitos. Muchas de nuestras empresas están llevando a cabo importantes avances en el campo tecnológico, en el nivel de prestaciones de sus productos y servicios. Y también muchas de ellas, están logrando progresos en su actividad en los mercados internacionales, en la solidez profesional de su personal a todos los niveles, en la pericia con que comunican sus mensajes a los consumidores,  en la responsabilidad con que gestionan sus marcas o en la calidad de la oferta turística que ofrecen. Transmiten  así la imagen de una España moderna y en constante transformación.

Todos estamos inmersos en este proceso: las instituciones públicas, los empresarios, los trabajadores y los jóvenes que estudian o que intentan acceder al mundo laboral. Es el conjunto de la sociedad española el que, de una u otra manera, se enfrenta a los cambios y tiene que ir adaptándose, día a día, a nuevas condiciones de mercado y de competencia. Es nuestra gente la que, para mantenernos en vanguardia, tiene que seguir aportando su capacidad y esfuerzo personal para que en conjunto nos sigamos sintiendo orgullosos de nuestro avance y de nuestro lugar en el mundo.

Mediante la participación y el diálogo social, tenemos que estudiar nuevas estrategias, nuevos repartos de responsabilidades, nuevas fórmulas de cooperación para mejorar en lo posible y en definitiva, para dar con las respuestas necesarias que nos lleven a  una sociedad más competitiva, pero que compita mejor; que lo haga encontrando maneras de ser más solidarias y más responsables.

Os animo a todos, en la parcela que a cada uno corresponda, a continuar trabajando para que los instrumentos y herramientas de competitividad no sean exclusivos de las empresas consideradas excepcionales, sino que estos conceptos vayan calando en todas las empresas, y especialmente en las de menor tamaño, hasta convertirse en práctica habitual, incorporándolos a su particular cultura corporativa.

Una cultura empresarial que entienda el éxito como la suma de muchos factores: imaginación, dinamismo, flexibilidad, trabajo en equipo, tecnología y capacidad comercial. Este es el camino prometedor por el que avanzan los hoy aquí premiados y nominados; camino que,  esperamos, recorran cada vez más empresas españolas.

Y termino estas palabras, manifestando nuestro reconocimiento, apoyo y afecto a todos, por vuestra contribución al progreso económico de la sociedad española y a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. Nuestra enhorabuena más cordial se dirige también a quienes hacen posible la continuidad de estos Premios, y a cuantos, con su ejemplar comportamiento empresarial, los dotan, de año en año, de tanto prestigio.

Muchas gracias a todos.

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