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Palabras de Su Majestad el Rey en la apertura del Curso Escolar 2006-2007

Asturias(Avilés), 11.09.2006

A

l presidir la inauguración de este Curso Escolar, la Reina y yo queremos subrayar la plena identificación y el compromiso permanente de la Corona con el mundo de la educación.Nos llena de satisfacción que la inauguración tenga lugar en Asturias, pues nos permite reiterar el apoyo, admiración y afecto de la Corona hacia el Principado, no sólo por el peso de su rico patrimonio histórico y cultural en el conjunto de España, sino también por la tenacidad y valía de sus gentes.Un cúmulo de virtudes que definen esta bella y laboriosa ciudad de Avilés y que explica su admirable capacidad de renovación.Desde 1976, año en el que la Reina y yo inauguramos el hermoso Parque público de Ferrera, esta ciudad ha experimentado grandes transformaciones en materia de urbanismo, transportes, comunicaciones y equipamientos culturales, además de un fuerte avance económico y empresarial.

Avilés se ha forjado así una identidad de ciudad dinámica, europea, plural y abierta, que nos llena de orgullo.Agradecemos muy sinceramente al Presidente del Principado, a las demás autoridades de la Comunidad Autónoma, al Alcalde, a la Corporación Municipal y a los habitantes de Avilés, el cariñoso recibimiento que nos han querido dispensar, al que correspondemos con la expresión de nuestro más profundo afecto, que hacemos extensivo a todos los asturianos.Gracias, asimismo, de corazón por la entrañable acogida que hemos recibido de las comunidades educativas del Centro Enrique Alonso y del Instituto Carreño Miranda, cuyas instalaciones acabamos de visitar.Hoy representáis a todas las comunidades educativas de los Colegios e Institutos de España, a cuantos comparten con vosotros los mismos afanes e ilusiones por la educación en cada una de nuestras Comunidades Autónomas.A todos hacemos llegar nuestro más cariñoso saludo.Con este Acto de inauguración del Curso Escolar queremos resaltar la importancia que la Corona otorga a la educación como elemento vertebrador de la sociedad, clave en la formación del alumno, en la adquisición de conocimientos y en la asunción de valores.De la educación necesitan los pueblos para poder progresar, y las personas para potenciar sus capacidades y alcanzar sus legítimas aspiraciones desde la debida responsabilidad social. Por ello, contribuye a superar la pobreza, la marginalidad y la exclusión social, así como a fomentar la conciencia de protección del medio ambiente o de conservación de la salud.Al igual que todas las familias españolas que tienen a sus hijos o nietos en centros escolares, la Reina y yo estamos convencidos de que la educación es una de las herramientas esenciales para hacer efectiva la igualdad de oportunidades entre los ciudadanos, y para asegurar que sigamos construyendo el futuro siempre mejor para España que todos deseamos.La escuela no sólo debe proporcionar a los alumnos conocimientos y orientación para superar los retos que plantea nuestro tiempo y para acceder al mundo del trabajo. También debe fomentar en ellos aquellas virtudes personales ligadas al esfuerzo y a la constancia, así como los valores y principios que consagra nuestra Constitución.Quisiera destacar que la escuela debe abrir horizontes al mundo entero. No podemos encerrarnos en nosotros mismos. Debemos alentar en nuestros jóvenes un mejor conocimiento de los problemas e ilusiones de los jóvenes de otras latitudes.Desde nuestra identidad como españoles, indisociable de nuestra dimensión europea, iberoamericana y mediterránea, la educación debe asumir cada vez más la realidad del mundo interdependiente en el que vivimos.En suma, la educación es el instrumento fundamental para poder afrontar con éxito los desafíos del siglo XXI y seguir promoviendo el desarrollo económico y social que sostiene el moderno Estado de bienestar.Quiero, en consecuencia, subrayar la insustituible labor que desempeña nuestro profesorado, sin cuya tarea diaria, no exenta de dificultades, sería impensable la acción educativa.De ahí el homenaje que hoy deseo rendir a los profesores, quienes con admirable esfuerzo, dedicación y sacrificio, se entregan a la educación y formación de nuestros jóvenes para hacer de ellos personas de bien, responsables, preparadas y comprometidas.

Les dirijo un mensaje de aliento para que sigan trabajando con entusiasmo, desde la profunda convicción de que la sociedad, al confiarles el mejor de sus tesoros, que son sus hijos, tiene contraída con ellos una impagable deuda de gratitud.La tarea educativa incumbe, también y de modo primordial, a las familias. La familia y la escuela deben caminar unidas para lograr los fines que la educación les tiene encomendados.Invito a los padres y madres, junto a toda la comunidad educativa española, a que se comprometan en esta preciada labor para asegurar la mejor formación de sus hijos y alumnos.Sabemos y valoramos en muy alto grado la abnegación que entraña para las familias el poder compaginar el cumplimiento de las obligaciones que nos impone la vida moderna, con la atención que requiere la educación de los hijos. Les animamos a no desfallecer en tan hermoso esfuerzo, que no sólo colma de enorme satisfacción personal, sino que siempre merece la más honda gratitud de nuestros hijos y del conjunto de la sociedad.Como ya he tenido ocasión de subrayar en otras ocasiones, la tarea educativa va más allá del ámbito familiar y académico. Por eso no sólo solicitamos a todas las Administraciones e instituciones, sino a los medios de comunicación y al conjunto de la sociedad, que contribuyan a apoyar con generosidad la mejor y más amplia educación de nuestros jóvenes.En palabras del gran maestro de la didáctica matemática y de quien fuera profesor mío, Don Pedro Puig Adam, la educación andldquo;debe cultivar, al mismo tiempo, el conocimiento de lo verdadero, la voluntad de lo bueno y la sensibilidad de lo belloandrdquo;. En suma, una apasionante tarea y una primordial responsabilidad que a todos nos incumbe.Con este espíritu, declaro inaugurado el Curso Escolar 2006-2007.Muchas gracias.

 

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