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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega del "Premio Europeo Carlos V" al Dr. Helmut Kohl y con motivo de la toma de posesión de los nuevos academicos

Caceres(Yuste), 20.06.2006

M

ucho nos complace a la Reina y a mí, poder atender de nuevo la invitación de la Academia Europea de Yuste para presidir este solemne Acto que, para nosotros, siempre reviste un significado  muy especial.

Desde este lugar tan evocador para la Historia de nuestro Continente, celebramos un año más esa ilusionante tarea, que a todos nos mueve, de construir  Europa como gran espacio común. Y lo hacemos bajo la advocación de la magna figura del Emperador Carlos Quinto, a quien Salvador de Madariaga llamó “el último de los herederos de Carlomagno”.

Hoy venimos a reconocer el mérito de quien dedicó sus mejores esfuerzos a encauzar las energías de la Europa de nuestros días. Me  refiero al ex–Canciller de la República Federal de Alemania, el Doctor Helmut Kohl, uno de los más destacados líderes de Europa en las últimas décadas del Siglo Veinte, quien acaba de recibir el Premio Europeo Carlos Quinto 2006.

Con este galardón distinguimos a un europeísta comprometido, a quien mucho debemos también como probado amigo de España.

Una distinción que nos complace entregarle en esta vieja y moderna Nación, clave en la forja de la identidad europea, que es España. Él mismo dijo a menudo que “Europa sin España estaría incompleta” (“Europa ohne Spanien ist wie ein Torso”).

Los pliegues más profundos de la Historia de España y lo más alto de nuestros ideales políticos han estado -desde sus orígenes- marcados por Europa. Por ello, como señaló asimismo Ortega y Gasset, “sólo mirada desde Europa es posible España”.

Cuando acaba de cumplirse el Vigésimo Aniversario de nuestra incorporación a la entonces Comunidad Europea, España sigue firmemente  comprometida con la obra de integración europea, que ha contado siempre con el más amplio respaldo del pueblo español.

Al  mismo  tiempo, Europa -sus valores y principios-  representa un factor decisivo en nuestra apertura, modernización y desarrollo como país que, en las últimas décadas, ha recobrado y fortalecido su posición en el mundo.

En esta España dinámica, recibimos hoy a Helmut Kohl y le felicitamos con afecto y reconocimiento, sin olvidar su importante aportación al desarrollo de la amistad hispano-alemana.

Con afecto, porque  -desde aquellos lejanos días en que se establecían los términos de nuestra adhesión a la Unión Europea- encontramos en Usted  al interlocutor leal y solidario de una Alemania, por la que el pueblo español alberga especial respeto y simpatía. Unos sentimientos enraizados en sólidos lazos históricos que, precisamente hoy desde Yuste,  no creo necesario subrayar.

También con reconocimiento, ante el firme empeño y amplia visión  -no  ajena a su formación y sensibilidad como historiador- demostrados por el Doctor Kohl en el vertiginoso proceso de integración que la Unión Europea ha vivido en el último cuarto de siglo.

Una contribución a lo largo de dieciséis años tan fructíferos para Europa como los comprendidos entre 1982 y 1998, que incluyeron no sólo la aprobación del Acta Única o del Tratado de Maastricht, sino también la reunificación de Alemania que -Helmut Kohl, bien sabe- fue acogida en España  con particular alegría.

Estos Premios Europeos Carlos V tienen el propósito de subrayar que en toda obra de gran envergadura histórica como la construcción europea, junto a Estados y ciudadanos,  también desempeñan un papel crucial  grandes personalidades. Y  ello, tanto más en Europa, pues los desvelos de sus principales mentores por estimular la integración y el entendimiento, resultan   indispensables para fortalecer todo el conjunto.

Hoy la Unión Europea se encuentra en una etapa compleja que requiere de nuestro renovado esfuerzo y atención. Un momento de reflexión que podrá germinar si Europa -más allá de sus innegables logros- sigue avanzando como espacio de paz, libertad, prosperidad y solidaridad.

Para que Europa sea una realidad política, social y económicamente cada vez más unida, debemos compartir y defender -entre todos- nuestros valores comunes, nuestros ideales europeos. Por ello, hoy los ciudadanos están llamados a participar en la Europa del Siglo Veintiuno, a materializar en nuevos avances concretos ese ideal europeo que nos caracteriza y nos une.

En nuestros días es necesario seguir reivindicando un lenguaje genuinamente europeo: el del compromiso en favor de la mayor unidad e integración, dentro de la armónica convivencia en la diversidad.

Ha recibido este Premio un  alemán tan europeo como  Helmut Kohl, quien -durante tantos años- contribuyó a fortalecer la dinámica de integración  de nuestro continente. Al reiterarle nuestra cordial felicitación, le  agradecemos asimismo sus amables y sentidas palabras.

También la Fundación Academia Europea de Yuste propugna el fortalecimiento de los valores europeos. Buena prueba de ello, son los nuevos Académicos que hoy toman posesión, y vienen a engrandecer la lista de  brillantes personalidades que la componen.

A todos ellos dedicamos nuestra felicitación más  sincera.

Al Doctor Valentín Fuster, uno de los más prestigiosos cardiólogos que, con su saber y dedicación, ha enriquecido y proyectado nuestro prestigio como españoles y como europeos en el mundo.

Al destacado pensador francés,  Edgar   Morin    quien -con gran maestría- ha ayudado de forma determinante a analizar la crisis interna de la persona como individuo sociológico, y a comprender mejor el complejo mundo de nuestros días.

A Antonio Tabucchi, uno de los más importantes escritores italianos contemporáneos, quien se ha revelado como  creador de un mundo único que creíamos reservado a los sueños.

A Maria Joao Pires, en este año de Mozart, como una de las más virtuosas y aclamadas pianistas de Portugal y de Europa entera, solicitada y aplaudida en todo el mundo por la calidad de su arte incomparable.

Y, finalmente, a Paul Preston, uno de los más renombrados hispanistas británicos, quien -con sus valiosos estudios y análisis-  ha logrado contribuir al más profundo conocimiento de la  realidad histórica de nuestro país.

Estoy convencido de que todos ellos, con sus valiosas aportaciones, fortalecerán la labor de la Academia Europea de Yuste cuyos trabajos, documentos y publicaciones merecen nuestro elogio.

Entre ellos, hoy quiero destacar la “Declaración sobre el futuro de Europa”, dada a conocer en el transcurso de este Acto, que reafirma nuestra confianza en la Europa del mañana.

Con esa confianza en el  futuro, que todos debemos generar y fomentar, concluyo mis palabras agradeciendo a todos su presencia en este Acto.

Muchas gracias.

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