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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la apertura del Año Jacobeo 2010, Jaca (Huesca)

Huesca(Jaca), 09.02.2010

G

racias de corazón por vuestro afectuoso recibimiento y amables palabras. Nos acoge esta tarde la noble arquitectura de la Catedral de Jaca. La sólida labra y la belleza austera de estos sillares trazan la primera Catedral románica de España. Más tarde podremos contemplar el esplendorúnico de las pinturas murales medievales, que alberga el Museo Diocesano.

Inmersos en esta síntesis severa y deslumbrante de fe, arte e historia, que la Peña Oroel parece anunciar desde su altura, la Princesa y yo nuevamente saludamos muy cordialmente a las autoridades e invitados que nos acompañan. Desde aquí dedicamos nuestra especial gratitud a los jaqueses, así como a todos los oscenses y aragoneses, por la hospitalidad que nos brindan hoy para celebrar este Acto en su antigua y hermosa tierra.

En efecto, Jaca, atalaya del Pirineo en la canal de Berdún y plaza fuerte del primer Conde de Aragón ya en el Siglo VIII, es también una de las grandes puertas del Camino de Santiago, abiertas siempre a todos.

Por ello, esta ciudad tan querida presenta uno de los marcos idóneos para celebrar el inicio del Año Jacobeo 2010. Doce meses en los que el Camino por antonomasia, refuerza el extraordinario papel que ha desempeñado a lo largo de su larga y rica historia.

En esta ruta maravillosa, confluyen en paz peregrinos y viajeros de todos los sectores, edades y opiniones. Cada uno de ellos puede percibir la fuerte personalidad de Aragón y de las demás Comunidades Autónomas que atraviesan, y que proyectan el influjo de España y de sus hombres y mujeres a los cinco continentes. Este itinerario intensifica, además, la universalidad de la cultura española, al tiempo que da vida a sobresalientes muestras de progreso, arte y civilización en tantos Estados europeos, en América, el Mediterráneo y también en Asia, principalmente a través de las Islas Filipinas.

El Camino de Santiago añade -como sello inconfundible y celebrado en todo el mundo- la inusitada articulación de hermosas y sabias creaciones de orden puramente local, con monumentos, ciudades y paisajes de renombre internacional. Una articulación que, como dije esta mañana, contribuyó a su reconocimiento como primer "Itinerario Cultural Europeo del Consejo de Europa" y "Patrimonio de la Humanidad".

Realmente, entre las grandes cualidades de esta Ruta se incluye la supervivencia amplia del trazado y de las arquitecturas originales, que componen un conjunto muy variado de valor incalculable. Por lo demás, el Camino se integra sin esfuerzo alguno con el medio ambiente y con obras renovadoras de arquitectos destacados, desde Gaudí hasta nuestros días. Hoy, como ayer, ingenio, imaginación y creatividad, logran hacer un tesoro de cada piedra, desde aquí hasta Finisterre.

El peregrino comprobará, por lo demás, que vendrán días en compañía, y también de silencio y sacrificio, incluso noches bajo el cielo raso; que llegarán también los panes compartidos y los descubrimientos. Es evidente que uno de los máximos atractivos de este gran itinerario se encuentra en su capacidad para ofrecer al caminante un tiempo de reflexión, de amistad o de sosiego.

Esta vía se hace así crisol, donde se funden el legado cultural que nos transmiten nuestros antecesores, la limpieza de una naturaleza compañera, la generosidad y la solidaridad que los demás nos ofrecen. En ningún otro lugar de Europa existe una ruta de peregrinaciones de tal continuidad en el tiempo y extensión el espacio.

El Camino de Santiago es, pues, un recorrido cultural, paisajístico, espiritual y humano, vivo y vigoroso, que debe mucho al esfuerzo coordinado de nuestras autoridades nacionales, autonómicas y municipales, civiles y religiosas. Cada una de ellas, mediante su actuación directa o a través de entidades como el Consejo Jacobeo, no sólo protege y conserva el Camino, sino que aporta nuevo impulso a su desarrollo y gestión.

En ese marco se integran las numerosas y excelentes actuaciones previstas en cada Comunidad Autónoma a lo largo de este Año Jacobeo. Por su parte, son cada día más las organizaciones que promueve la sociedad misma en España y más allá de nuestras fronteras, aportando sus apoyos e iniciativas en favor de esta vía y de su mejor conocimiento, tanto entre los españoles como entre nuestros visitantes extranjeros.

Como ya he recordado, en 2004 tuve el honor de entregar el Premio Príncipe de Asturias al Camino de Santiago. Hoy, como entonces, quiero destacar que "seguir atesorando este Camino de diálogo y de conocimiento inagotables, es un maravilloso regalo de la Historia, para España y para los ciudadanos de todo el mundo".

En nombre de la Princesa y en el mío os reitero mi gratitud por la eficaz y cuidada contribución de cada uno al mejor desarrollo del Año Jacobeo. Vuestros afanes merecen el agradecimiento y la mejor respuesta de toda España.

Enhorabuena de nuevo y muchas gracias.

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