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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de entrega de Despachos a la 58 Promoción de la Carrera Judicial

Barcelona, 09.07.2008

M

ucho agradezco las cálidas palabras del Presidente del Consejo General del Poder Judicial, así como el amable recibimiento de las destacadas autoridades que nos acompañan, y de los nuevos Jueces de España, junto a sus familiares y amigos.

Vaya asimismo por delante, mi más cordial saludo a los representantes de la judicatura iberoamericana que asisten a esta ceremonia.

Hoy en esta espléndida ciudad de Barcelona, vosotros, los queridos alumnos de la 58 promoción de la Carrera Judicial, hacéis realidad uno de los mayores sueños de vuestras vidas: servir a la Justicia como Jueces.

Abrís así una nueva etapa, que afrontáis cargados de esperanzas.

En este Acto se materializa vuestra vocación profesional de servicio a la Judicatura. Por eso, lo vivís con una especial ilusión que salta a la vista, y que todos tenemos la satisfacción de compartir.

La alegría de esta ceremonia nos recuerda, al mismo tiempo, lo que ya quedó atrás: el intenso y duro esfuerzo diario, volcado en el estudio año tras año, unido a la soledad del opositor.

Una soledad compensada por el cálido y constante apoyo de vuestras familias, esencial para que hoy podamos celebrar con vosotros este Acto. Aunque ellos no busquen protagonismo alguno, lo cierto es que también celebramos su día de éxito.

Iniciáis vuestra prometedora carrera como Jueces, con el debido bagaje de conocimientos, para ser ejemplares servidores del Estado.

Habéis demostrado, en primer lugar, vuestro conocimiento del Derecho, imprescindible para desempeñar vuestro papel, ya que la Constitución ordena que actuéis sujetos con exclusividad al imperio de la Ley.

Acumuláis un importante saber en esa dirección. Tenéis la oposición muy reciente y los conocimientos completamente frescos.

Pero vuestra formación científica no termina aquí. Un Juez, como todos los profesionales que asumen responsabilidades de peso, nunca acaba de formarse por completo. Además, el Derecho cambia cada día y la dogmática que lo trata, se desarrolla sin cesar.

Ese esfuerzo de estudio y formación constantes son una importante obligación, que habéis adquirido ante nuestra sociedad.

Una sociedad que deposita en vosotros la gran responsabilidad de administrar justicia en un entorno social evolutivo y en el que las relaciones sociales son frecuentemente complejas.

En segundo lugar, y sobre la base de ese sólido conocimiento jurídico, vuestra formación ha incluido las enseñanzas necesarias para ser Jueces, buenos Jueces.

Sin duda, el aprendizaje de la función judicial ha sido fecundo. Se os ha enseñado a decidir, que es la función cotidiana del Juez. Pero, sobre todo, se os ha enseñado a tomar decisiones pacificando los conflictos.

Decidir impartiendo paz social es una tarea mucho más compleja que aplicar la norma con automatismo, pues requiere de vuestra prudencia, sensibilidad, y de vuestro espíritu permanente de entrega y de servicio.

Ahora bien, la justicia final de vuestras decisiones dependerá, con carácter prioritario, de su firme sumisión a la legalidad. La Ley es, por lo tanto, vuestra principal herramienta de trabajo.

Y la sujeción a la Ley es, al mismo tiempo, garantía de vuestra independencia.

Vuestra capacidad de pacificación de las controversias y litigios dependerá también, por ello, de que los ciudadanos perciban con toda claridad que vuestras decisiones expresan la voluntad de la norma.

Por ello, el profundo conocimiento del Derecho es vuestra primera obligación profesional.

Pero quiero subrayar que vuestro aprendizaje como Jueces es, asimismo, mérito de la Escuela Judicial que os ha proporcionado un intenso y fecundo periodo de enseñanza, para prepararos, gradualmente, en tan compleja y delicada profesión.

Habéis tenido la fortuna de formaros en la Escuela Judicial de Barcelona, acreditada como una de las mejores del mundo, por el nivel extraordinario de su personal docente y por el apoyo insustituible de su personal auxiliar.

Al visitarla, hace poco más de un año, y saludar a los compañeros de la promoción anterior a la vuestra, pude confirmar el alto nivel académico y profesional de esta gran Escuela, unido a la belleza y funcionalidad de sus modernas instalaciones.

En ella, habéis logrado adquirir la necesaria competencia y calidad profesionales.

Durante el periodo transcurrido en sus aulas os habéis beneficiado, además, de una fructífera estancia en esta gran y muy dinámica ciudad de Barcelona.

Estoy seguro de que el transcurso del tiempo os permitirá recordar, con especial afecto y gratitud, vuestro periodo de formación en la Ciudad Condal.

Aquí habéis tejido, un conjunto de relaciones y amistades con vuestros profesores y compañeros.

Los amigos de la escuela, los amigos de la promoción, serán un importante apoyo y compañía en vuestra Carrera, que deseamos larga y fructífera.

Celebramos vuestro ingreso en la Carrera Judicial con la alegría y solemnidad de los grandes momentos, ya que desde hoy la sociedad española cuenta con una nueva y brillante promoción de Jueces, entregada al servicio de España y de los españoles.

Queridos Jueces de la 58 promoción, queridas familias de los nuevos Jueces, os doy de corazón mi más cordial enhorabuena, con mis mejores deseos de éxito.

Muchas gracias.

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