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Palabras de Su Majestad el Rey en la clausura de la Conferencia Internacional del Club de Roma

Madrid, 25.09.2007

A

ntes de comenzar mis palabras quiero reiterar de todo corazón mi profundo sentimiento de pesar, y el de toda mi Familia, ante el fallecimiento ayer en acto de servicio en Afganistán de dos de nuestros soldados, junto a un intérprete afgano, y manifestar todo mi respaldo, afecto y solidaridad a sus familias, compañeros y amigos, además de mis mejores deseos de restablecimiento a los heridos.

También deseo expresar, con este motivo, mi pleno apoyo, gratitud y reconocimiento a los miembros de las Fuerzas Armadas que España tiene en el exterior.

Hoy vengo con mucho gusto a presidir la clausura de esta Conferencia Anual, que se celebra por primera vez en España, y en la que se han continuado impulsando los debates y propuestas en torno a las ideas que promovieron la misma creación del Club de Roma.

Desde entonces, y muy especialmente desde que tuve ocasión de conocer a su fundador, Aurelio Peccei, y a sus sucesivos Presidentes, he seguido con atención sus numerosas iniciativas y he recibido con interés los numerosos y prestigiosos ?Informes al Club de Roma? .

Unos informes que nos han ido alertando sobre los problemas globales e interdependientes que, a medio o largo plazo, a todos nos atañen. Nos han orientado, además, sobre las propuestas más plausibles para encararlos con solidaridad, justicia y en libertad.

Gracias a ello, durante las ya casi cuatro décadas transcurridas desde su creación en 1968, se han ido abriendo paso muchas de las ideas, inquietudes y posibles actuaciones sobre las que el Club de Roma ha venido llamando la atención, con análisis, metodologías y propuestas características de esta ?no organización?, como gustaba definirla a Aurelio Peccei.

Tanto la Reina como el Príncipe de Asturias, han tenido asimismo el honor de presidir algunas de sus Conferencias y de ser testigos directos de cómo se ampliaban y profundizaban los problemas a abordar.

También de cómo se sugerían nuevas soluciones ante los problemas previamente formulados, empezando por los planteados en el conocido Informe sobre ?Los límites del crecimiento?.

Todo ello, para llegar en nuestros días a poner el énfasis en los retos y oportunidades de un Desarrollo Humano al alcance de todos, en el que la calidad de la vida y el legado a las futuras generaciones deberían guiar nuestras principales acciones y mejores esperanzas.

En las últimas décadas, el desarrollo científico y tecnológico ha sido espectacular.

Sin embargo, los logros de la Humanidad no han servido para erradicar la guerra, la pobreza y la exclusión. No nos han impregnado aún de la voluntad y del compromiso necesarios, ni nos han facilitado los medios y procedimientos adecuados, para asegurar un desarrollo armónico que preserve la Naturaleza.

Tampoco hemos sabido dotarnos de óptimos sistemas de enseñanza capaces de hacernos ?aprender a aprender continuadamente?, además de generar, en todos y en cada uno de nosotros, los valores y principios en que debe fundamentarse el anhelado desarrollo humano.

Desde su creación, el Club de Roma ha propiciado el análisis de las realidades cotidianas desde una triple perspectiva: las interdependencias de los factores que las configuran; las expectativas a largo plazo; y los horizontes de un mundo en el que conviven los más espectaculares avances tecnológicos, con la persistencia del hambre y del desprecio a la dignidad humana en muchas latitudes.

Encarar unas realidades crecientemente complejas partiendo de esas premisas, nos obliga a acercarnos a ellas con el ánimo de analizarlas sin prejuicios y, sobre todo, con el rigor de los que conocen cada una de sus facetas, para seguir avanzando mediante el debate de las diferentes explicaciones y, sobre todo, en la búsqueda de nuevas soluciones.

Y es en esa actividad del diálogo sereno y abierto, propicio a perfilar nuevos saberes y expectativas, donde mejor cabe reconocer la misión que, desde el Club de Roma, os habéis propuesto.

Una labor que no trata de suplir la tarea de los especialistas e investigadores, ni sentar cátedra a seguir por quienes tienen que decidir.

Las conclusiones de esta Conferencia Internacional del Club de Roma insisten, en definitiva, en recordarnos nuestro compromiso ineludible con un mundo mejor y para todos.

Nos exigen perfilar objetivos generales en unas economías y sociedades cada vez más globales, en las que la salud, la educación, el empleo, la no discriminación y la calidad de vida sean realidades al alcance de todos y en todas partes.

Unos objetivos a alcanzar en un mundo lleno de contrastes, con poblaciones que envejecen venturosamente gracias a los avances médicos, mientras que en otras la explosión demográfica no corre pareja al aumento de la esperanza de vida.

Contrastes que llevan, al mismo tiempo, a que se reclame que las personas no sean discriminadas en razón de sus condiciones personales, mientras se construyen sociedades fragmentadas, transidas de incomprensión y exclusiones, que alimentan la violencia.

Un mundo que, al mismo tiempo, nos ofrece nuevas oportunidades, con voluntad de construir sociedades mas participativas y en el que se percibe la voluntad generosa de muchas personas, instituciones, empresas y entidades de la sociedad civil, por afianzar el bienestar colectivo.

Por todo ello, me sumo a las inquietudes y debates a los que nos tenéis acostumbrados y de los que una vez más habéis dejado testimonio en estas jornadas.

Y lo hago desde la atención permanente que me merecen y con el agradecimiento por haberme nombrado, en su día y junto a la Reina, Miembro de Honor del Club de Roma.

Resulta evidente la importancia de esta institución en nuestras sociedades, tan pletóricas de información, pero tantas veces faltas del conocimiento y del esfuerzo conjunto para comprender lo que realmente está ocurriendo y asumir sus consecuencias.

Muchas gracias, por tanto, por vuestros análisis y planteamientos, por vuestra constante voluntad de anteponer, a la complejidad de los problemas, la confianza en los hombres y mujeres de buena voluntad, en sus conocimientos y afanes.

Gracias, sobre todo, por depositar vuestra confianza en las futuras generaciones, herederas de nuestros aciertos y errores, a la vez que protagonistas inexorables de sus propios destinos.

Vuestros mensajes de alerta, pero también de estímulo y esperanza, resultan esenciales para que ellos sean los verdaderos actores de los grandes cambios y necesarios avances que todos anhelamos en beneficio del futuro de la Humanidad y de la Naturaleza que nos sustenta.

Muchas gracias.

Declaro clausurada la Conferencia Anual del Club de Roma.

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