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Palabras de Su Majestad el Rey en la Cena de Gala ofrecida por Sus Altezas Reales los Grandes Duques de Luxemburgo

Luxemburgo(Palacio Gran Ducal), 16.04.2007

A

ltezas Reales,

Quiero agradeceros la calurosa bienvenida que nos habéis querido dispensar y las palabras llenas de afecto, hacia España y hacia nosotros, que acabáis de dirigirnos.

De este querido Luxemburgo la Reina y yo guardamos muchos recuerdos imborrables, como el de nuestro primer Viaje de Estado, en 1980, cuando pudimos disfrutar de la extraordinaria hospitalidad del Gran Duque Juan y la añorada Gran Duquesa Josefina-Carlota.

También recordamos con enorme satisfacción Vuestra visita a España en el año 2001, el primer Viaje de Estado de Vuestro reinado.

Fue aquella una significativa muestra de afecto personal y de las excelentes relaciones de amistad entre nuestros dos pueblos.

Unas relaciones, que tienen su raíz en un espacio, una historia y un legado comunes, y que hoy cobran una nueva dimensión, al haber podido aunar las energías de ambos Estados en el marco de la Unión Europea.

El Gran Ducado de Luxemburgo ha sido para los españoles un referente y un muy preciado apoyo en nuestro proceso de incorporación a las instituciones europeas.

Se ha convertido también en un claro exponente de los mejores logros del proceso de construcción europea, al que Vuestro país ha sabido aportar su entusiasmo ejemplar, espíritu creador y particular capacidad para impulsar el consenso.

Luxemburgo ha llegado a ser un modelo de buen hacer político y diplomático en el ámbito europeo, un socio relevante para España, con el que coincidimos en muchos planteamientos en materia institucional y sobre políticas comunes de la Unión Europea.

Un ejemplo de nuestra identidad de posiciones y nuestra cooperación, ha sido la iniciativa conjunta de los Gobiernos de Luxemburgo y de España en defensa de la sustancia y de los equilibrios que recoge el Tratado Constitucional, y en apoyo de una solución de consenso y de mayor voluntad de integración.

Con independencia de la solución final que pueda alcanzarse, hemos de apostar firmemente por la continuidad y mejora del proyecto europeo, que nació de la mano de insignes políticos, como Robert Schuman, vinculado tan íntimamente a esta tierra.

Hoy, más que nunca, hemos de afirmar que el mejor futuro para los europeos está en una Europa integrada, capaz de afrontar los retos cuya solución tiene que ser necesariamente europea.

Igualmente significativa es nuestra estrecha colaboración en la construcción del Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia, en torno al núcleo de lo acordado en la ciudad de Schengen hace ya más de veinte años.

Asimismo, atribuimos especial importancia a la dimensión social de la Unión, sin la que no estaría completa la Europa Política a la que aspiramos.

Además de nuestra cooperación en materia de seguridad internacional, en el marco de la Alianza Atlántica, compartimos una valoración semejante sobre el papel esencial que la diplomacia multilateral debe desempeñar en el mundo actual.

Un papel que resulta fundamental, tanto para afrontar aquellas amenazas que tienen un carácter global y que, como el terrorismo, afectan a la vida diaria de nuestros ciudadanos, como para acometer las tareas inexcusables de la lucha contra la pobreza o la prevención del cambio climático.

Luxemburgo y España aportan, así, muchos de sus mejores esfuerzos al sistema de Naciones Unidas.

En ese marco, destaca la generosa política luxemburguesa de ayuda oficial al desarrollo.

La Cooperación Internacional al Desarrollo es también una de las dimensiones esenciales de la política exterior de España. Atendiendo al espíritu de solidaridad que anima a los españoles, aspiramos a situar para 2008 nuestra Ayuda Oficial al Desarrollo en el 0,5 % de nuestro Producto Nacional Bruto.

Alteza Real,

En el plano bilateral, es motivo de particular orgullo, recordar que tantos españoles han contribuido con su esfuerzo y talento a la prosperidad de Vuestro país, integrados en la sociedad que generosamente les acogió, cuando tuvieron que dejar su tierra.

Hoy me alegra constatar el importante crecimiento que registran nuestras relaciones económicas, tanto en materia industrial, como financiera o empresarial.

Muestra de ello es el Seminario Económico-Financiero, que tendremos la satisfacción de poder inaugurar en el marco de esta Visita de Estado.

También crecen nuestros intercambios en el plano cultural, como lo demuestra la extraordinaria exposición organizada por el Museo Nacional de Historia y de Arte bajo el título ?Pierre-Ernest de Mansfeld, Príncipe del Renacimiento?, con préstamos del Patrimonio Nacional de España y del Museo del Prado, que cuenta con nuestro Alto Patronazgo conjunto.

Alteza Real,

Esta Visita de Estado nos brinda la oportunidad de sentar las bases de una cooperación aún más estrecha, para aprovechar el potencial que encierra nuestro entendimiento, en el plano bilateral y ante los retos globales que se plantean a nuestras sociedades.

Con este espíritu, levanto mi copa para brindar por la ventura personal de Vuestras Altezas Reales, por Vuestro cumpleaños, por la felicidad y bienestar del pueblo luxemburgués y por la estrecha amistad que une a Luxemburgo y a España en el seno de la gran familia europea.

Muchas gracias.

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