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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida por el Presidente de la República Portuguesa

Portugal(Lisboa), 11.09.2000

S

eñor Presidente,Señora de Sampaio,

Sean mis primeras palabras para expresaros, en nombre de la Reina y en el mío propio, nuestra más viva gratitud por  vuestra amable invitación para  realizar este nuestro tercer viaje de Estado a Portugal, en el marco de la ejemplar convivencia entre nuestros dos países; una convivencia que ha ido madurando a través de siglos y hoy constituye una realidad cuajada de logros y esperanzas.

Portugal está siempre presente en nuestros afectos más profundos, en la historia personal de tantos españoles, en la mía propia y en la de toda mi familia.

Además de los viajes de Estado, en el transcurso de los veinticinco años de mi reinado, que se cumplirán en breve, la Reina y yo hemos visitado Portugal en innumerables ocasiones. Siempre han sido para nosotros viajes llenos de la ilusión del reencuentro y se han visto enriquecidos, además, por el establecimiento de nuevas amistades.

Hoy nos hallamos de nuevo con ustedes, en nuestro tercer viaje de Estado. Estamos convencidos de que éste, al igual que los de 1978 y 1989, nos dejará un recuerdo imborrable y que tras él nos alentará la esperanza de haber contribuido a un mayor estrechamiento de nuestras relaciones.

Deseo manifestaros ante todo, Señor Presidente, mi agradecimiento más sincero por vuestras muy amables palabras cargadas de una amistad profunda hacia España y de un afecto personal a los que somos muy sensibles. Gracias asimismo por la manifestación de solidaridad que significa vuestra clara expresión de condena hacia la violencia terrorista, que los demócratas sabemos apreciar como pleno respaldo a nuestra más profunda fe en la convivencia democrática, en la libertad, y en los valores del Estado de Derecho que con tanto esfuerzo hemos logrado consolidar y que nos hacen grandes y fuertes frente a quienes han optado por la violencia como método deleznable de imposición de sus ideas a los demás.

Señor Presidente,

Guardo un muy grato recuerdo de nuestros más recientes encuentros: en Foz de Côa, donde tuve la satisfacción de asistir, invitado por Vuestra Excelencia, a la inauguración del Parque Arqueológico del Côa, reserva del patrimonio cultural mundial; y en la Expo'98 de Lisboa, cuyo éxito fue la mejor demostración de la modernidad de un gran país europeo, como es Portugal, y de sus más recientes realizaciones. Acontecimientos como la Expo'98 contribuyen eficazmente al mejor conocimiento mutuo de nuestros pueblos.

La mejor prueba de lo que acabo de afirmar fue la presencia de cerca de un millón de españoles en la Expo'98. Vinimos a esta cita para reconocer los valores de la cultura y la civilización portuguesas, raíces vigorosas del tronco europeo común. En ellas descolla, entre otros muchos, el brillante ejemplo de vuestros navegantes, que contribuyeron a abrir las puertas del mundo nuevo, al que Europa se asomaba cuando concluía la Edad Media.

Pero los españoles viajamos también a la Exposición de Lisboa, atraídos por la fuerza actual de Portugal, pues queríamos contemplar con vuestros compatriotas la contribución ininterrumpida de Portugal a la configuración de nuestro continente en esta nueva era de cambios, de apertura a la mundialización y avances científicos y técnicos, cuyo alcance nos recuerda el que lograron los descubrimientos renacentistas.

Señor Presidente,

Me es muy grato recordar que han sido también muchas las ocasiones en que hemos podido recibiros en tierra española. Recuerdo con especial cariño vuestra visita de Estado en 1996 y vuestro viaje el año pasado a Santiago de Compostela. Vuestra presencia entre nosotros, en España, es siempre la de un gran amigo, con quien sabemos que nos une la firme voluntad de seguir trabajando en favor de la apasionante tarea de ahondar nuestras relaciones bilaterales.

En 1979 se firmó en Guimarâes el Tratado  de Amistad y Cooperación entre nuestros dos Estados. Comprobamos con satisfacción que sus objetivos se han ido cumpliendo día a día y que hoy los contactos entre los Gobiernos de España y Portugal han alcanzado un altísimo nivel de entendimiento y cooperación. Fiel reflejo de esto son las Cumbres bilaterales, de las que ya se han celebrado dieciséis, con resultados que revelan la intensidad y los excelentes frutos del diálogo bilateral hispano-portugués.

Así lo ponen de relieve tantos relevantes logros: desde el constante aumento de las comunicaciones hasta acuerdos bilaterales de gran calado, como el Convenio para el Aprovechamiento de los Recursos Hídricos de las Cuencas Comunes, firmado con ocasión de la Cumbre de Albufeira en noviembre de 1998, que está ya en vigor.

Me llena de profunda satisfacción comprobar que nuestras relaciones bilaterales, en especial desde la adhesión de los dos países a las Comunidades Europeas en 1986, han experimentado un extraordinario y fructífero desarrollo, cuyos primeros beneficiarios han sido nuestros pueblos respectivos.

Hemos avanzado de forma sustancial y tenemos por delante  la gratificante tarea de proseguir para que los ciudadanos españoles y portugueses profundicen sus relaciones y aumenten su mutuo conocimiento, en la atmósfera de confianza creciente que las caracteriza.

En este objetivo nos hemos empeñado y continuaremos haciéndolo con los máximos esfuerzos. No me cabe ninguna duda de que Vuestra Excelencia me acompañará en ello con compartido entusiasmo.

Señor Presidente,

Portugal y España son dos viejas naciones, al tiempo que dos países modernos, con intereses propios y un gran horizonte común: la Unión Europea.  En nuestro afán por contribuir a la profundización de ese horizonte de integración comunitaria, hemos dado pruebas de un excelente trabajo, que no dudo sabremos seguir desarrollando, con la vista puesta en los intereses de Europa y de nuestros dos Estados, firmemente comprometidos con el futuro del continente al que pertenecemos.

España y Portugal han colaborado y colaboran intensamente en el quehacer comunitario, como lo pone de relieve el diálogo constructivo y permanente que los dos países mantenemos respecto al desarrollo de la Unión.

Portugal acaba de concluir recientemente su última Presidencia de la Unión Europea con éxitos y resultados reconocidos por los restantes socios de la Unión Europea.

La Presidencia portuguesa ha permitido dar un paso decisivo hacia una Europa más cohesionada, llamada a ampliarse pronto hacia el Centro y el Este. Una Europa más empeñada en resolver los problemas del empleo y más preparada, tanto para asumir sus responsabilidades internas y exteriores, como para aprovechar los logros de la sociedad tecnológica, en un mundo cada vez más globalizado.

No se esperaba menos de Portugal y de su conocida capacidad al afrontar los retos del semestre de su Presidencia; no podía ser de otra forma para un pueblo dotado de una evidente vocación universal, ya que, como Eduardo Lourenço dijo, "Portugal fue el único país que colocó en el centro de su bandera la esfera armilar: en suma, la representación del universo". Señor Presidente,

Esa vocación universal constituye la mejor base para que España y Portugal sigan trabajando, no sólo como socios comunitarios, sino también como países con una importante proyección atlántica y mediterránea, hacia objetivos compartidos.

La proyección atlántica se traduce ante todo en la apuesta común de nuestros dos Estados a favor del desarrollo de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, proyecto que compartimos desde 1990 y que constituye una meta esencial de nuestras políticas exteriores.

Vocación atlántica, también,  por la condición de miembros de la OTAN, organización de la que vuestro país es socio fundador y que ha demostrado su vitalidad y sentido de servicio a la seguridad en el continente. Defendemos los mismos objetivos, entre los que destacan la salvaguardia de los derechos inalienables de la persona, la voluntad expresa de hacer llegar a todos los beneficios del sistema democrático y nuestra oposición a todo tipo de totalitarismo.

Compartimos, asimismo, el compromiso de conseguir que el Mediterráneo se convierta definitivamente en un mar de paz, de concordia, de cooperación, de encuentro de culturas, diferentes y complementarias al mismo tiempo; de desarrollo y bienestar para todos los pueblos que habitan sus riberas. El proceso de Barcelona inició en 1995 este camino y hemos de empeñarnos en conseguir esos resultados. El Consejo Europeo de Santa María de Feira aprobó la Estrategia Mediterránea de la Unión, que sin duda constituirá un paso más y muy significativo, en nuestras relaciones con los vecinos mediterráneos.

Señor Presidente,

Con esta perspectiva del cumplimiento del deber y del compromiso ante la historia, Portugal asume firmemente la responsabilidad de una presencia internacional cada vez más activa.

Respecto a las operaciones de mantenimiento de la paz, quisiera destacar aquí, ante tan ilustres convidados, el ejemplo para todos de la participación de las Fuerzas Armadas portuguesas, ya sea en Bosnia  Herzegovina, en Kosovo o en Timor Oriental.

Su profundo y admirable sentido de la justicia y de la defensa de los derechos humanos ha hecho de Portugal un abanderado de la defensa de los anhelos del pueblo timorense. Portugal y la diplomacia portuguesa merecen el reconocimiento y el respeto de la comunidad internacional por su lucha, afortunadamente coronada por el éxito, a favor de la reparación histórica de los derechos del pueblo de Timor. La tarea no está, sin embargo, concluída y la comunidad internacional tiene ante sí el reto de ayudar a consolidar el futuro de bienestar que la historia debe al pueblo de Timor, tarea en la que vuestro país, como sabéis, cuenta con nuestro apoyo.

Señor Presidente,

Portugal llevó a cabo a partir del siglo XV hazañas de proyección universal, desde la apertura del camino de Oriente por el Atlántico Sur, al descubrimiento del Brasil, cuyo Quinto Centenario celebran este año Portugal, Brasil y, con ellos, toda Iberoamérica.

Mirando hacia el futuro de Europa, nos llena de confianza poder contar con la universalidad del alcance de las realizaciones portuguesas, caracterizadas por esa vitalidad que se manifiesta también en el presente: Oporto va a ser el próximo año Capital Europea de la Cultura. Estoy convencido de que, al igual que la Expo'98 de Lisboa, la capitalidad cultural será un punto de encuentro entre españoles y portugueses que permitirá avanzar y consolidar las relaciones entre dos pueblos europeos y peninsulares, tan ricos en herencias históricas de amplio alcance.

El interés de mis compatriotas, sin duda, será también notable ante el programa de actividades que Portugal llevar a cabo en Madrid a lo largo del mes de octubre próximo, bajo el título "Perfil de Portugal", planteado como decisiva contribución portuguesa al mejor conocimiento entre nuestras dos sociedades.

No deseo finalizar, Señor Presidente, sin poner de manifiesto, una vez más, mi admiración por Portugal, por su pueblo y por el papel significativo que Vuestra Excelencia desempeña en el marco de la vida política portuguesa.

Señor Presidente,Señora de Sampaio,Señoras y Señores,

Deseo alzar mi copa para transmitir a Portugal un mensaje de fraternidad de España y para desearos, Señor Presidente, a vuestra familia y a todo el pueblo portugués, nuestros mejores deseos de ventura y prosperidad.

Muchas gracias.

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