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Palabras de S.M. el Rey en la Cena de Gala ofrecida al Presidente de Finlandia

Palacio Real, 01.02.1999

S

eñor Presidente,Señora de Ahtisaari,

Nos honramos al daros la bienvenida a España y agradeceros, además, que hayáis tenido la atención de haceros acompañar por una importante representación del Gobierno, de la Administración y de la sociedad finlandesa.

La relación entre nuestros dos Estados se remonta a los inicios mismos de la independencia de Finlandia. Así, España, durante el reinado de mi abuelo el Rey Alfonso XIII, envió Embajadores a Helsinki ya en 1918.

 Recordamos con especial afecto nuestros encuentros con Finlandia desde 1975. Nuestra Visita de Estado en 1989 puso especialmente de relieve la maravillosa acogida que España y los españoles han recibido y reciben en vuestro  país.

Uno de los rasgos definitorios de la historia de Finlandia está constituido por su contribución en favor de la paz, mediante una muy firme acción política, que siempre hemos valorado en muy alto grado. En este ámbito coinciden algunos de sus más resonantes éxitos internacionales, como la firma del Acta de Helsinki, en 1975, origen de un proceso de distensión de alcance internacional.

Con ocasión del vigésimo aniversario de aquel gran acontecimiento, los cincuenta y tres países de la OSCE tuvimos oportunidad, el 1 de agosto de 1995 en Helsinki, de poner de relieve el buen hacer de Finlandia, tanto durante la inmediata posguerra mundial como a lo largo de los años subsiguientes.

En este tiempo transcurrido España y Finlandia hemos tomado parte activa en el profundo y alentador cambio por el que ha atravesado Europa, que, de constituir un ámbito de enfrentamiento -ideológico, social y cultural-, ha pasado a transformarse en un área de cooperación.

La caida del Muro de Berlín, la terminación de la "Guerra Fría" por medio de tantos esfuerzos que culminaron en los acontecimientos de 1989 y la práctica desaparición de regímenes autoritarios o dictatoriales, han transformado el Continente.

E incluso en la grave situación por la que atraviesan los Balcanes, constato con satisfacción el hecho de que la Fuerza de Estabilización en Bosnia cuente con la participación de Finlandia y de España, clara manifestación de voluntad por parte de ambos países, en favor de una paz que alcance a todos los pueblos del área.

En este contexto se incluye, Señor Presidente, el desarrollo de la Unión Europea, cuyos logros permanentes han venido contribuyendo de mil formas diversas a la evolución de los progresos que antes mencionaba.

España apoyó decididamente la adhesión de Finlandia a la Unión Europea en 1995, y se felicita hoy de su inclusión entre los Estados que participan en la Unión Económica y Monetaria desde el 1 de enero de 1999.

Este año, además, en el que se prevé la entrada en vigor del Tratado de Amsterdam, Finlandia presidirá por primera vez la Unión Europea.

Puedo asegurarle, Sr. Presidente, que su país contará siempre con España para el éxito de su Presidencia comunitaria, en un momento marcado no sólo por el cambio de siglo sino sobre todo por algo aún más importante: el desafío de una Unión Europea que quiere ampliarse al tiempo que consolida y profundiza sus fundamentos.

España cree firmemente en el proyecto de integración europea y por ello tiene la vocación de participar activamente en su desarrollo. La clave de nuestra visión no es otra que la constatación de un hecho innegable: necesitamos la unión solidaria de los Estados, incapaces por sí solos de dar respuestas eficaces en áreas esenciales para el bienestar y prosperidad de los ciudadanos.

España ha defendido siempre esta coherencia en términos de solidaridad con otros Estados y pueblos europeos: en lo económico, con las regiones más desfavorecidas dentro y fuera del espacio de integración europea; en la acción exterior y de seguridad, prestando asistencia donde la paz es aún un bien escaso; en la defensa de la seguridad de nuestros ciudadanos, colaborando activamente en el empeño común de un espacio de libertad, justicia y seguridad que debe constituir uno de los objetivos primordiales de la Europa del siglo XXI.

Afrontamos con optimismo las tareas que corresponde realizar en los próximos años y, entre ellas, la ampliación de la Unión, que para nosotros no es otra cosa que el reflejo fiel de ese ejercicio de solidaridad al que acabo de referirme. Tenemos la oportunidad y sobre todo la obligación de llevar a cabo esta ampliación con el mismo espíritu generoso y leal al proyecto de construcción europea que presidió nuestra adhesión en el año 1986.

Este será el reto de los próximos años. Junto a él, habrá otros que tienen para Finlandia una especial relevancia. Me refiero sobre todo a la futura relación de la Unión con sus vecinos, tanto del sur como  del este y norte de Europa.

La Europa ampliada debe ser un área que genere estabilidad y desarrollo en su entorno. A Finlandia y a España les une en cierto modo la geografía, pues nuestro carácter periférico nos hace, más que a otros, plenamente conscientes de la necesidad de establecer unos vínculos sólidos tanto con nuestros vecinos mediterráneos como  con Rusia.

En este contexto, cuajado de posibilidades para la relación entre nuestros dos países, España y Finlandia disponen de muy amplias áreas de entendimiento y de grandes posibilidades de colaboración, basada en la amistad y en el respeto mutuo.

En el campo de las relaciones bilaterales, podemos, Señor Presidente, reforzar nuestro entendimiento en el ámbito político; tenemos en nuestras manos la capacidad de alentar los intercambios comerciales -como prueba la nutrida representación de hombres de empresa que os acompañan en esta Visita; podemos subrayar que nuestras Fuerzas Armadas desean y poseen la capacidad de incrementar sus contactos; y contamos con medios abundantes para reforzar los encuentros entre ambas sociedades: la importancia de España como punto de destino en sus viajes al extranjero para una notable proporción de las mujeres y los hombres de Finlandia, constituye por sí misma un excelente fundamento a este respecto.

También en el marco internacional, Finlandia y España estamos contribuyendo a impulsar la construcción de la nueva Europa que ya se perfila en el horizonte; compartimos apoyos mutuos en espacios geográficos bien determinados, como son el Báltico, el Mediterráneo, América Central o el diálogo trilateral; y apoyamos el desarrollo de la actividad de Naciones Unidas como uno de los mejores instrumentos de paz y seguridad para los pueblos, en cuya promoción Finlandia ha sido siempre un magnífico ejemplo.

Tenemos, pues, grandes oportunidades de colaborar más estrechamente en favor de los dos Estados, de la Unión Europea en su conjunto y de una sociedad internacional más respetuosa de la dignidad de la persona y, por ello, más humana y más justa.

Espero que en un futuro próximo tantas posibilidades de trabajo en común, unidas a muchas otras que propondrá la ágil capacidad de iniciativa de nuestras dos naciones permita estrechar aún más, si cabe, la confianza con  que hoy cooperan España y Finlandia.

Señor Presidente,

Permítame proponer a todos los presentes un brindis por nuestra creciente relación con Finlandia, que siempre encontrará en España un Estado amigo y un socio leal, por la paz y prosperidad del pueblo finlandés y por la ventura personal de Vuestra Excelencia y de la Señora de Ahtisaari, que hoy nos hacen el gran honor de encontrarse entre nosotros.

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