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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la entrega del Premio Bartolomé de las Casas 2004

Madrid, 29.03.2005

P

ermítanme que inicie mis palabras expresando lo mucho que nos alegra a la Princesa y a mí estar de nuevo en esta Casa de América, en la que siempre nos sentimos muy a gusto y a la que regresamos siempre con satisfacción cuantos nos sentimos comprometidos con esa vocación, tan ilusionante para los españoles, como es el cultivo de los vínculos de hermandad y afecto que nos unen con todos los iberoamericanos.

En esta ocasión nos congregamos aquí para celebrar la entrega del Premio Bartolomé de las Casas, en su decimocuarta edición, en la que, al igual que en otras ocasiones, distinguimos con un solemne y público reconocimiento a personas o instituciones que han realizado una labor muy meritoria en defensa del entendimiento de los pueblos indígenas de Latinoamérica, y que a juicio del jurado destaquen especialmente para merecer el Premio. La labor y el esfuerzo de tantos que ellos representan constituyen un noble propósito con el que nos sentimos profundamente identificados.

Este galardón de año en año y desde hace trece, intenta situar el foco de atención sobre los problemas de aquellas comunidades que tratan de mantener viva la conciencia de su identidad, así como de sus tradiciones, ritos y leyendas, incluyendo el equilibrio ecológico de su entorno ambiental.

Un premio que nos recuerda también, anualmente, el valor universal de la vida y obra de Bartolomé de los Casas, un auténtico pionero que se adelantó a su tiempo. Su constante lucha por el respeto a las culturas indígenas y el repudio de la violencia, nos induce a concebir su trayectoria como un primigenio e ingente esfuerzo en favor de los derechos humanos.

Nos es muy grato compartir con todos ustedes, premiados e invitados, la entrega de este galardón que en la presente edición ha sido concedido "ex aequo". Y quiero dedicar estas palabras, ante todo, a recordar el trabajo y los méritos de los protagonistas de hoy.

Comenzaré con Luis Manuel Escobar - más conocido como Ticio Escobar -, quien ha dedicado gran parte de su vida a la promoción y preservación de los aspectos culturales de la identidad indígena. Ticio Escobar recibe el Premio por su trabajo en favor de los derechos creativos y artísticos de los pueblos indígenas de Paraguay.

Es justo admitir la modernidad y originalidad de su enfoque: el reconocimiento de los derechos culturales de los indígenas y su presencia creativa suponen un avance esencial para entender la realidad cultural y política de nuestra Comunidad Iberoamericana, abierta y orgullosa de su enriquecedor carácter intercultural.

En su doble condición de crítico de arte y de promotor cultural, ha desarrollado una importantísima labor, tanto teórica como práctica, en la que sobresale, quizás, su tarea al frente del Museo de Arte Indígena de Asunción.

Prueba de su dedicación a la preservación, promoción y difusión de las expresiones artísticas de los distintos pueblos, Ticio Escobar ha sabido trabajar en estrecha colaboración con los diversos grupos indígenas para recopilar las más de dos mil piezas que componen dicho Museo y para impregnarlo con su concepción integradora, más allá de la mera tarea divulgativa. Igualmente importante es la producción de un corpus teórico que defiende el estatuto artístico de las producciones indígenas.

En su valoración de lo cultural, hay sin duda coincidencias entre Ticio Escobar y el destinatario del segundo galardón compartido de hoy. Me refiero a ADESCA, la asociación guatemalteca que tiene entre sus objetivos el apoyo a la creación artística y cultural, así como a la descentralización, conservación y difusión del patrimonio intelectual. El Jurado ha querido resaltar, de igual modo, la acción de ADESCA en favor de una mejor vertebración social de las comunidades indígenas y, en especial, su reconocimiento al trabajo de las mujeres.

ADESCA nació al socaire de los compromisos adquiridos en los acuerdos de paz en Guatemala. Es una asociación comprometida con el derecho a la cultura como elemento imprescindible para la construcción de la paz y el desarrollo de las nuevas generaciones. Entre sus señas de identidad, destaca su aspiración por construir sociedades más fuertes a través de una atención específica a niños, jóvenes y mujeres, y su vocación por impulsar la participación ciudadana como herramienta de fortalecimiento democrático.

Por otro lado, este año el Jurado ha querido distinguir con una mención honorífica a D. Rodolfo Stavenhagen, Relator Especial de las Naciones Unidas, por toda una vida de labor dedicada a la defensa de la identidad indígena desde sus altas responsabilidades internacionales. No queremos, por ello, dejar de enviarle desde aquí nuestra felicitación y más cordial saludo.

Antes de concluir, deseo dirigir nuestra más afectuosa enhorabuena a Ticio Escobar y a ADESCA, aquí representada por un nutrido grupo de personas a quienes ha querido respaldar con su presencia el Viceministro de Cultura de Guatemala.

Expresamos a los galardonados nuestro reconocimiento, admiración y mayor afecto por el fecundo camino que, con tanto esfuerzo, han sabido emprender y desarrollar. Su obra constituye una aportación valiosa en la senda de la convivencia, la cohesión social y el desarrollo solidario de ese gran proyecto que la Comunidad Iberoamericana de Naciones representa para todos nosotros.

Muchas gracias.

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