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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de entrega del premio al Pueblo Ejemplar Asturias 1996

Nava, 09.11.1996

L

​a entrega del Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias constituye cada año uno de los momentos más emotivos y felices de mi viaje otoñal a esta querida tierra.

Vengo a Nava para entregaros con ilusión la recompensa que habéis merecido, y a compartir vuestra alegría, conocer vuestros problemas e inquietudes, con la esperanza de un mañana de trabajo y concordia en libertad.

En una época de agitación y convulsiones en el mundo, es un motivo de dicha y felicidad hallar un lugar como esta villa, donde la sombra de un castaño, el murmullo de un arroyo, la neblina matinal y el suave color de las manzanas acompañan tantas veces vuestras vidas.

Vivís en el corazón de Asturias, en el centro hermoso y fructífero del Principado, en un privilegiado emplazamiento rodeado por una fértil pradería y al aire suave de las cercanas cumbres, representadas por la Peña Mayor, luz y vigía de esta villa.

La comunidad vecinal de Nava, todos vosotros, podéis y debéis sentiros orgullosos del patrimonio cultural y espiritual que vuestros mayores os han legado, y de la apasionada defensa y conservación que hacéis de él, superando en ocasiones, con generosidad y en aras del bien común, diferencias de criterio y maneras diversas de ver y entender la vida.

No hay meta imposible si se respetan y se sienten hondamente estos valores, como sin duda tuvo en cuenta el Jurado que os concedió el premio al Pueblo Ejemplar de Asturias, a cuyos miembros expreso mi sincero agradecimiento por su difícil trabajo.

Desde aquí en Nava quiero tener un recuerdo, también lleno de gratitud, para aquellos que cada año presentan sus candidaturas con la esperanza de obtener este galardón. Comunidades, villas y aldeas del Principado que se esfuerzan, con admirable entrega y dedicación, para conseguir día a día una tierra más digna y habitable. Ellos merecen nuestra admiración y cariño, y yo les animo a seguir esa noble tarea que busca lo mejor para sus pueblos.

Hablar de Nava es, en buena medida, hablar de la sidra, uno de los principales símbolos de Asturias y ejemplo perfecto de cómo la constancia, el cuidado y el amor a lo que se hace influyen de manera decisiva en la calidad del resultado obtenido.

El proceso de maduración de la sidra nos brinda una importante enseñanza, pues, también como ella, las mujeres y los hombres, para alcanzar su plenitud, necesitan cultivarse, profundizar y extender su educación, formarse y madurar para llegar a ser verdaderamente útiles a la sociedad.

Como bien sabéis, la sidra es quizá la única bebida del mundo que se resiste a ser consumida en soledad. Exige la camaradería del grupo reunido en torno a una mesa o en pie. La confraternización es tal que se comparte incluso el vaso, igualando así a todos y abriendo el mejor cauce a la comunicación amistosa, a la charla alegre, a la canción, al diálogo franco.

Ello influye felizmente en vuestra forma de ser, y en la admirable cordialidad con que acogéis a las personas que visitan cada día en mayor número nuestro paraíso natural, nuestro Principado, fortaleciendo así lo que ya es una nueva riqueza para Asturias, el turismo.

Nava alberga lo más íntimo de la esencia asturiana, la dulce sangre de las manzanas que transmite los sabores de la lucha, el sacrificio y la solidaridad. Sólo vuestra sabiduría centenaria es capaz de convencer a la tierra, cosecha tras cosecha, previo pago de mucho sudor, y en ocasiones lágrimas, de que entregue como fruto sus joyas más preciadas para disfrute de todos.

Nava representa la perfecta imagen de la Asturias valiente y sosegada, que planta en el presente las semillas del futuro. De un próspero futuro que estoy convencido que será más feliz gracias a vuestro emprendedor carácter, que se manifiesta cada vez con más eficaces iniciativas en la industria de la sidra por el esfuerzo de sus productores y de los cosecheros de manzana.

Sé que en este pueblo ejemplar hay aún familias afectadas por el desgarro de la emigración, pues hace no muchos años, vecinos de Nava, como de tantos otros lugares del Principado, se vieron obligados a emprender la difícil aventura de dejar el solar querido para buscar trabajo en lejanos países. Unos emigrantes que sienten —como escribió Alejandro Casona— el orgullo y la emoción inmensa de pertenecer a una “tierrina” que, siendo tan pequeña, es en los mapas del espíritu tan ancha y tan profunda. Quiero tener para ellos, y para todos los españoles que viven fuera de España, el más emocionado recuerdo.

Asturias es una región cuyo desarrollo se ha basado en la entrega incansable de trabajadores y empresarios, en la capacidad creadora de nuestras gentes y en la toma de decisiones innovadoras y, en algún caso, no exentas de riesgos.

Con este mismo espíritu tenemos hoy que afrontar las dificultades del tiempo presente. La recuperación de la prosperidad regional depende de cada uno de nosotros, de nuestra decisión de afrontar el futuro con resuelta voluntad de conquistarlo, de la superación de las incertidumbres y de una decidida solidaridad que permita a Asturias mantenerse, como lo ha estado siempre, a la altura de la Historia.

Todas las iniciativas son valiosas. Unas saldrán adelante y otras no, como sucede siempre, pero es necesario que haya muchas y plurales ideas, y energía suficiente en su defensa, para que algunas de ellas lleguen a consolidarse. Cualquier gran empresa fue en sus inicios poco más que un esperanzado proyecto.

El punto de encuentro de un pueblo es siempre su cultura, su memoria, sus tradiciones, sus rasgos de identidad. Por eso, cuanto contribuya a reforzar la tradición ayuda al mismo tiempo al progreso, pues reafirma el sentimiento de comunidad, de querer estar juntos y de poner en una misma suma lo que todos hacen. “Cultivar el espíritu y formar el corazón de los hombres –dijo Jovellanos– es el más grande de los fines”.

Vuestro carácter y vuestros valores morales, como los de los demás asturianos, tienen como referencia la fe y la emotividad de la cercanía a Covadonga y a la Santina, a la que con tanta devoción dirigís vuestros ojos en los momentos de unión, en los de tristeza y alegría, en los del regreso o la despedida.

A vuestros ruegos ante Ella uno yo hoy mi oración, desde este rincón entrañable del Principado, que se abre a todos los caminos y a todos los pueblos de Asturias, para que Nava siga siendo ejemplo de convivencia, de piedad y de esperanza.

Muchas gracias.

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