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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el almuerzo ofrecido por el Presidente de la Asamblea Nacional

París, 01.10.1996

Q

​uisiera agradecerle la invitación que me ha efectuado para visitar la sede de la Asamblea Nacional, que acoge a la representación de la nación francesa.

Diversas personalidades han tenido el honor de intervenir ante esta Asamblea Nacional bajo su presidencia, como muestra de la participación de esta Cámara en el desarrollo de las relaciones internacionales. Mi padre, el Rey, lo hizo ante el plenario en octubre de 1993, en un acto que España reconoció como de excepcional importancia.

En el desarrollo de las relaciones entre España y Francia, la colaboración entre los parlamentarios de nuestros dos países, a través de los Grupos de Amistad de la Asamblea Nacional y del Congreso de los Diputados, constituye un elemento esencial para que el tejido de intereses y conocimiento recíproco se haga más intenso. Las reuniones y contactos de estos Grupos de Amistad permiten una mejor percepción de las aspiraciones y de los problemas de nuestras sociedades. Les animo a seguir en esta importante tarea.

En este sentido, como joven de esta Europa que construimos, me preocupan singularmente el paro y los problemas de la juventud para acceder a un primer empleo, con las consecuencias que se derivan de fenómenos de exclusión social. Conozco su preocupación, Señor Presidente, por estos temas y sus iniciativas, ya sean a nivel nacional, o a nivel local en la municipalidad de Epinal de la que es Usted Alcalde.

El futuro de Europa es el de su juventud, y ésta necesita un horizonte que tome en cuenta sus legítimas aspiraciones de participar plenamente en la vida social de nuestros países. La integración juvenil en un modelo de sociedad ha de pasar por su incorporación al mundo del trabajo.

En esta etapa de la historia de Europa, difícil pero cargada también de esperanzas, dos países de la tradición de España y Francia, están sin duda entre aquellos capaces de fomentar ese futuro más solidario y justo que entre todos nos corresponde construir.

Muchas gracias de nuevo, Sr. Presidente. Permítame que levante mi copa por el afianzamiento de las relaciones hispano-francesas y, en particular, por el desarrollo de las existentes entre nuestras Cámaras Parlamentarias.

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