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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de inauguración de las Segundas Jornadas Universitarias de Voluntariado Social, "Voluntarios 96"

Madrid, 26.04.1996

M

​uchas veces se ha acusado a la juventud de nuestros días de ser apática, de no reaccionar ante los problemas que nos rodean y de sólo buscar el propio beneficio. La presencia aquí de todos vosotros, jóvenes y universitarios y el hecho que nos congrega, las Segundas Jornadas Universitarias de Voluntariado Social, "Voluntarios 96", parecen desmentir este tópico.

Cuando la Universidad nace a mediados del siglo XII en Europa, lo hace con una doble función: la de transmitir y mantener la búsqueda de la verdad y la de ser germen de nuevos cambios y conquistas sociales. Hoy, con esta iniciativa que organizan la Asociación Iuve y la Universidad Complutense, nos damos cuenta que la Universidad y los universitarios siguen animados de aquel espíritu que tan grandes logros ha traído a la Historia.

No podemos negar la actualidad de las organizaciones que, en estos momentos, florecen en todo el mundo y de manera especial en España para desarrollar una función de apoyo social ante las múltiples necesidades que nuestro mundo sigue sufriendo. Aunque se abusa con frecuencia de la palabra solidaridad, es necesario reiterar que quizá estemos en un momento privilegiado para hablar de este concepto como el eje central de las preocupaciones sociales y personales de este fin de siglo.

Solidaridad es sinónimo  de estar pendiente del que está a nuestro lado, es saber respetar de la manera más noble posible los derechos de la persona pues significa considerar a los que nos rodean no como seres inferiores que necesitan nuestra misericordia sino como compañeros en la gran aventura del vivir humano. Aventura que muchas veces ha significado miseria, racismo, enfermedad, analfabetismo y, en definitiva, desigualdad entre personas.

Hoy la juventud parece dispuesta a dedicar una parte de su tiempo y de su vida a la lucha para que todos tengan las mismas oportunidades y los mismos derechos, así como que ese esfuerzo sea considerado útil para la sociedad y para uno mismo (y no sólo como fruto del idealismo).

Solidaridad significa, también, reconocer que una sociedad más justa es tarea de todos. De ahí que constituya un motivo de satisfacción comprobar no solo la creciente toma de conciencia por los jóvenes de los problemas sociales sino también la progresiva presencia de la sociedad (eso que llaman la sociedad civil), junto a los poderes públicos,  realizando actuaciones encaminadas a satisfacer los intereses generales y, especialmente,  desarrollando iniciativas sociales orientadas a la erradicación de la marginación.

En el desarrollo de esas tareas, la juventud desempeña en la actualidad y debe desempeñar en el futuro un protagonismo ejemplar. La fuerza de los jóvenes reside en su idealismo y su vitalidad y los que colaboráis de manera voluntaria y altruista añadís a ello vuestra capacidad de entrega. Es precisamente, en la bondad de sus causas y la entrega a ellas, sobre las que se han fraguado las grandes gestas de nuestra historia.

Con frecuencia hemos oído que nuestra sociedad adolece de ideales, que está falta de personas que luchen, que esta pasividad se debe a que vivimos en un período del pensamiento caracterizado por la ausencia de creencias, convicciones y criterios de conducta. Sin embargo, todas estas iniciativas que desarrolláis contribuyen a demostrar que existe una juventud viva que ve las carencias  y los problemas de la sociedad de su tiempo, que ejerce una  critica constructiva y que, además, para ponerles remedio, aportan su grano de arena, asumiendo, en definitiva, un compromiso con la sociedad.

Los voluntarios habéis de transmitir este espíritu de ayuda, de entrega y de compromiso responsable no sólo a los demás compañeros universitarios sino a todas las personas: a quienes, por el paso del tiempo, hayan podido olvidar los ideales que hoy os animan; a quienes preparan y forman a los jóvenes no sólo para el mundo laboral sino que han asumido la enorme responsabilidad de educar a la juventud para la vida; a quienes sirven a la sociedad desde los poderes públicos, para que lo hagan por encima de sus propios intereses; a todos aquellos que piensan que sólo cambiando las estructuras se cambiará el mundo, porque todos sabemos que sólo cuando un hombre modifica su conducta está empezando de verdad a cambiar el mundo.

La sociedad ha dado a muchos jóvenes la oportunidad y los medios para recibir una formación universitaria y debe facilitar las condiciones para que la juventud pueda desarrollar su personalidad y, especialmente, acceder a un puesto de trabajo; pero también corresponde a la juventud ofrecer a la sociedad un proyecto de futuro, en el que la iniciativa  individual y el lucro personal no ciegen el necesario  compromiso social.

No quiero terminar sin expresar mi agradecimiento a la Asociación Iuve por su invitación para estar con vosotros en la clausura de estas jornadas y mi felicitación por esta iniciativa que tanto puede aportar al crecimiento y la mejor estructura del voluntariado universitario en España.

Mi agradecimiento a la Universidad Complutense de Madrid por acoger incondicionalmente una vez más, los proyectos que surgen desde el seno de su comunidad universitaria.

Y también a las diversas instituciones oficiales y privadas que con su apoyo han contribuido a la existencia de estas jornadas.

Finalmente:

Al declarar clausuradas estas Segundas Jornadas Universitarias de Voluntariado Social:

Quiero alentaros a que sigáis trabajando en esta línea, y deciros que la perspectiva del siglo XXI es más optimista cuando se ve vuestro trabajo, vuestro esfuerzo y vuestra ilusión.

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