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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de entrega del V Premio Bartolomé de las Casas

Madrid, 18.04.1996

E

​l V Premio Bartolomé de las Casas correspondiente al año 1995, ha recaído, y me felicito por ello, en la labor realizada en dos países de  Iberoamérica con una fuerte presencia de comunidades indígenas como son Guatemala y Brasil, y, en ambos casos, resalta de una manera muy especial en los premiados la solidaridad.

El Padre José María Suárez, misionero del Sagrado Corazón, vive en el Departamento de El Quiché, en Guatemala. Llegó a Chichicastenango hace cuarenta años para atender, primero solo, y más tarde con otros misioneros, a una población de más de cuatrocientos mil indígenas mayas diseminados por un territorio de cerca de  9.000 Kilómetros cuadrados.

El Departamento de El Quiché presentaba una situación generalizada de pobreza con una tasa muy alta de mortalidad infantil y analfabetismo. Los primeros pasos del Padre José María Suárez y sus compañeros de misión se encaminaron directamente a la promoción humana del indígena, creando dispensarios, escuelas de enseñanza primaria, un internado para niñas indígenas, centros de enseñanza para el cultivo de la tierra, así como el "Centro Faustino Villanueva" en Alta Verapaz, de enseñanza primaria, artesanía, oficios, sistemas de cultivos, etc.

Las dificultades de todo orden con las que se encontraron los misioneros, no llevaron al Padre Suárez y a sus compañeros de misión a abandonar su labor. Lejos de ello, les sirvieron de acicate para seguir trabajando aún con más ahinco y para identificarse todavía más con las comunidades indias, con sus carencias y con sus necesidades.

La Hermana Genevieve Boyé y el pueblo Tapirapé en Brasil han sido también premiados en esta V edición del Premio Bartolomé de las Casas. Los Tapirapé tuvieron su primer contacto con una cultura extraña a la suya a principios de siglo. A partir de ese momento tuvieron que soportar agresiones de diversa  índole y circunstancias adversas que redujeron a su población original, de 2000 personas aproximadamente, a 151 supervivientes en 1947. Esta tremenda situación por la que atravesó el pueblo Tapirapé afectó a toda su organización y vida social.

Genevieve Hélène Boté, la "irmâzinha Genoveva", misionera de Foucauld, llega a Tawyao, aldea de los Tapirapé en 1952, junto con dos misioneras más, para convivir con este pueblo, totalmente marginado. Su presencia, su respeto a la cultura y a las esencias propias de los Tapirapé los ha salvado de la extinción y los ha convertido en un pueblo libre. La Hermana Genevieve se integró con todas sus fuerzas en esta comunidad indígena, optando por el respeto a sus tradiciones y cultura  y volcando todas sus fuerzas en la noble tarea de su defensa y contribución a su progreso y desarrollo.

En ambos casos, y como decía al comienzo, el valor fundamental que resalta el Premio Bartolomé de las Casas, en esta V edición, es la solidaridad, el respeto a la minoría indígena y el trabajo en pro del bienestar y progreso de estas comunidades.

Junto a esta voluntad de solidaridad con las minorías indígenas y de respeto a su personalidad, hay que destacar asimismo en los galardonados su pasión por la justicia; esa extrema pasión por la justicia que es la que guió la acción del dominico español que da nombre a estos premios, y que, en su tiempo, impulsó a los titulares de la Corona de España a promover y promulgar las "Leyes de Indias", dadas, según reza el preámbulo de las llamadas "Leyes Nuevas""para el buen gobierno y conservación de los naturales de aquellas partes".

Y la justicia es el más firme baluarte de la paz. Impulsándola se fomenta la instauración de una paz auténtica y duradera, "porque -como dijo mi padre, El Rey, en su último mensaje de Navidad- la paz sin justicia es violencia silenciosa."

Deseo recordar, por último, el justo homenaje del Jurado, en forma de mención especial de reconocimiento académico y científico, a Don Manuel Ballesteros Gaibrois, maestro y pionero de los estudios universitarios españoles sobre los pueblos aborígenes de Iberoamérica.

Por todo ello, me resulta especialmente gratificante la entrega de este Premio. Quiero aprovechar esta oportunidad para reiterar nuestro interés por la promoción de los valores sociales y culturales de las comunidades indígenas, para quienes deseo que continúe labrándose, gracias a su esfuerzo y perseverancia, un futuro de dignidad, igualdad y progreso.

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