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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la inauguración del Forúm Civil Euromediterráneo

Barcelona, 29.11.1995

A

​l haberme sido otorgado el alto honor de inaugurar este importante encuentro del Forum Civil EUROMED y de compartir con ustedes la satisfacción por esta oportuna iniciativa europea que ha asumido la Generalitat de Cataluña a través del Institut Català de la Mediterrània, me corresponde la grata tarea de darles a todos una cordial bienvenida a España.

Y bienvenidos sean al camino de la esperanza sobre el cual avanzaremos todos orgullosos de pertenecer a un mundo, el Mediterráneo, que tanto nos ha dado y que tanto ha dado al Mundo. En consecuencia, al que nosotros tanto tenemos que continuar dando. Y para hacerlo estamos aqui, en Barcelona. Una Ciudad de la que quiero destacar el símbolo que representa para la consolidación de un espacio de cooperación en el Mare Nostrum, y evocar la especial sensibilidad que la sociedad civil de esta tierra ha sabido mantener hacia los problemas de una región con la que está unida por vocación y siglos de Historia.

Pero en la historia, el presente no siempre ofrece un panorama esperanzador. Se habla también de la división del Mediterráneo, que bien es verdad que existe. Del mismo modo que existe su unidad. Un gran historiador magrebí Ibn Jaldun, decía que la historia es una secuencia, que ningún estadio es permanente sino que su constante mutación se resuelve alumbrando otros estadios.

Así, lejos de caer en utopías o de fijar metas irrealizables  debemos trabajar sobre la esperanza. Porque tratar el Mediterráneo sólo como una fuente de problemas, de negaciones, equivale a una grave falsificación. Esto es lo que todos aquí tratamos de demostrar; un millón largo de representantes de la Sociedad Civil Mediterránea llegados de todos los países del viejo mar, de todas sus lenguas, de todas sus disciplinas del saber y del hacer, para examinar la realidad mediterránea y contribuir a dinamizarla.

Además. ¿Qué divisiones pueden existir, a la postre, en este instante de la Historia, cuando las comunicaciones, la información y la tecnología transcienden cualquier frontera? La Conferencia Euromediterránea que acaba de celebrarse y este Forum Civil Euromed que inauguramos parten de una conceptualización capital: la de entender el Mediterráneo como una globalidad.

Todos somos uno; o mejor dicho: Nadie puede ser por sí sólo si no es con el vecino. Todos nosotros reunidos hoy aquí constituimos igualmente la prueba mas palpable de esta unidad en la variedad interrelacionada que, más allá de altibajos temporales, conforma la esencia mediterránea.

Por ello tenemos que vencer una cierta atmósfera de pesimismo que flota en nuestras sociedades, y que en Occidente responde quizás a una población que ha primado demasiado los bienes materiales sobre los culturales, y que en otras latitudes puede nacer de las frustraciones de una gentes que no han logrado alcanzar el legítimo bienestar al que todo ser humano tiene derecho.

No trabajemos pues, limitándonos a pensar en la economía. Su trascendencia es capital, pero lo es para unos seres que son también hijos de unas culturas, de unos valores. Para ser el centro de todas las cosas, como la Grecia clásica consideraba al ser humano, todas las cosas deben formar parte del hombre, de los derechos del hombre, los derechos humanos, de la Democracia, -que también tuvo su cuna en Atenas-.

Al contemplar la realidad reciente, vemos cómo ésta constituye efectivamente una secuencia que además alberga una dosis de elementos en verdad positivos, porque lo que ayer fueron tensos problemas hoy se manifiesta como vía de concordia y pacificación, si bien no exentas de serias amenazas, como por ejemplo el proceso de Paz en Oriente Medio o el proceso electoral en Argelia. Incluso ayer mismo la Conferencia Euromediterránea fijó un marco para los 4.685 millones de Ecus que la Unión Europea destina al Sur y al Este del Mediterráneo. Efectivamente, la esperanza se transforma  rotundamente en hechos.

Por ello constituye un hecho muy significativo que todos ustedes hayan decidido reunirse aquí al día siguiente de concluir la Conferencia Euromediterránea. Y quiero unirme a los que con esta decisión consideran esa Conferencia como punto de partida para una nueva relación entre los pueblos euromediterráneos, a sólo cinco años del comienzo de un nuevo siglo -y milenio-. La Declaración de Barcelona y el programa de trabajo que lleva aparejado reflejan la convicción y el compromiso de la mayor parte de los países de Europa y el Mediterráneo de que es posible y necesario lograr un futuro conjunto de Paz, estabilidad y desarrollo económico en la región.

Pero un programa de trabajo de esta naturaleza, por ponderado, exigente y atractivo que sea, se quedaría en un listado de prioridades, o en un examen de posibilidades, si a la voluntad de los poderes públicos no se uniera la conciencia social de que todos debemos contribuir a su puesta en práctica. De esta manera ayudaremos a evitar que perdure el foso de incomprensión todavía existente en determinadas mentalidades al  Norte y al Sur de nuestro Mar Común, sustituyéndola por la profundización en el diálogo, la cooperación y el intercambio mutuamente beneficioso que todos anhelamos.

Como Príncipe Heredero del Trono de España y como ciudadano Mediterráneo de una generación que aspira a sentar nuevas bases de entendimiento y de trabajo en una zona tan querida y vital para mi país, tengan la seguridad de que los resultados de sus trabajos revisten para mi una especial importancia. La juventud de la región Euromediterránea entiende que la tarea que tenemos por delante resulta ineludible, al tiempo que reclama nuestro esfuerzo solidario.

Aspiramos a situar el Mediterráneo, con la movilización de los sectores más dinámicos de nuestras sociedades, en el lugar que le corresponde como centro de desarrollo, de entendimiento, de cultura y de espiritualidad. Los próximos años pueden confirmar el camino hacia la más plena inserción de esta región en la vanguardia de la comunidad internacional.

Una actitud de apertura, de optimismo, de diálogo y cooperación deben acompañar la puesta en marcha de la Declaración de Barcelona. El consenso básico en torno a unos principios políticos, una dinámica económica común, una respuesta compartida a los problemas medioambientales, un diálogo social y cultural, una mayor tolerancia, así como una valoración más positiva del papel de la mujer y de la aportación de las migraciones a esta construcción común, constituyen las claves de un espacio euromediterráneo en el que puedan superarse todas las frustraciones y realizarse las legítimas expectativas de nuestras sociedades mediterráneas.

Permítanme evocar la Presidencia Española de la Unión Europea bajo la que se celebra la Conferencia Euromediterránea. Nos ha honrado ejercerla no sólo porque hemos intentado hacerlo con efectividad, sino más aún, porque la dimensión mediterránea de Europa y especialmente de España ha constituido uno de nuestras máximos focos de atención. Hoy lo continúa siendo a través de Cataluña, de su enraizada solera mediterránea, con este Forum Civil Euromed que nos convoca y que proyectará nuestras inquietudes e ilusiones.

Fue precisamente Ramón Llull, un proteico escritor del mismo siglo de Ibn Jaldun, que escribió también en latín y en árabe, las viejas lenguas madres de nuestras riberas, quien mejor definió en catalán el Mediterráneo: "La mar, correntía del Mon". El Mar como metáfora del Mundo, de la civilización. Que interpretamos como el hombre y los países mediterráneos fieles a su naturaleza y a su misión de hermandad y fertilidad.

Por todo ello, -y para terminar- les reitero mi alegría por estar aquí compartiendo con ustedes la esperanza de que tanto la Conferencia como este Forum Civil sirvan de base para una nueva etapa de estrecho diálogo en el Mediterráneo presidida por la Paz, la estabilidad, la prosperidad y el creciente intercambio cultural.

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