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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la ceremonia de entrega de las llaves de la ciudad de Guadalajara

Guadalajara. México, 14.06.1995

M

uchas gracias, ante todo, por las amables y cálidas palabras de bienvenida con que me habéis recibido en esta Mi primera visita a Guadalajara. Gracias también por el honor que me concedéis al entregarme las llaves de la Ciudad que recibo como muestra de la hospitalidad con que siempre ha recibido Guadalajara a los españoles que aquí han venido.

La gallardía, entusiasmo y generosidad del pueblo tapatío han hecho de esta ciudad un verdadero símbolo de la República Mexicana.

Está en Guadalajara particularmente vivo el recuerdo de nuestros orígenes compartidos. Empresa común en sus inicios, Guadalajara nace del esfuerzo de mexicanos y españoles, de la nostalgia de unos y la colaboración de los otros. Es además el resultado de una decisión no condicionada por los avatares de las luchas de conquista, sino del pensamiento renacentista. El fruto es una ciudad racional, hecha para el disfrute de los ciudadanos, que tantas veces son víctimas de la ciudad cuando ésta se deshumaniza.

Ni la mina ni la guerra están en la base del nacimiento de Guadalajara sino solo el hombre, el hombre mismo. Por esto, tan importante es el trazado como el paisaje y Guadalajara crece con su entorno a lo largo de la historia en una perfecta sintonía que hoy como ayer sigue provocando la admiración de propios y extraños.

Fundada para ser sede del orden institucional ha estado en la primera página de la historia. Capital primero del Reino de Nueva Galicia, cuyos confines eran las Californias y las Filipinas, necesariamente debía tomar parte activa en la formación del México independiente y, por dos veces, fue capital temporal de la República y aquí quedó la huella indeleble de la libertad, del progreso y de la igualdad que eran el sueño de Hidalgo.

A ese pasado glorioso, a su presente de activa y eficaz participación en el desarrollo y la modernización de México, Guadalajara ha sabido añadir, anticipándose al futuro, una dimensión iberoamericana que trasciende las fronteras para instalarse en el ámbito de las grandes construcciones políticas regionales. Todos recordamos el calor con que el pueblo tapatío acompañó el nacimiento de ese esquema nuevo de cooperación de la familia iberoamericana que arrancó de la Cumbre del 91 y que tiene sus raíces en la historia y los valores que compartimos y se propone hacer una aportación constructiva y solidaria a la construcción del mundo del mañana.

En esa empresa caminamos juntos españoles y mexicanos como caminan y se sienten juntas las Guadalajaras de los dos lados del Océano.

Por todo ello recibo emocionado las llaves de la Ciudad y el cariño de los tapatíos. Estén seguros, Señor Presidente, Señores Concejales, que sabré hacer honor a la responsabilidad que ello conlleva y que tendrán en Mi un tapatío más que pregonará con orgullo las virtudes de esta tierra.

Por ello deseo exclamar:

¡ Viva Guadalajara !

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