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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la ceremonia de nombramiento como Huésped Distinguido de la Ciudad de México

México, 12.06.1995

C

​on enorme satisfacción recibo el nombramiento de huésped distinguido de la Ciudad de México. Acepto y agradezco sinceramente esta honrosa distinción que constituye una nueva prueba de la generosa hospitalidad del pueblo mexicano y compromete mi simpatía y mi aprecio hacia la Ciudad de México.

Una ciudad que a lo largo de su historia ha producido invariablemente una profunda impresión a todos los que la han visitado. Primero fue la maravilla de Tenochtitlan levantada sobre las aguas. Luego, el México colonial que estableció un nuevo modelo urbanístico, el "sueño de un orden", que sería repetido en todo el Continente. Más tarde, la nueva fisonomía que impulsó el porfiriato, y la reacción nacionalista y revolucionaria que sembró literalmente la ciudad de arte con el genio de los muralistas. Y finalmente hoy, la ciudad más grande del mundo. Ciudad grande, sin duda, pero también y sobre todo gran ciudad.

Yo desde luego no he podido sustraerme a esa impresión. La Ciudad de México es hoy compendio de los problemas y las dificultades que generan las grandes concentraciones urbanas y laboratorio de ensayo de soluciones. Una ciudad cambiante, evolutiva, llena de contrastes y que lucha permanentemente para garantizar a sus ciudadanos que sean efectivamente libres, dignos y responsables.

Todos los españoles llevamos a México muy dentro de nuestro corazón y nos gustaría que nuestras experiencias pudieran ser útiles para contribuir a la solución de los problemas que preocupan a los mexicanos. Cuente con nuestro apoyo solidario y nuestra voluntad de caminar juntos para dar respuesta a las demandas ciudadanas, deseos que nacen del cariño, admiración y respeto que sentimos por esta gran Ciudad de México.

La magnitud de esos problemas no ha impedido, sin embargo, que México sea uno de los faros culturales del mundo de nuestros días. Fiel a su tradición, la ciudad que fue sede de la primera Universidad de América, donde se estableció la primera imprenta del Continente, donde encontraron acogida fraternal intelectuales de todos los rumbos, es hoy un espacio de cultura en permanente renovación, abierto a todas las tendencias y manifestaciones artísticas y en el que la oferta cultural es una de las más completas y variadas que cabe imaginar.

Pero la verdadera riqueza de México está en sus gentes. Esta ciudad es un crisol de razas y culturas que ha conformado un tejido humano creativo, capaz de las más grandes empresas y siempre dispuesto al gesto fraternal y solidario. Un pueblo tenaz que ha demostrado sobradamente que sabe sobreponerse a la adversidad y asumir los -retos que implica la decisión deliberada y voluntaria de vivir en la ciudad más grande del mundo.

Son ellos los que nos hacen ver la gran ciudad que hay detrás de la ciudad grande gracias a su capacidad para hacer que nos sintamos como en nuestra casa.

Por todo ello me siento especialmente honrado por este nombramiento que me mantendrá permanentemente unido al pulso vital de esta Ciudad de México a la que ahora con mayor razón por conocerla mejor, respeto y admiro todavía más.

Viva la Ciudad de México.

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