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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la ceremonia de entrega del premio del concurso literario “Escribo en Español”, en la Universidad de California

Universidad de California, 07.06.1995

C

​omo ustedes saben, cuando en el mes de septiembre del año de gracia de 1542 Juan Rodríguez Cabrillo avistó la hermosísima bahía de San Diego, el destino de estas tierras nunca sería ya el mismo. Como tampoco lo sería el de España tras las expediciones de los Pinzón, los Niño, los Quintero y de tantos otros que se escapan a nuestra memoria histórica. Como tampoco habría de serlo el de este inmenso continente doble al que se llamó América, continente también conocido con esa expresión, maravillosa todavía, y que aún hoy encierra en la brevedad de dos palabras, toda la fuerza promisora de un futuro lleno de América o "Nuevo Mundo".

Nombres tales como Sebastián Vizcaíno, Gáspar de Portolá, Junípero Serra, nos pertenecen a unos ya otros, Son herencia común a cuantos aquí estamos esta tarde reunidos. A ustedes que llevan alto el orgullo de pertenecer a esta tierra que mira hacia el horizonte, allí donde se pone el sol; y también a nosotros, españoles, que un día sentimos la llama remota del oriente.

El español se aprende aquí, entre vosotros, de forma natural, Está impreso en la piel de la geografía californiana. Ciudades, monumentos, accidentes orográficos, instituciones, señales, anuncios, carteles... Basta sólo con un ligero desplazamiento para que su geografía nos acompañe. Y es que el español ha sido parte del paisaje lingüístico de este país desde el mismo siglo XVI, mucho antes, incluso, de la creación de la entidad nacional que hoy reconocemos como Estados Unidos. Este dato fundamental, que no debería olvidarse, tampoco ha de resultarle extraño al historiador de mi patria: no fue hasta el siglo XIII, con mis antepasados castellanos, el rey sabio Alfonso X, y con su sobrino el Conde Lucanor, cuando el español se constituyó en lengua de cultura.

Justamente ahora que hemos de cruzar la frontera final de esta centuria para adentrarnos en el próximo milenio, tan cargado de desafíos y de expectativas, el español vuelve a juntar nuestras manos. Nunca como hoy el vínculo de nuestra lengua ha estado tan íntimamente ligado a la vida ¡cotidiana de este país. El español es ya, no sólo, lengua de pasado, sino de futuro.

Nada más lógico, pues, que nosotros, como españoles conocedores de ese pasado compartido, ni sintamos hoy más ilusionados que nunca en participar de un porvenir que llama a nuestra puerta con nuestra propia voz.

Nada mas lógico, igualmente, que nuestra esperanza y nuestra atención se fijen especialmente en vosotros los más jóvenes y en todos ustedes de quienes depende que este tesoro maravilloso y mágico, que se transmite de padres a hijos, generación a generación, siga vivo y resplandezca. Ser bilingüe, poseer el don de lenguas es, sin duda, uno de los bienes más preciados, sin que ello suponga menoscabo alguno en los valores y elementos de unidad nacional.

Es para mí un honor proceder a la entrega de premios a los estudiantes ganadores del Tercer Certamen Literario Escribo en Español, convocado por la Oficina de Educación del Consulado General  de España en Los Ángeles y por el Departamento de Educación del Estado de California. Tanto a quienes habéis ganado, como a los finalistas y demás concursantes y, de forma muy especial a los profesores participantes, quiero expresarles mi más sincera enhorabuena. Sin la participación entusiasta de todos vosotros tal vez nos hubiéramos tenido que conformar con el "áspero mandamiento del silencio" que en una ocasión, ¿recordáis?, le impone Don Quijote a Sancho.

Desearía que mis palabras sirviesen de estímulo y reconocimiento a cuantos estáis hoy aquí reunidos y a cuantos, más allá de estas paredes, día a día, mediante la docencia, la investigación, o la creación, dedicáis lo mejor de vuestros esfuerzos a ensancharla plural y fecunda huella del español en cada una de las manifestaciones artísticas, sociales y culturales de los pueblos. Gracias, finalmente, al jurado calificador, por el tiempo dedicado y por su trabajo desinteresado. A todos los presentes, gracias.

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