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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de entrega del premio Príncipe de Viana

Viana, 27.06.1993

Q

​uisiera expresar mi profunda satisfacción al encontrarme de nuevo en tierras de Navarra, en este Monasterio de Leire, corazón histórico del Viejo Reino.

Este acto institucional que hoy nos congrega aquí, honrado con la presencia de Sus Majestades los Reyes, es exponente de la conexión viva entre el Principado de Viana y la actividad cultural. Me siento particularmente orgulloso de ello porque tengo la convicción, compartida y alentada por la Corona, de que la cultura es motor configurador de la genuina identidad de los pueblos, estímulo de la maduración interior del hombre en todas sus potencialidades e ingrediente sustancial de la pacífica convivencia ciudadana.

Mi condición de Príncipe de Viana hace más estrecha aún, si cabe, mi vinculación solemne y real con esta región y lo que ella significa de dinamismo interno, pluralidad socio-política y cultural, profundo sentido de hospitalidad -pues no en vano es puerta principal del Camino de Santiago en España- y apertura de miras al exterior.

Suscribo esencialmente las palabras del Rey Carlos III el Noble de Navarra, creador en 1432 del Principado de Viana, en el prólogo de su "Crónica de los Reyes d e Navarra ": "y tu Navarra, no consintiendo que las otras naciones de España se igualen contigo en la antigüedad de la dignidad real, ni en el triunfo y merecimiento de fieles conquistas, ni en la antigua posesión de tu acostumbrada lealtad, ni en la original señoría de tus siempre naturales reyes y señores, por la justicia de los cuales, con muy gran esfuerzo, has sobrevencido muchos y grandes infortunios y daños".

Desde su primer titular, el Principado de Viana se asoció a la atractiva figura histórica de Don Carlos, quien, al margen de su desdichado destino político; fue un exponente fiel del humanista navarro del Renacimiento, cultivador de la poesía y de la historia, siempre cargado de preocupaciones éticas.

Por ello, fue particularmente acertado que, al cabo de casi cinco siglos, la Diputación Foral de Navarra creara en 1940 un organismo, denominado precisamente Institución Príncipe de Viana, dedicado a la honra y conservación del patrimonio artístico del Reino, al fomento de las investigaciones sobre la cultura local y a la divulgación cultural.

La trayectoria de dicha Institución, nacida al amparo de la decimonónica y benemérita Comisión Provincial de Monumentos Histórico-Artísticos con ambición y espíritu renovador, y acomodándose al signo de los tiempos, ha sido, merced al régimen foral de Navarra, pionera y ejemplar.

Entre sus actuaciones más señeras cabe citar la ingente tarea de protección monumental, que puede considerarse, hasta fechas cercanas, la dimensión más conocida de la Institución. y lo mismo se podría afirmar de su rica tradición editora, convertida en el más importante canal de comunicación cultural de Navarra con el resto de España y del extranjero. La promoción de actividades culturales propias y el apoyo decidido a las corporaciones municipales, asociaciones y particulares constituye otra de sus notas más definitorias. En fin, los premios musicales y pictóricos otorgados por la Institución suponen el descubrimiento de valiosos artistas noveles y la proyección de la imagen de una Navarra culta y moderna más allá de sus mugas.

El premio que ahora voy a entregar, el "Príncipe de Viana" de la Cultura, instituido por el Gobierno de Navarra el año 1990, persigue el reconocimiento de trayectorias personales o colectivas relevantes en el ámbito de la cultura, tuteladas de lejos por el numen del Príncipe Don Carlos de Viana.

En esta su cuarta edición, el Premio ha recaído en el arquitecto tudelano y universal Don José Rafael Manea Vallés, cuya "Iaudatio" acaba de pronunciar el señor Presidente del Gobierno de Navarra. En la figura magistral y en la obra fecunda de Moneo confluye la alianza de tradición y modernidad, principios sustentadores de la cultura verdaderamente innovadora.

Como escribió hace tres siglos el arquitecto inglés Christopher Wren, "La arquitectura aspira a la eternidad; por esto es la única cosa incapaz de modas y novedades en sus principios". Planteada su arquitectura como ejercicio de libertad reflexiva, en los edificios de Moneo, tan funcionales como sugerentes y hermosos, alienta el espíritu de la historia y el de la más reciente actualidad; por ello, suponen un ejemplo de arte duradero y lección de ciudadano comprometido con su tiempo.

De este modo, al honrar a uno de sus hijos más ilustres, Navarra revela, una vez más, su enraizamiento con la historia y el cultivo ininterrumpido de las Bellas Artes, garantía del progreso verdadero de los pueblos.

Muchas gracias.

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