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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de clausura del XV Congreso del Consejo Mundial de la Energía

Madrid, 25.09.1992

C

​uando hace unos días, se celebraba la ceremonia de apertura de este Congreso, había un deseo unánime en las palabras de todos los que entonces intervinieron: que el Congreso constituyera un paso importante en el camino hacia un mundo más solidario y humano, gracias a una mayor compresión de la interrelación entre Energía y Vida.

El alcance y contenido de las ponencias, debates y reuniones, fielmente reflejadas en las Conclusiones y Recomendaciones que acabamos de escuchar, en palabras del señor Babero, nos permiten asegurar que el Congreso ha cumplido su principal objetivo.

Me consta, por haber podido asistir personalmente a varias de las reuniones, que se han abordado y tratado con gran profundidad los temas más importantes, más globales y también más acuciantes de la problemática energética mundial y de sus relaciones con la Sociedad y, por tanto, con la vida de los pueblos.

Temas como el acceso a la necesaria disponibilidad de energía por parte de los países no desarrollados, el equilibrio entre el crecimiento industrial y la protección del entorno, la búsqueda del desarrollo económico a través de la mejor utilización de la energía, han sido expuestos con la mayor transparencia V deseo de encontrar soluciones realizables en el mínimo plazo posible.

La comunidad energética está adquiriendo, cada vez más, un compromiso que va mucho más allá del mero suministro de energía en condiciones técnicas y económicas aceptables, tal y como se pensaba hace unas décadas.

El suministro y la utilización de la energía tienen que jugar un papel decisivo en la supervivencia de una gran parte de la población de nuestro mundo.

El aprovechamiento de los recursos naturales y la conservación del medio ambiente tienen que ser realizados pensando en la herencia que vamos a dejar a las generaciones venideras.

En este sentido es tranquilizador el sentir unánime, claramente expresado en este Congreso, de que nos encontramos ante verdaderos desequilibrios en el reparto de la energía y no tanto ante previsibles escaseces de ella, que supusieran un freno para el desarrollo Mundial. La escasez es un problema o inquietud de cara al futuro, por otro lado de indudable importancia, mientras que el desequilibrio en el reparto es un grave problema del presente aunque también afecte al futuro.

Hay una gran tarea por delante en la que está comprometida la sociedad entera y cuyas líneas de actuación han sido claramente apuntadas a lo largo de las sesiones de estos días.

Ha sido apasionante y altamente aleccionador para mi el haber podido asistir con la frecuencia que me ha sido posible a la Sesiones del Decimoquinto Congreso. Quizá incluso he sido uno de los escasos miembros de mi generación que ha tenido el privilegio de escuchar las deliberaciones de esta gran "Masa Inteligente" (permítanme la expresión) que se ha concentrado aquí en Madrid para, en la medida de lo posible y con pasos a ritmo preciso sin sobresaltos, mejorar la máquina energética mundial en un clima de máximo consenso y entendimiento.

Los jóvenes debemos agradecer todos estos esfuerzos y tomarlos como ejemplos a seguir, porque nuestro es el futuro, que dependerá tanto de los aciertos de nuestros mayores como del nivel de compromiso que sepamos ofrecer para asegurar su continuidad. Dentro de tres años, cuando se celebre el Decimosexto Congreso en Tokio, podremos comprobar cómo hemos sabido hacer frente al reto planteado en el Congreso de Madrid.

Por último quiero hacer llegar mi agradecimiento al Comité Organizador por haberme vinculado a los trabajos preparatorios de este Congreso a través de la Fundación y felicitarles por la gran labor realizada.

Gracias a los oradores de hoy por sus elocuentes y sobre todo muy afectuosas palabras.

Queda clausurado el decimoquinto Congreso del Consejo Mundial de la Energía.

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