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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la inauguración de la VI Conferencia Iberoamericana de la Juventud

Sevilla, 15.09.1992

S

​ean mis primeras palabras de agradecimiento por el ofrecimiento que los Gobiernos participantes me hicieron llegar para asumir la Presidencia de Honor de la VI Conferencia de la Juventud.

Mi presencia hoy aquí es también consecuencia lógica de una identificación, tanto institucional como personal, con los objetivos que mantiene la Conferencia desde su primera reunión en Madrid en 1987.

Identificación personal que resulta de formar parte, de una generación inquieta y con grandes expectativas ante las propuestas de sus gobernantes. En cada una de las medidas, los programas o las oportunidades que ustedes sean capaces de ofrecernos, veremos los jóvenes puertas abiertas al futuro y veremos también el esfuerzo que realizan para responder a los enormes retos que el cambio de milenio nos esta deparando.

Digo además identificación institucional, porque la Corona apoya e impulsa los esfuerzos de España en su tarea internacional, desarrollados por nuestras agencias especializadas que buscan mayor cooperación y solidaridad entre los jóvenes de todos los países.

Constituye la de hoy una ocasión excepcional para reflexionar sobre las nuevas formas de convivencia entre las naciones en los próximos años. Aunque los términos cooperación y entendimiento son utilizados en sentido lato en los medios políticos y diplomáticos para referirse a la coexistencia entre los Estados, tales principios no desplegarían todo su potencial si no mediasen esfuerzos como la Conferencia Iberoamericana de Juventud, pormenorizando el contenido de las fórmulas generales del diálogo y acercando los proyectos políticos a los ciudadanos más jóvenes.

Debe ser inevitable la referencia a la II Cumbre Iberoamericana de Julio pasado. En ella quedó patente la voluntad de las naciones iberoamericanas por estrechar lazos y difuminar fronteras. Los importantes resultados de este encuentro han aportado programas que, mediante el trabajo de todos, buscan una persona nueva para que se reconozca en esta Civilización que la Historia nos ha llamado a compartir. El desarrollo de las capacidades y las actitudes más nobles de la persona, al servicio de sociedades con renovadas aspiraciones, es el fin último que subyace bajo toda una relación de objetivos concretos más o menos accesibles.

En el ámbito político de esta Conferencia, es básico que los jóvenes entiendan, participen y consoliden apuntalen este proceso, que se identifiquen con las metas que nos hemos propuesto alcanzar y comiencen a considerar seriamente las ventajas que la "construcción iberoamericana" va a proporcionarles tanto en el plano individual como en el colectivo.

La "construcción iberoamericana", incluso como expresión, podría permanecer en nuestro lenguaje como una frase hecha. Lejos de ser así, constituye en sí misma una idea por siempre generadora de ilusiones y esperanzas a través de generaciones y generaciones de iberoamericanos, a los que hoy ya podemos ofrecer importantes realidades, a las cuales espero se unan otras nuevas que se consigan con el trabajo y esfuerzo fundamentalmente de la juventud.

Como es bien conocido, España ha optado por defender un espacio internacional cada vez más libre de compartimentos estancos y aislados. Por nuestra experiencia histórica reciente, sabemos cuanto pierde quien se empeña en mantenerse al margen de la concurrencia de voluntades que se producen en torno a las políticas comunes orientadas hacia el progreso y la erradicación de la injusticia y la desigualdad. No son suficientes ya el respeto o la asunción de los instrumentos internacionales que consagran los derechos humanos fundamentales. Tampoco basta con que los Estados se doten de sistemas democráticos y respeten, en lo formal, el pluralismo y la libertad de hombres y mujeres.

Hoy se precisan políticas de compromiso firme con la igualdad de oportunidades. Políticas que en paz y en libertad hagan compatibles el desarrollo con el respeto al primer patrimonio de la Humanidad, que es la Naturaleza.

Además, son deseables políticas comunes que incidan, de forma decisiva, sobre los desequilibrios actuales y transformen sistemas de dependencia de unas naciones respecto de otras en un marco de cooperación económica y compensación solidaria.

La firme apuesta que España ha hecho por la Unidad Europea persigue un marco de similares características en nuestro continente.

Y por idénticos motivos hemos querido que 1992 sea el punto de partida hacia un futuro común para los pueblos de Iberoamérica tras 500 años de pasado compartido. Cinco siglos que han servido para que nos conozcamos, pero no lo suficiente, por lo que estamos decididos a continuar este intercambio y remover los obstáculos más evidentes para alcanzar las metas que en Guadalajara y Madrid nos quedaron marcadas.

Del encuentro real entre nuestros pueblos vamos a ser testigos, y más aún protagonistas, los jóvenes de hoy que asumimos con claridad todos los presupuestos antes referidos.

La Educación en sentido amplio o en todas sus variantes creo que es el pilar que debe soportar todo este entramado de relaciones nuevas que queremos consagrar entre los pueblos de Iberoamérica.

Tarea similar, en mi opinión, es la que ustedes se han planteado fomentando el intercambio entre los jóvenes iberoamericanos y entre sus organizaciones, y de todos ellos con los europeos, en busca de horizontes comunes en esta tensión constante que lleva a los jóvenes a situarse siempre a la cabeza de los proyectos más justos y solidarios.

La sede española del Centro Eurolatinoamericano de Juventud, a cuya inauguración tendré el placer de acompañarles esta misma tarde, puede considerarse un buen ejemplo de concreción de estas políticas multilaterales, llamado además a servir de plataforma de nuevos y mejores proyectos para el futuro. El programa de jóvenes cooperantes españoles en sus países es otro ejemplo de solidaridad en acción.

Quiero hacer un reconocimiento especial, hoy aquí, al importantísimo papel que, para el afianzamiento de los valores democráticos, tienen las asociaciones juveniles y los Consejos de Juventud. Al tiempo, animo a los jóvenes iberoamericanos a asociarse y revitalizar los valores de voluntariado y entrega a los más dignos ideales para, en consecuencia, ayudar a constituir una futura sociedad más plena en valores humanos.

De antemano puede considerarse un gran éxito la VI Sesión de la Conferencia. Sexta convocatoria que avala y garantiza la vigencia de los proyectos que ustedes se han planteado hasta ahora y la viabilidad de los que vayan a diseñar para el futuro. La periodicidad de sus reuniones, y el mantenimiento de una estructura de enlace nos muestran que la Conferencia Iberoamericana de Juventud posee una vitalidad que podría servir de ejemplo para otras muchas instancias internacionales.

Permítanme felicitarles por todo ello y animarles a continuar con esta vocación en el futuro. Al cotejar y velar por los intereses de los jóvenes no estamos defendiendo sino los intereses supremos de nuestros pueblos.

Me llena de orgullo contemplar como estos esfuerzos sectoriales desarrollan la idea tan querida y anhelada por mi Padre, el Rey, de la creación de una Comunidad Iberoamericana de Naciones.

Han escogido ustedes el escenario más adecuado para la VI Conferencia. Sevilla está siendo punto de encuentro para hombres y mujeres jóvenes de la práctica totalidad de las naciones del Globo. La Exposición Universal de 1992, bien merecedora de su visita, es la mayor muestra de los avances de la Humanidad que se haya conseguido hasta nuestros días, gracias a un gran esfuerzo y determinación de sus organizadores y al encomiable y necesario aporte y participación de los Gobiernos presentes así cómo los del casi todo el mundo.

Sevilla ha recibido, para Europa, durante siglos, los barcos que desde América convirtieron el Atlántico en vehículo de entendimiento. Por Sevilla y otros puertos de Europa se partía hacia las Américas. El resultado de este centenario ir y venir puede haber sido igual de positivo para todos.

Mi sueño, y espero que el de todos, es que este viaje, en el que embarcamos los hombres y mujeres de Iberoamérica, después de 500 años, no haya hecho más que comenzar.

Muchas gracias.

Queda inaugurada la VI Conferencia Iberoamericana de Juventud.

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