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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el XVII congreso del Instituto Hispano – Luso - Americano de Derecho Internacional

Madrid, 13.09.1992

E

​n Octubre de 1951, con ocasión de la Conmemoración del nacimiento de la Reina Isabel la Católica se celebró vuestro primer Congreso en Madrid en el que se resolvió constituir el Instituto Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional, una de cuyas funciones esenciales sería el estudio de la organización de la Comunidad Internacional.

Vinisteis de nuevo a España en 1966 y en 1977 para celebrar en Santiago de Compostela y Madrid respectivamente el V y XI Congresos.

Hoy habéis vuelto una vez más para celebrar el XVII Congreso del que habéis tenido la amabilidad de ofrecerme la presidencia de Honor que acepté con mucho gusto por lo que os hago llegar mi agradecimiento, que a caso es doble por darme la oportunidad de venir por primera vez de forma oficial a esta Ciudad de Cáceres cuyo aporte humano fue tan fundamental para el desarrollo del gran acontecimiento que celebramos este año.

Se celebra este Congreso en un año lleno de esperanzas, próximo ya el 12 de Octubre, fecha clave del V Centenario del Descubrimiento, y poco después que la Cumbre de Madrid, sucesora de la de Guadalajara en México, haya dado mayor concreción al proyecto de Comunidad Iberoamericana de Naciones que el próximo año seguirá su proceso de realización histórica en Bahía, Brasil.

Situamos este Congreso entre la conmemoración que evoca la reflexión y la toma de conciencia del pasado común, y el proyecto, que apunta hacia la definición de objetos, valores, e intereses comunes de vuestro futuro. La idea de comunidad, como expresión de solidaridad, destaca entre todas las que inspiran vuestros trabajos y esfuerzos apoyados en el ayer común y en el mañana igualmente compartido.

La elección de Extremadura y esta hermosa ciudad de Cáceres para vuestros trabajos es un símbolo de esa idea-eje que acabo de citar.

La realidad internacional es profundamente distinta a la de 1951 año de vuestra fundación, y se encuentra en un contexto en acelerada y honda evolución.

En los últimos años se ha derrumbado una inmensa barrera ideológica que durante decenios fue fuente de desconfianza y hostilidad. Hoy existen posibilidades innegables para realizar las aspiraciones formuladas en el preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas. Superar el flagelo de la guerra; reafirmar la dignidad de la persona humana y la igualdad de las naciones grandes y pequeñas; crear condiciones bajo las cuales pueda mantenerse la justicia y el respeto de las obligaciones que dimanan del Derecho Internacional; y promover el progreso social dentro de un concepto más amplio de libertad.

Para conseguir estas aspiraciones en este mundo contemporáneo, tan complejo y a la vez tan frágil, se necesitan nuevas reflexiones sobre la organización de la Comunidad Internacional a fin de lograr difíciles equilibrios entre la protección de derechos fundamentales de todo ser humano y la no intervención en los asuntos internos de los Estados; entre la soberanía de los Estados, que no es ni puede ser absoluta, y las exigencias de la interdependencia solidaria; equilibrios, también, entre la Organización Mundial y las Organizaciones Regionales.

Para definir estos equilibrios, el Derecho Internacional puede y debe llevar a cabo una función esencial, y tiene igualmente un papel fundamental en el planteamiento y solución de los problemas globales con que se enfrenta hoy la Comunidad Internacional; desarme y control de armamento, desarrollo sostenible; salvaguardia del medio ambiente, y realización universal de los derechos civiles y políticos así como de los derechos económicos, sociales y culturales de todo ser humano.

Ha terminado recientemente, en Río de Janeiro, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, esto es, sobre la supervivencia humana; el próximo año se reunirá en Viena la Segunda Conferencia Mundial de Derechos Humanos; en 1994 se examinará el tema de la población y el desarrollo; en 1995 se reunirá la Conferencia Mundial sobre la Mujer; para ese mismo año se ha propuesto convocar una cumbre mundial sobre Desarrollo Social. El Derecho Internacional alcanza así esferas que antes ni se habían imaginado, haciendo así más evidente que nunca la necesidad de afianzar un sistema internacional basado en el Derecho.

Se que el Instituto Hispano-Luso-Americano ha llevado a cabo una intensa actividad, como testimonian sus numerosas e importantes Resoluciones. Me permito animarles a seguir trabajando, en el marco del Decenio de las naciones Unidas para el Derecho Internacional, sobre el arreglo pacífico de los conflictos, la búsqueda de equilibrios en la organización de la comunidad internacional, y la regulación de problemas globales que interesan a la comunidad internacional en su conjunto.

La Comunidad Iberoamericana tiene sin duda su voz propia en el planteamiento de estas cuestiones globales, así como su propia identidad. En un mundo caracterizado por el pluralismo, no pretendemos imponer nuestra identidad, aunque sí afirmarla y promoverla, convencidos de lo que de universal tienen nuestros valores comunes: la persona humana, la justicia, y el Derecho como instrumento de paz.

Decía en Sevilla el poeta y pensador Octavio Paz, al inaugurar en Noviembre de 1991 el ciclo de conferencias organizado por el Foro "Príncipe de Asturias" que "La Democracia moderna no esta amenazada por ningún enemigo externo, sino por sus males íntimos", que son el resultado de la contradicción que la habita desde su nacimiento: La oposición entre la libertad y la confraternidad”.

Acaso el orden internacional esté igualmente amenazado por sus males íntimos, resultado de la contradicción que lo habita desde su nacimiento: la oposición entre soberanía y solidaridad, entre independencia e interdependencia. Si los poetas y los pensadores encuentran el secreto de la resurrección cuando descienden al fondo del hombre, creo que otro tanto les puede ocurrir a los internacionalistas cuando descienden al fondo de los problemas para buscar cauces de resurrección: Que bien pudieran ser los fines humanos del poder y la dignidad de la persona humana, a los que se refiriera Francisco de Vitoria como fundamentos del orden internacional y en fin de todo orden.

El futuro es incierto y los hombres nos debatimos hoy entre miedos y esperanzas. Una mejor organización de la comunidad internacional y un orden internacional de paz y justicia son indispensables para superar la suicida confrontación hombre-naturaleza, así como la fratricida confrontación entre los hombres.

Este es el contexto en que se sitúan vuestros trabajos en el Decimoséptimo Congreso del Instituto Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional, en Cáceres, así como vuestros esfuerzos futuros, que deseo fructíferos y fecundos.

Queda inaugurado el Decimoséptimo Congreso del Instituto Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional.

Se levanta la Sesión.

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