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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Universidad de Coimbra

Coimbra. Portugal, 03.05.1991

M

​agnífico Señor Rector, Señoras y Señores:

Como estudiante universitario que soy, es fácil comprender la emoción y el orgullo que me produce estar hoy en esta noble y por tantos motivos admirada Universidad de Coimbra.

El año pasado celebrasteis con toda solemnidad los siete siglos de existencia de uno de los focos de saber más antiguos de Europa, desde su institución, en 1290, por el Rey Don Dionís.

Y para mí, es especialmente significativa su relación con España, no sólo por su proximidad geográfica con la Universidad de Salamanca sino también porque ambas comparten desde antiguo la vocación universal del saber, que convierten sus muros en la expresión más noble de la unión entre los pueblos. En ello radica, a mi modo de ver, la grandeza del espíritu universitario, la esencia misma que tienen en común ambas instituciones. Y esto es, más cierto si cabe, cuando siglos de historia lo avalan.

Reconocimiento de su labor pasada y de sus prometedores esfuerzos de cara al futuro, fue la concesión conjunta a las Universidades de Coimbra y Salamanca del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación en el año 1986.

Coimbra es también la expresión más viva del alma portuguesa. El saber impartido en sus aulas ha sido recibido por múltiples discípulos que han expandido en Europa y en el mundo los sentimientos más nobles del espíritu portugués. Y a ello no fueron ajenos españoles ilustres, como, por ejemplo, el teólogo Francisco Suárez, catedrático de esta universidad, y Don Miguel de Unamuno, eminente conocedor de Portugal, que plasmó sus experiencias en su atractivo libro "Por tierras de Portugal y España”.

Por eso no podía dejar de venir aquí en esta mi visita a Portugal y recordar con especial satisfacción que hace dos años el Rey, mi padre, fue investido Doctor Honoris Causa por el Claustro de esta Universidad. Como él señaló en aquella solemne ocasión, el acto fue "un homenaje fraternal del genio portugués a España y a su espíritu".

Como hijo suyo, me hago eco en el día de hoy de este mismo sentimiento y les transmito el honor que supone en mi doble calidad de heredero de la Corona de España y universitario español encontrarme hoy entre ustedes.

Muchas gracias de nuevo, Señor Rector, por este cariñoso recibimiento.

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