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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el almuerzo del Monasterio de Uclés

Uclés, 09.06.1990

M

​i Augusto Abuelo y Yo, con los caballeros que, constituyen el Capítulo de las Ordenes, queremos agradecer a todos vuestra presencia aquí.

Hemos participado en un Acto sencillo, pero solemne que, igual que este restaurado Monasterio, creo que demuestra la continuidad del espíritu de las Ordenes y su adaptación al mundo de hoy.

Uclés, que ha sido cabeza de la Orden de Santiago, .desde la donación real cuyo octavo centenario conmemoramos, inicia hoy una nueva andadura que es realidad gracias a la colaboración de muchos.

Muy especialmente quiero resaltar el apoyo fundamental de la Comunidad de Castilla-La Mancha, sin cuya ayuda la restauración no hubiera sido posible. También quiero expresar nuestro agradecimiento a la Diócesis de Cuenca, que alberga aquí a su Seminario y a los patrocinadores y personas que han colaborado en la restauración del Monasterio.

Esta unión ,de esfuerzos de instituciones y personas para el mejor servicio de Dios, de España y de la sociedad, es la idea básica de nuestras Ordenes. Conviene tenerlo siempre presente y, si los objetivos concretos varían, como no puede ser por menos en una historia tan dilatada como la nuestra, la idea básica es inmutable.

Exhorto a mis hermanos caballeros a cumplir fielmente sus votos para el bien de la Patria, de las Ordenes y de los españoles y muy especialmente con miras a dos retos que hoy hemos de tener muy presentes y que nunca nos han sido ajenos; Europa y la América del Siglo XXI, quinientos años después de su descubrimiento. Las Ordenes, que, protegieron y albergaron a los peregrinos del Camino de Santiago y cuya presencia en el Continente Americano es de todos conocida, no deben quedar fuera de esos dos objetivos.

Reiterando nuestro agradecimiento, pido ahora a todos los presentes que levanten su copa por el Rey, nuestro Gran Maestre.

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