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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega de la VI edición del Premio “Jaime Fernández de Araoz de Finanzas Corporativas”

Colegio Universitario de Estudios Financieros. Madrid, 10.09.2015

Buenas tardes a todos.

Blanca, cuánto me impresiona y agrada verte conduciendo esta ceremonia tan especial para todos. No quiero que te desconcentres, sé que tu cometido no es protagonizar nada, sino presentar y ayudar a que todo salga bien; pero discúlpame por ponerte un poco en el foco; soy padre y no puedo evitar pensar en que si el tuyo te viera… seguro que se sentiría muy orgulloso y emocionado como están ahora mismo tu madre Luisa y toda tu familia. Tienes en ellos fantásticos ejemplos, Blanca. Y esto también se lo digo a tus hermanos, por supuesto, a vosotros, Inés y Jaime.

Es realmente una alegría volver a veros a todos con motivo de esta celebración académica, de investigación… ya tan consolidada.

Confieso que me siento reconfortado al verme aquí en la entrega de este Premio en recuerdo de Jaime Fernández de Araoz que, ahora en su 6ª edición, sin duda tiene ya la gran brillantez que merece el enorme cariño con el que lo organizáis, cómo lo cuidáis en todos los detalles, el esfuerzo desinteresado que demuestran tantos en apoyar, patrocinar, participar… y la calidad que demuestran los candidatos, de los que salen tan magníficos premiados. Todo ello, sin bajar el pistón y manteniendo o incluso potenciando aún más el nivel y el rigor, tras doce años de andadura.

Y digo que me siento reconfortado porque desde la pasada edición, como todos sabemos, se han sucedido y me han rodeado muchos acontecimientos –que no hace falta que os diga- que condicionan mi vida, mi agenda y mi presencia en muchos actos. Por eso me alegro de haber podido venir finalmente, aunque comprenderéis que ─aunque quiera─ no lo pueda garantizar siempre en el futuro.

Felicidades de corazón a los que lo habéis hecho ─y seguís haciendo─ posible el premio, a toda la familia Fdez de Araoz que, con tesón, ilusión y método, lo habéis logrado establecer y consolidar en un ámbito tan específico y complejo de la economía, como es el de las finanzas corporativas, que cada día cobra mayor importancia, tanto en nuestro país como en todo el mundo.

Gracias también a CUNEF y a la Universidad Complutense de Madrid por su hospitalidad y, sobre todo, por apoyar esta distinción que cubre un espacio muy relevante en el ámbito de los reconocimientos académicos y de investigación.

Y enhorabuena, por supuesto, a los premiados —Samuel Bentolila, Gabriel Jiménez, Sonia Ruano y Marcel Jansen—, que sois los protagonistas de este acto, por vuestro excelente trabajo en el que analizáis las distintas implicaciones de la reestructuración del sistema financiero llevada a cabo en España en los últimos años, y cómo el sistema crediticio ha afectado al empleo durante la crisis. Realmente debemos felicitar y agradecer también la tarea difícil que ha llevado a cabo el Jurado, al identificar entre los numerosos trabajos de calidad presentados al que, en su criterio más merezca esta distinción.

Empresa e investigación constituyen un binomio cada vez más necesario que es preciso afirmar y desarrollar. La actividad empresarial merece y demanda el mayor perfeccionamiento como fuerza generadora de empleo, riqueza y bienestar para los ciudadanos; las empresas son actores claves de nuestra economía, instrumentos fundamentales para el progreso de una sociedad

Como en otras ediciones, quiero aprovechar esta ocasión para compartir unas breves ideas sobre cuestiones relacionadas con el sentido de este galardón, en particular sobre la empresa y la investigación.

Empresa e investigación constituyen un binomio cada vez más necesario que es preciso afirmar y desarrollar. La actividad empresarial merece y demanda el mayor perfeccionamiento como fuerza generadora de empleo, riqueza y bienestar para los ciudadanos; las empresas son actores claves de nuestra economía, instrumentos fundamentales para el progreso de una sociedad. Por ello, debemos tener una aproximación integral hacia ellas, desde la esencial dimensión socioeconómica y de los valores que las deben regir, hasta los aspectos más técnicos de su funcionamiento, de su gestión, labor, crecimiento y sostenibilidad.

La crisis económica de los últimos años ha dañado nuestro tejido productivo afectando con especial virulencia a las pequeñas y medianas empresas ―también a los autónomos; y recordemos que son ellas las que en nuestro país generan y mantienen la mayor parte de los puestos de trabajo. Sin embargo, ha habido muchas empresas, no solo grandes sino también pymes, que han conseguido resistir y superar las dificultades adoptando medidas modernizadoras, abriéndose al exterior e internacionalizándose en los mercados del mundo.

De este modo, como digo, no solo han podido resistir sino que, en muchos casos, han conseguido crecer y crear riqueza y puestos de trabajo. Y esto es algo por lo que realmente nos tenemos que felicitar. En este sentido, conviene que tomemos buena nota, “científicamente”, de cómo se han logrado esos objetivos, de cuáles han sido las actitudes y, muy particularmente, los procedimientos y las actuaciones específicas que han permitido superar con éxito los desafíos.

Y es aquí donde la investigación, desde rigurosos parámetros científicos y académicos, cobra un alto valor. Si la empresa es objeto, naturalmente, de los análisis más completos desde perspectivas políticas o sociales, también debe serlo desde el enfoque académico que aborde cada uno de sus vértices y elementos. Así, creo ―y me alegra decirlo― que la especialización del premio Jaime Fernández de Araoz hacia las finanzas corporativas es más que pertinente, es necesaria, ya que contribuye a completar el espectro de estudio del mundo empresarial hacia una disciplina que merece la mayor atención, no solo desde un plano teórico sino por razones también absolutamente prácticas.

Al estudiar y profundizar en todas estas temáticas, hemos aprendido y descubierto también que el concepto de empresa ha variado y cambiado paulatinamente a lo largo de los años. Se han ido incorporando concepciones y reglas que eran poco conocidas o asumidas hace pocos lustros.

Me refiero a cuestiones como el buen gobierno corporativo, la responsabilidad social y la involucración, en general, en los temas sociales, más allá del natural impacto social de la propia actividad empresarial. Me refiero también a la preocupación por las cuestiones medioambientales, o a la asunción de la transparencia en su sentido más amplio, tanto en sus aspectos organizativos y productivos, como en su relación con los consumidores y los trabajadores.

El espíritu emprendedor se ha afirmado como motor de la actividad empresarial y cada vez más jóvenes se sienten guiados por ese impulso. La sociedad y las propias empresas han interiorizado el hecho evidente de que la empresa es parte de la sociedad, en ella está integrada y a ella finalmente se debe.

Termino ya estas palabras, y al hacerlo quiero reiterar mi reconocimiento a la familia Fdez de Araoz y a las instituciones que están apoyando esta necesario Premio; y expresar de nuevo, sobre todo, la más afectuosa enhorabuena a los premiados.

Muchas gracias.

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