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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto institucional conmemorativo del XXX Aniversario de la firma del Tratado de Adhesión de España a las Comunidades Europeas

24.06.2015

En este mismo Salón de Columnas del Palacio Real concluyó hace 30 años, de manera solemne, el largo y complejo proceso de incorporación de España a las Comunidades Europeas. España alcanzó finalmente, junto con Portugal, esa anhelada meta, acaso una de las más buscadas de nuestra historia reciente, tras el gran éxito de nuestra transición democrática.

Los años transcurridos a partir de nuestro ingreso en las Comunidades se cuentan entre los mejores de la historia de España. Hemos vivido en libertad y democracia, hemos logrado un desarrollo social y económico sin precedentes y España, recuperando su tradicional vocación universal, se ha abierto al resto del mundo; no solo en términos sociales, económicos, comerciales y de inversión, sino también de mentalidad colectiva y de solidaridad: ahí están décadas de un importante esfuerzo español en cooperación con los países menos desarrollados, y ahí está también nuestra acogida a millones de ciudadanos de otros países.

El pasado 8 de mayo conmemoramos el 70º Aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa, el capítulo más trágico de la historia de nuestro continente. El pasado 25 de marzo se cumplieron los 58 años de la firma de los Tratados de Roma, que marcaron el inicio del gran proyecto europeo de reconciliación e integración política y económica. Gracias a este proyecto, estos casi sesenta años han sido también los mejores de la historia de Europa:

Los Estados miembros compartimos soberanía para trabajar por los intereses de todos los europeos, hemos superado la división en dos Europas ideológicamente contrapuestas y disponemos del mercado interior más dinámico y próspero del mundo. Los europeos contamos con una ciudadanía de la Unión que nos permite, entre otras cosas, desplazarnos y residir libremente en el territorio de todos los Estados miembros, así como el sufragio activo y pasivo en las elecciones al Parlamento Europeo y en las elecciones municipales del Estado miembro en el que residamos. Los europeos gozamos de los derechos, libertades y principios enunciados en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

Son muchos los ejemplos de lo que España ha ganado con Europa y de lo que nuestro país ha aportado a Europa. Por todo ello, como europeo, como español y como Jefe de Estado, es un honor muy grande y un verdadero orgullo presidir este acto con el que conmemoramos 30 años de España en Europa y de Europa con España.

Y me alegra poder afirmar que hoy siento una genuina emoción al evocar este aniversario: por el relato histórico europeo con el que se engarza, por el capítulo nuestro de éxito y reválida ante el mundo, y por la gran obra —viva y, como tal, en continua evolución— que erigieron un gran conjunto de españoles, demócratas, patriotas y entregados a la causa europea, que es la nuestra.

Hace cinco años, tuve la ocasión de acompañar a mi padre, S.M. el Rey Don Juan Carlos, en la celebración del XXV aniversario de aquel 12 de junio de 1985. Hoy, es la primera vez que me corresponde a mi presidir un acto de esta naturaleza, y me alegra especialmente que el Rey Juan Carlos esté con nosotros.

Por ello, en esta ocasión tan señalada y solemne, quiero agradecerle sus profundas convicciones europeas —heredadas también de su padre y mi abuelo Don Juan, Conde de Barcelona—, y todo el trabajo y esfuerzo realizados durante muchos años, para impulsar a España en su singladura europea y conseguir una Europa cada vez más libre, próspera, solidaria e integrada. Gracias, Majestad!

Señoras y señores,

Hoy nos acompañan, en primer lugar, los protagonistas de la negociación y la firma del Tratado de Adhesión. Entre ellos el ex Presidente del Gobierno, Don Felipe González, al que agradecemos sus palabras aquí, y los Ministros de Asuntos Exteriores y los componentes de sus equipos negociadores de sucesivos Gobiernos de España. También agradecemos la tarea posterior tanto de los ex Presidentes del Gobierno Don José María Aznar y Don José Luis Rodríguez Zapatero, así como la del Presidente del Gobierno, Don Mariano Rajoy, y de muchos servidores públicos que han sustanciado y defendido nuestros compromisos e intereses en representación de todos los españoles.

Creo que esta circunstancia simboliza un elemento muy valioso. En efecto, la apuesta de España por la incorporación a la Comunidad fue, desde el año 1977, una opción de consenso y unidad de todos los españoles y de todas las fuerzas políticas. Ese mismo consenso y espíritu de unidad hicieron posible, años antes de la adhesión, la adopción de la Constitución de 1978, norma fundamental de nuestro Estado democrático y de Derecho que ampara y protege los valores en los que se fundamenta la Unión Europea, a saber: el respeto de la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el Estado de Derecho y los derechos humanos. Unidad, consenso y democracia, plasmados desde 1978 en nuestra Constitución, han sido y siguen siendo hoy las claves de nuestro éxito en y con Europa.

Quiero subrayar la presencia con nosotros de destacados representantes de las instituciones europeas y, muy en particular, la del Presidente del Parlamento Europeo y premio Carlomagno, Martin Schulz, que acabamos de escuchar. Muchas gracias, Señor Presidente, por su presencia y por sus palabras en este acto tan significativo para todos nosotros.

con la mirada puesta en el futuro, contar con el apoyo de los ciudadanos, y en especial de los jóvenes, al proyecto de integración europea es la clave para que Europa siga avanzando y logre aprovechar los desafíos de un mundo globalizado

Señoras y señores,

Las instituciones son clave y desempeñan un papel decisivo en el desarrollo del proceso de integración europea. Sin rebajar en ningún caso el nivel de exigencia a la hora de cumplir los criterios establecidos para ello, prestaron a España su apoyo y complicidad para alcanzar el éxito de la adhesión. Hoy, el método comunitario y el juego de las instituciones según los cometidos que les otorgan los Tratados son claves para que Europa sea capaz de avanzar e impulsar las iniciativas que importan a los ciudadanos.

Tras las elecciones al Parlamento Europeo de mayo del año pasado y el relevo en las otras instituciones a finales de 2014, la Unión se ha acercado más a los ciudadanos y ha diseñado una estrategia para los próximos cinco años que hace hincapié en asuntos fundamentales para los europeos.

Treinta años después de la firma de nuestro Tratado de Adhesión y casi sesenta años después de de los Tratados de Roma, Europa debe ser, más que nunca, un proyecto para los ciudadanos y protagonizado por ellos. Esta es la razón por la que hoy nos acompañan en esta conmemoración ciudadanos europeos —españoles y de otros Estados miembros— que viven en nuestro país y que desarrollan actividades importantes para Europa. Se trata de actividades que, de alguna manera, son posibles o se han visto facilitadas de manera decisiva por la integración europea.

Contamos con la presencia de estudiantes de bachillerato españoles que piensan y creen en Europa, como han demostrado con sus trabajos en los premios Euroscola; universitarios europeos que estudian en España y españoles que lo han hecho en otros países europeos en el marco del Programa Erasmus; ciudadanos de otros Estados miembros que desarrollan su actividad en España; participantes en proyectos en España en ámbitos como la I+D+i y el medio ambiente que cuentan con apoyo de la Unión; trabajadores y voluntarios de ONGs en España que han participado en proyectos de cooperación y misiones de emergencia y ayuda humanitaria, como la del Ébola; los españoles que han puesto cara a la ayuda al desarrollo en el marco del Año Europeo del Desarrollo; profesores y académicos comprometidos con Europa; y asociaciones y fundaciones dedicadas a la divulgación y explicación de los asuntos europeos.

Pues con la mirada puesta en el futuro, contar con el apoyo de los ciudadanos, y en especial de los jóvenes, al proyecto de integración europea es la clave para que Europa siga avanzando y logre aprovechar los desafíos de un mundo globalizado. Un mundo que poco tiene que ver con el de los años cincuenta y que es también muy diferente del que vivíamos hace treinta años, cuando se formalizó la incorporación de España a las Comunidades Europeas.

La actividad de los representantes de la sociedad civil que hoy están aquí entre nosotros tiene mucho que ver con los valores europeos. Pero, sobre todo, son la mejor referencia que se puede ofrecer al resto de nuestra sociedad para explicar por qué importa Europa y qué nos aporta Europa.

Los estudiantes y profesores del programa Erasmus son la manifestación de que existe un espacio universitario europeo que permite formarse en cualquier Estado miembro. En cierto modo, ha desaparecido la separación de las universidades por países y los jóvenes están mejor preparados para encontrar un empleo en cualquier lugar de Europa.

Los europeos que desarrollan su actividad en España, al igual que los españoles que lo hacen en Europa, ponen de relieve que ya no hay mercados nacionales sino un Mercado Único sin fronteras, que no solo genera riqueza en el conjunto de la Unión, sino que hace que seamos más competitivos, también en el mercado global.

El crecimiento económico que Europa necesita debe ser un crecimiento inteligente y sostenible que contribuya a la cohesión social. Por eso, la Unión tiene una estrategia y se ha dotado de recursos para impulsar la investigación y la innovación, para proteger el medio ambiente y para combatir eficazmente el cambio climático. Los proyectos en los que trabajan algunos de los invitados que hoy nos acompañan son un magnífico ejemplo de ello.

Por último, señoras y señores, Europa es un proyecto abierto al mundo que se ha dotado de una acción exterior cuyos objetivos son la paz, la estabilidad y el desarrollo en libertad y democracia y desde el respeto de los derechos humanos.

La Unión Europea es también solidaria y desde hace años es el primer donante mundial de Ayuda Oficial al Desarrollo. Pero esta solidaridad no sería posible sin el concurso de personas concretas como algunos de ustedes que trabajan en la cooperación y la ayuda humanitaria.

Estos ciudadanos europeos, de España y de otros Estados miembros, creen que Europa es la mejor opción para hacer frente con éxito a los desafíos de nuestro tiempo, para mantener el Estado de bienestar —que es nuestra seña de identidad— y para que Europa siga progresando y liderando en un mundo globalizado. Han aceptado la invitación que nos hizo Stefan Zweig en tiempos oscuros de nuestro pasado reciente, hoy felizmente superados, de que hiciéramos de Europa la patria de nuestra elección.

Muchas gracias.

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