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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Apertura del IX Encuentro Empresarial Iberoamericano

Panamá, 17.10.2013

P​ermítanme comenzar con mi enhorabuena al Gobierno de Panamá, al Consejo Empresarial de América Latina, CEAL, y a la SEGIB por la organización de este encuentro.  Porque, además de facilitar un flujo de reflexiones, experiencias, conocimientos y puntos de vista que sirvan a sus participantes y a nuestras economías para obtener unas conclusiones concretas, contribuye a estrechar nuestros lazos y a construir la Comunidad Iberoamericana de Naciones.

Al saludar a los participantes del Encuentro, saludo también el trabajo del mundo empresarial iberoamericano y el empeño de sus profesionales en compartir ideas, proyectos y decisiones. Para mí es un privilegio y me alegra poder participar y compartir con todos los presentes este foro, que sinceramente debe animarnos ante las posibilidades y oportunidades de un futuro cada día más compartido.

Quienes conformamos la Comunidad Iberoamericana de Naciones sentimos, hace 9 años, en la Cumbre de Salamanca, la necesidad de reunir a los protagonistas de la actividad económica en un Encuentro Empresarial paralelo a la Cumbre. Una cita que quiere ofrecer a la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno una perspectiva empresarial de la realidad económica iberoamericana y de los retos y oportunidades que tenemos por delante.

La internacionalización de la economía empezó en gran medida aquí en América. Permítanme por eso que traiga aquí a la memoria la hazaña del extremeño Vasco Núñez de Balboa, el primer europeo en divisar el Océano Pacífico, la de Ponce de León, el descubridor de Florida, la de Fray Junípero Serra, que evangelizó California, o la de Pedro Martínez de Avilés que fundó la primera ciudad europea en EEUU.

Si aquellas hazañas fueron un claro impulso pionero, no es menos cierto que el actual proceso de globalización que ahora estamos viviendo es muy distinto a los que ha vivido la Humanidad en épocas anteriores. Lo que realmente caracteriza al actual es la dimensión de las empresas multinacionales. Unas empresas que pueden diversificar a voluntad el proceso de producción y colocar a sus empresas rápidamente en cualquier lugar del mundo.

A día de hoy, entre las 150 economías más grandes del mundo, 87 son empresas multinacionales y sólo 63 son Estados-Nación. Por ser tan grandes pueden dictar decisiones para políticas que se imponen a los Estados soberanos. La regionalización, la agrupación de Estados, es la única respuesta posible a este proceso de globalización. Por eso, iniciativas como MERCOSUR, UNASUR, CELAC o el Pacto Andino son hoy más necesarias que nunca. Un proceso de integración que debe avanzar a un ritmo aún más intenso en los próximos años.

La globalización se ha traducido en cambios geoestratégicos extraordinarios porque algunos países han sabido aprovechar el viento mejor que otros. Para mi es una satisfacción personal comprobar que América Latina es una región en ascenso, políticamente estable, económicamente próspera y con vocación de actor regional. ¿Quién recuerda hoy que hace diez años se hablaba de la década perdida? Pues Iberoamérica ?este foro, y todo lo que podamos y queramos hacer juntos? supone un refuerzo a esa realidad.

América latina está creciendo a ritmos envidiables pero quien más está creciendo es la región de Asia-Pacífico. Una región que suma la mitad de la población mundial, representa el 40% del PIB mundial y atesora el 80% de las reservas de divisas y las más altas tasas regionales de crecimiento económico. China será en 2025 el primer exportador del mundo. China e India representarán en el 2050 el 50% de la riqueza mundial. Lo mismo, por cierto, que ocurría ya a principios del siglo XIX.

Por eso es un acierto la Alianza del Pacífico, otro movimiento de integración regional que nació con el propósito de promover un mercado sin trabas internas entre sus miembros y de responder a ese “desplazamiento de la riqueza” hacia Oriente, hacia Asia y el Pacífico. España es observador, pero quiere ser un observador “activo” y no un simple observador “pasivo”.

América latina, el empresariado iberoamericano, no puede dejar de mirar hacia Asia, pero no puede olvidarse de Europa. La UE representa una cuarta parte del PIB mundial y genera una proporción muy similar del comercio mundial; es el segundo socio comercial de América Latina y será un actor aún más relevante cuando se apruebe el Acuerdo de Comercio e Inversión con los EEUU. Un Acuerdo que ?por cierto? certificará el nacimiento del área comercial más grande del mundo.

Iberoamérica debe enfrentarse a estos procesos de integración a la vez que afronta otros retos de envergadura: mejorar el nivel de innovación tecnológica, la educación, el intercambio de conocimiento y talento, el tamaño empresarial, las infraestructuras de transporte y comunicaciones y, también, la distribución equilibrada de los avances en la calidad de vida.

la globalización se ha traducido en cambios geoestratégicos extraordinarios porque algunos países han sabido aprovechar el viento mejor que otros. Para mi es una satisfacción personal comprobar que América Latina es una región en ascenso, políticamente estable, económicamente próspera y con vocación de actor regional. ¿Quién recuerda hoy que hace diez años se hablaba de la década perdida? Pues Iberoamérica ‒este foro, y todo lo que podamos y queramos hacer juntos‒ supone un refuerzo a esa realidad.

España, por respeto a su propia dimensión histórica y a su vocación internacional, presta la mayor atención y contribuye a esta evolución de la economía iberoamericana. No es pues casualidad, sino plena asunción de nuestros valores y de nuestra responsabilidad, el hecho de que, cuando España estuvo preparada para asomarse al exterior, Iberoamérica fuera nuestro primer destino natural.

Las relaciones comerciales entre España y Latinoamérica se han duplicado en los últimos 10 años, alcanzando su cifra máxima en el año 2012. En los últimos 5 años, el crecimiento ha sido de un 45% y, en 2012, el comercio bilateral se valoraba en 33.580 M€.

Otro tanto ocurre con las inversiones españolas que, en 2011 alcanzaron una cifra superior a los 180.000 M$. En 2012, a pesar de la crisis internacional la inversión española representó el 14% de la inversión exterior en la región. Las inversiones extranjeras en general, y las españolas en particular, han crecido a medida que ha mejorado el marco legal y la seguridad jurídica que son condiciones esenciales para la adopción de decisiones estratégicas empresariales de esta envergadura.

Mucho han contribuido a robustecer este marco legal y a afianzar la seguridad jurídica los acuerdos de asociación, concluidos con Chile, México, Perú, Colombia, y Centroamérica.

España se congratula de ser el vértice vertebrador de estas relaciones, tanto para canalizar las inversiones europeas en Iberoamérica, como para ser el puente de las crecientes inversiones y toma de posición de América Latina en Europa. Oportunidad cada vez más utilizada por las Empresas Multilatinas que son cada día más competitivas y  apuestan más por sectores tecnológicos avanzados. Hoy, 23 de ellas están entre las 100 mayores firmas globales de mercados emergentes. España es la puerta de entrada a Europa y, de hecho, algunas de esas empresas ya están aprovechando las ventajas de nuestro país como plataforma.

Hasta hace pocos años eran las grandes empresas las protagonistas de este viaje de ida y vuelta entre Europa y América, entre América y Europa. Ahora toca facilitar el viaje a las pequeñas y medianas empresas. Empresas que, en nuestro país, suman el 90% del tejido empresarial y crean el 70% del empleo. La necesidad de búsqueda de socios locales para la implantación de las pymes es una virtud, pues ayuda a desarrollar el tejido empresarial del país de destino.

Son las PYMEs las que están sufriendo en mayor medida la crisis económica y, por ello, la Cumbre de Cádiz aprobó la Carta Iberoamericana de la MIPYME, que recoge el compromiso de todos los gobiernos de la región para fomentar la competitividad y calidad de las PYMES, así como para facilitar su implantación en el espacio iberoamericano.

Por último, quisiera compartir con este foro algunas noticias de la vida económica de España que muchos de mis compatriotas aquí presentes conocen de primera mano: aunque persisten las dificultades, las perspectivas son positivas; para fines de este año, se espera que volvamos a la senda de crecimiento y que esa tendencia se consolide en el 2014.

Los datos de fuentes diversas son elocuentes en reducción del déficit público y de deuda privada; aunque persiste una elevada tasa de paro, España está recuperando competitividad; la productividad se ha incrementado sensiblemente; y tenemos un sector financiero más solvente y eficiente.

Nos queda mucho camino por recorrer, pero la economía española está encontrando su camino.  Se han corregido muchos de sus principales desequilibrios y hemos recuperado la confianza internacional, como lo refrenda la entrada de capitales de los últimos meses, la apuesta de grandes grupos de inversión (multinacionales del sector automoción, por ejemplo) y la considerable caída de la prima de riesgo, así como los informes de prestigiosos analistas y bancos de inversión extranjeros.

En fin, esa recuperación tiene -además- unos cimientos sólidos: España es la 4ª mayor economía de la zona Euro y la 13ª del mundo en términos de PIB. Las empresas españolas son líderes mundiales en algunos sectores clave, incluidos aquellos con un elevado componente tecnológico, como las energías renovables, la gestión de las infraestructuras, biotecnología, tecnología medioambiental o el tratamiento del agua.

Señoras y señores, ya termino, pero querría antes de despedirme expresar mi reconocimiento a la función social de los empresarios como creadores de riqueza y empleo. El trabajo de ustedes como emprendedores requiere también esta puesta en común anual, para que la Cumbre Iberoamericana conozca vuestros diagnósticos y vuestras propuestas; y para que -a su vez- nuestras sociedades tomen mayor conciencia y participen más de la realidad y oportunidad histórica que ofrece nuestra comunidad Iberoamericana de naciones.

Confío en el éxito de los trabajos de este Encuentro y reitero mi agradecimiento por vuestro esfuerzo de siempre en momentos de desafío, así como por vuestra hospitalidad de hoy y por vuestro permanente compromiso iberoamericano.

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