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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de entrega de V Premio de Derechos Humanos Rey de España

Universidad de Alcalá de Henares. Madrid, 10.09.2013

Una vez más nos reunimos en este espacio solemne, convocados con la intención de honrar a quienes se han distinguido en el noble esfuerzo de la defensa de los derechos de todos. La sociedad española se siente cercana y comprometida con quienes luchan diariamente por la vigencia de los derechos básicos de las personas en cualquier lugar del mundo.

Pero tal cercanía es aún mayor —por hondos motivos históricos y afectivos— cuando se refiere a los países hermanos de la Comunidad Iberoamericana. De ahí mi satisfacción al presidir la celebración de esta Quinta Edición del Premio de Derechos Humanos que conceden el Defensor del Pueblo y la Universidad de Alcalá.

La vigencia de los Derechos Humanos y su observancia —especialmente por los poderes públicos— son la mejor garantía para la vertebración de la sociedad y para afrontar los retos que se nos planteen.

No podemos olvidar que la dignidad humana es una premisa esencial para toda construcción social justa.

Es, pues, tarea de todos, —cualquiera que sea nuestro ámbito de actividad—, colaborar en la realización de los principios de justicia y solidaridad.

En este ámbito, toda implicación resulta necesaria, desde las actuaciones de promoción de las libertades impulsadas por los Gobiernos democráticos, hasta las más modestas propuestas de acción comunitaria o vecinal.

Este Premio pretende alentar el trabajo extraordinario que algunas personas generosas han convertido, además, en una tarea de vida.

Aunque nadie duda que el mejor galardón es conseguir ayudar a los seres humanos que se encuentran en situación de mayor precariedad, lo cierto es que un reconocimiento como el que hoy nos congrega debe suponer un estímulo para quienes ponen lo mejor de sí mismos a favor de la protección y el impulso de los Derechos Humanos.

La mejor expresión de los anhelos de los pueblos se manifiesta en el constante perfeccionamiento de sus instituciones democráticas y en las iniciativas sociales que construyen el futuro y promueven los valores de libertad, justicia y solidaridad. Juntas —instituciones y sociedad civil— pueden hacer realidad las aspiraciones de todos los que compartimos el deseo de alcanzar una sociedad cada día mejor por más justa

Pero, con frecuencia, la dedicación más abnegada se enfrenta con serias limitaciones materiales.

En ese contexto, el apoyo de los organismos oficiales así como las muestras de reconocimiento social contribuyen a dar continuidad a ese esfuerzo.  El Premio que hoy entregamos es también, en definitiva, un modo de incentivar esa perseverancia de la que, en última instancia, no solo se benefician los más vulnerables sino, en realidad, el conjunto de la sociedad.

La entidad galardonada, —la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos de México—, lleva por lema “Todos los derechos para todas y todos”. Ya hemos conocido cuáles son sus altos méritos. A la Red TDT y a las 73 organizaciones que la integran, nuestra enhorabuena más afectuosa.

El Jurado del Premio —a quien agradecemos el trabajo realizado en su siempre difícil labor— ha querido también otorgar menciones honoríficas a dos organizaciones que gozan de un amplio reconocimiento: la Asociación Comisión Católica Española de Migración y la Fundación Tierra de Hombres de Colombia.

Sabemos que estas entidades se sustentan en el esfuerzo y en la vocación de ayuda a los demás de las personas que en ellas trabajan o colaboran. La generosidad y la dedicación de estos hombres y mujeres son especialmente valiosas pues constituyen un recurso fundamental para lograr unos objetivos que tantas veces pueden parecer inalcanzables.

Señoras y Señores,

La Corona afirma hoy y en todo momento su firme compromiso con la tarea irrenunciable de protección de los Derechos Humanos. El empeño de todos ha de ser promover, tal y como recuerda nuestra Constitución, la dignidad humana, los derechos inviolables de toda persona, el libre desarrollo de la personalidad y el respeto a la Ley y a los derechos de los demás.

La mejor expresión de los anhelos de los pueblos se manifiesta en el constante perfeccionamiento de sus instituciones democráticas y en las iniciativas sociales que construyen el futuro y promueven los valores de libertad, justicia y solidaridad. Juntas —instituciones y sociedad civil— pueden hacer realidad las aspiraciones de todos los que compartimos el deseo de alcanzar una sociedad cada día mejor por más justa.

Con este deseo quiero terminar mis palabras reiterando mi agradecimiento a todos los que aportan su trabajo a la causa de los Derechos Humanos y, entre ellos muy especialmente, a aquéllos cuyo empeño ha merecido el reconocimiento del jurado de este galardón.

Muchas gracias.​

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