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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la cena con representantes del sector agroalimentario.

Jaén, 15.04.2002

M

e alegra mucho tener ocasión de reunirme en esta cena con los representantes del sector agroalimentario de esta Comunidad, una de las claves fundamentales de la realidad andaluza.

El vuestro no es sólo un sector productivo, sino un fenómeno global al que podemos aproximarnos desde muchos puntos de vista, muy prometedores.

En primer lugar, como uno de los capítulos más interesantes del proceso de renovación que está acometiendo esta Comunidad, y al que sinceramente deseo toda clase de éxitos, ya que cada uno de esos éxitos lo será, por supuesto, de los andaluces, pero también de todos los españoles.

Además, por el peso que tiene este sector industrial en el conjunto de la economía regional, tanto por su capacidad de generar empleo, como por el valor añadido que de manera creciente otorga a los productos de la tierra.

Y, finalmente por el carácter que buena parte de las agroindustrias andaluzas están teniendo como motor económico de las áreas rurales, en las que tantas de ellas se establecen, ocupando a decenas de miles de personas y ayudando a fijar población en territorios no urbanos.

La industria agroalimentaria en general se desenvuelve actualmente en un marco de profundas transformaciones, definidas por los cambios de la Política Agrícola Común, la entrada en vigor del Mercado Único y de la Unión Económica y Monetaria, los compromisos suscritos en el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC), y los Acuerdos preferenciales de la Unión Europea con los países terceros, que tienden a la progresiva liberalización del mercado.

Como bien sabéis estos cambios afectan no sólo al marco normativo o a los mercados nacionales e internacionales, sino, sobre todo, a la propia concepción del papel que desempeña el sector agroindustrial en el conjunto de la economía y de la sociedad.

En este contexto es obligada la búsqueda de mayores niveles de competitividad y productividad que permitan impulsar el entramado socioeconómico que la actividad agroalimentaria genera en Andalucía. Siempre salvaguardando los equilibrios y precauciones que hoy demanda la protección al Medio Ambiente, la seguridad alimentaria y la progresiva y obligada apertura de Mercados.

Debemos felicitarnos de que su respuesta a estos requerimientos haya sido pronta y clara. El sector agroalimentario ha registrado grandes avances tecnológicos en los últimos diez años, gracias a un proceso de innovación reforzado por las inversiones realizadas por los empresarios agroindustriales.

Por otra parte, Andalucía ha realizado un importante avance en la identificación de la calidad y en el aumento del prestigio de sus productos, como elemento esencial para competir adecuadamente y satisfacer al consumidor. De siete Denominaciones de Origen que existían a principios de los noventa, se ha pasado a las diecinueve en la actualidad.

Además, la Producción Integrada, como sistema de alta calidad, que conjuga calidad y respeto por el medio ambiente, alcanza ya en Andalucía niveles relevantes, fundamentalmente en los sectores de la fresa y el arroz.

En un mercado internacionalizado y tendente hacia la homogeneización, será sin duda la calidad y la seguridad alimentaria las que marquen las diferencias entre productos, de cara a un consumidor cada vez más exigente.

En la actualidad su incidencia es definitiva en la competitividad de todas las empresas en general, y de las agroalimentarias en particular. La introducción de este concepto, tanto en lo que se refiere a la calidad del producto, como del proceso productivo y de los servicios ofertados constituye una herramienta estratégica fundamental para asegurar una comercialización eficaz de los productos.

Conseguir este objetivo es tarea conjunta de las Administraciones, a través de sus actuaciones de control de calidad, y de las empresas y sus mecanismos propios de autocontrol. Pero además el concierto y cooperación en esta área es fundamental para garantizar los derechos de los consumidores, el sostenimiento y crecimiento de la agroindustria y el desarrollo del medio rural.

Como vemos las exigencias del proceso productivo facilitan la comercialización de una serie de productos que en el caso de Andalucía tienen una fama bien cimentada y un renombre en muchos casos universal.

Todos ellos confluyen en nuestros días en un concepto que hoy circula con fortuna en los ambientes especializados y en la mentalidad de los clientes y consumidores.

Me refiero a la dieta mediterránea, que, al margen de sus bondades culinarias, reconocidas mundialmente, es importante como aportación a una vida saludable, y particularmente, en el caso andaluz, lo es como expresión de una cultura milenaria, que conjuga una tradición ya consolidada con importantes posibilidades de futuro.

Todos estos aspectos (y algún otro que me gustaría recalcar, como el valor ecológico de una agricultura respetuosa con el medio por necesidad y convicción) son los ejes por los que circula y crece el esfuerzo y la dedicación que todos ustedes vierten su tarea, demostrando ser ejemplo y garantía de una evolución muy positiva que contribuye en tan alto grado al bienestar y la prosperidad de nuestra querida Andalucía, que tanto lo merece.

Enhorabuena, y muchas gracias.

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