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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la inauguración de la II Conferencia Anual Europea de Energía y Transportes.

Barcelona, 12.11.2002

M

e satisface tener la oportunidad de presidir la sesión inaugural de esta II edición de la Conferencia Anual sobre Energía y Transportes, organizada por la Comisión Europea, que este año ha elegido como tema de reflexión el de las infraestructuras para la Europa del mañana.

Quiero ante todo dirigir mi saludo a las autoridades que nos acompañan, expresar mi felicitación a los organizadores de esta reunión, y dar mi afectuosa bienvenida a cuantos van a participar en sus sesiones.

Estoy seguro de que el intercambio de ideas que aquí van a producirse dará lugar a un debate que pueda traducirse en acciones operativas, y que contribuirá a enriquecer las futuras propuestas de la Comisión.

El tema que van a tratar estos días ilustra los numerosos puntos comunes de la energía y los transportes, a través de las redes transeuropeas. Sin ellas, la libre circulación de bienes y personas no sería más que una frase vacía de contenido, y el mercado interior no funcionaría de la manera "armoniosa" que preconiza el Tratado de Roma.

La libre circulación en un espacio sin fronteras interiores se ha convertido en una necesidad, e incluso en un derecho, para el ciudadano, el hombre de negocios, el intelectual y el artista, el estudiante que participa en el programa Erasmus, y también en lo que se refiere a los bienes, productos y servicios culturales, financieros e industriales.

Pero cuanto mayor sea la libertad de circulación, más necesaria resulta la construcción de unas redes que van a tener un efecto inmediato sobre la integración de las economías de Europa y el aumento de su competitividad.

Y también sobre el bienestar de sus ciudadanos. En este sentido, considero muy positivo que la agenda de esta Conferencia dedique particular atención a los aspectos que conciernen específicamente a los europeos como ciudadanos, usuarios y consumidores, a sus derechos, condiciones de vida y preocupaciones cotidianas.

Los documentos de trabajo de esta reunión destacan la necesidad de trabajar en función de las necesidades colectivas de la sociedad en su conjunto, y el papel de los servicios de interés general en la promoción de la cohesión social y territorial.

Recogen la reclamación por los usuarios de los transportes de una mayor protección de sus derechos y la preocupación por fortalecer la seguridad del abastecimiento de energía mediante el desarrollo de mercados transfronterizos.

E incluyen, en fin, recomendaciones como la de que los sistemas y modos de transporte no refuercen las discriminaciones sociales, o la de repartir equitativamente los beneficios de las nuevas infraestructuras, teniendo en cuenta a los residentes en las cercanías.

Todas estas son manifestaciones significativas de un espíritu que los responsables de la construcción europea, y de las políticas que la materializan y su ejecución, nunca pueden perder de vista.

Pues debemos preocuparnos de que cada avance en el progreso de la Unión se perciba por los europeos como algo que les atañe directamente, y les aporta ventajas concretas. Incrementando su prosperidad puramente material, y también promoviendo otros aspectos aparentemente menos remuneradores, pero de especial relevancia colectiva, como los de la calidad de vida, la accesibilidad a los bienes y servicios comunes, y la elección de los medios e instrumentos más respetuosos con el medio ambiente y la conservación de los recursos naturales.

Las políticas de energía y transportes no se agotan en la construcción de infraestructuras. Incluyen otros capítulos tan importantes como el mercado interior, basado en una sana competencia y en las garantías de servicio público que garanticen un reparto equitativo de los beneficios a los consumidores; o la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, en cumplimiento de los compromisos adquiridos en el Protocolo de Kioto.

Energía y transportes son también áreas a las que la acción reglamentaria de la Comisión ha dedicado especial atención, en campos como la seguridad marítima, la revitalización del ferrocarril, o el lanzamiento del programa Galileo.

Finalmente, estos dos sectores apuestan decididamente por la innovación, se benefician de un importante apoyo comunitario a la investigación, e implican la incorporación de tecnologías muy avanzadas, como tendremos ocasión de comprobar en la exposición de proyectos y resultados que visitaremos a continuación.

La reflexión y el diálogo que van ustedes a abordar estos días nos interesan a todos, pues afectan a aspectos muy importantes de la vida cotidiana de los europeos. Les animo, pues, a encontrar fórmulas y caminos que faciliten la circulación de este sistema arterial de nuestro continente.

Declaro inaugurada la II Conferencia Anual Europea de Energía y Transportes.

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