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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la entrega de los Premios Príncipe Felipe a la Excelencia Empresarial.

Madrid, 20.11.2002

N

uevamente nos encontramos en esta secular tradición de rendir homenaje e impulsar con ello la excelencia en la empresa española. Me satisface mucho hacer entrega de estos premios que llevan mi nombre y me llena de orgullo sentirme identificado con los que constituís un verdadero ejemplo a seguir para las empresas de nuestro país.

Con este motivo, quiero comenzar expresando mi felicitación a los Ministros de Economía, y de Ciencia y Tecnología, por la continuidad a lo largo de las VII ediciones de estas recompensas, que manifiestan el reconocimiento de las instituciones, y de la sociedad en general, a las empresas españolas que se distinguen en su esfuerzo por mejorar su actividad productiva, la eficacia de su gestión y su competitividad.

La imagen de España como país dinámico en continuo crecimiento depende muy principalmente de las apuestas de nuestras empresas por la modernización y renovación.

Nos sentimos orgullosos del esfuerzo realizado por nuestros empresarios para adaptarse a la dinámica del cambio económico y a los retos que la implantación de la moneda única han supuesto para nuestro país.

La incorporación de nuevas tecnologías, y el desarrollo de lo que hoy conocemos como mercado global, están transformando de forma acelerada el entorno y las condiciones en las que se desenvuelve la actividad empresarial y económica.

Para responder adecuadamente a las exigencias de este escenario, las empresas tienen en la innovación -entendiendo este concepto de la forma más amplia posible-, una de las principales estrategias para responder a la presión competitiva del entorno, y mantener una posición relevante en la economía global.

La introducción del euro es otro de los factores responsables de la creciente integración de los mercados de bienes y servicios, que ineludiblemente impulsa a las empresas europeas a ampliar las fronteras de su actividad. El ámbito de referencia de las nuestras, por lo tanto, ya no es el mercado nacional, ni siquiera el europeo, sino que se amplía considerablemente, convirtiendo la internacionalización en otro factor estratégico.

Pues las actuales circunstancias plantean nuevos interrogantes que, lógicamente, preocupan a nuestras empresas, pero también es cierto que les ofrecen mercados más amplios, oportunidades de negocio y posibilidades de establecer nuevas relaciones comerciales.

En el camino hacia la economía post-industrial, los empresarios españoles han ido asimilando y adaptándose a estas transformaciones. Y no sólo en el caso de las grandes compañías españolas, que ya operan en países de Europa, América o Asia, sino también en el de las pequeñas y medianas empresas que, cada vez en mayor número, están abriéndose a los mercados exteriores.

Mantener esta dinámica es fundamental para asegurar el crecimiento estable de nuestra economía. El compromiso y el diálogo social deben ser la base para estudiar y desarrollar nuevas estrategias y nuevas políticas que nos ayuden en esta tarea.

Los Premios a la Excelencia Empresarial nos dan a conocer los avances más recientes en esta materia, y estimulan con su ejemplo a emprender nuevos proyectos de mejora y eficiencia.

Los sistemas de calidad, el uso racional de la energía, la gestión de la marca, el diseño, las nuevas tecnologías, y en particular las de la información y de las comunicaciones, una mayor presencia en los mercados externos, y, por supuesto, la competitividad, son los capítulos distinguidos este año, los más representativos de un concepto, cada día más afinado, de la excelencia empresarial.

Al felicitar a todos y cada uno de los galardonados por los méritos de su trayectoria en esto sectores, les doy gracias por su contribución al progreso económico de la sociedad española y a la calidad de vida de sus ciudadanos, y les deseo que la larga serie de ambiciosas vocaciones que hoy ilustran con sus nombres siga incrementándose con muchos nuevos en años venideros.

Muchas gracias.

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