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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega del I Premio Internacional Conde de Barcelona a The New York Times

Barcelona, 10.12.2002

A

nte todo, quiero felicitar a la Fundación Conde de Barcelona, por la iniciativa de instituir un Premio Internacional para reconocer el valor de la palabra, como vehículo para resolver los problemas con que se enfrenta el mundo moderno.

Claro que ésta tiene que ser una palabra consciente y autorizada. De ahí que el mérito de quienes deciden este galardón se multiplica al concederlo a The New York Times, tan adecuadamente representado en este acto por su presidente Señor Arthur O. Sulzberger, por su labor informativa tras el 11 de septiembre.

El terrorismo es hoy uno de los problemas más urgentes de un tiempo, el nuestro, especialmente complejo. Es una amenaza destructiva e indiscriminada, que ataca sin piedad lo más íntimo y sagrado: la vida humana, su convivencia y concordia, la libertad, la justicia y la paz.

Para enfrentarnos a su agresión, necesitamos más que nunca las palabras que unen y no destruyen, las que nos estimulan para seguir viviendo tras la tragedia, y transforman la compasión y el sufrimiento en semilla del rearme moral y la solidaridad ciudadana.

"The New York Times" supo cumplir esta tarea con convicción y dignidad. Se comprometió directamente a promover la recuperación de la sociedad neoyorquina, poniéndose directamente al lado de las víctimas, y reivindicando el testimonio y la memoria de centenares de héroes anónimos, en términos especialmente expresivos por su sinceridad y sencillez.

Pero lo más importante es que nos dio una lección de periodismo, de excelente periodismo. Desde el principio, aunando la expresa decisión de sus editores y el convencimiento de sus periodistas. En su estilo, el de una contención de gran clase y, por serlo, más duradera y efectiva. Por su objetivo, el de una catarsis colectiva profunda, positiva y madurada.

El 11 de Septiembre empezó un largo y difícil proceso, que se manifestó en un esfuerzo generalizado a favor de una cooperación internacional contra el terrorismo. Hoy los gobiernos intentan enfrentarse a esta amenaza buscando el mayor equilibrio entre seguridad y libertad. Porque una sociedad que no se siente segura no será auténticamente libre. Pero una sociedad que no sea libre tampoco podrá ser segura.

Por último, quiero recoger aquella frase que dice que en una guerra la primera víctima es la verdad. Para celebrar que, gracias a esfuerzos como el que hoy reconocemos y agradecemos a The New York Times, tenemos la seguridad y la satisfacción de que la Verdad, con mayúsculas, haya sobrevivido y siga iluminando nuestro camino.

Permitidme terminar recordando que este Premio, y el motivo por el que hoy lo entrego, hubiera gustado mucho a mi Padre, luchador infatigable de la palabra, de una palabra que tuvo la satisfacción y el orgullo de ver al fin realizada por todos y en todos los españoles.

Enhorabuena y muchas gracias.

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