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Palabras de Su Majestad el Rey en la Recepción al Cuerpo Diplomático acreditado en España.

Palacio Real de Madrid, 23.01.2003

S

eñor Nuncio Apostólico,Señoras y Señores Embajadores:

Deseo, en primer lugar, expresarles mi agradecimiento por su asistencia a esta tradicional recepción, así como por las muy afectuosas y acertadas palabras que nos acaba de dirigir el Decano del Cuerpo Diplomático.

Al comenzar este año, la Reina y Yo queremos transmitirles, junto a todos los Miembros de nuestra Familia, nuestros más sinceros deseos de ventura, paz y prosperidad, tanto en el plano personal, como para los distintos países que tan dignamente representan.

Como bien saben, desde principios de enero España ha asumido la condición de Miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para el bienio 2003 - 2004, en plena consonancia con nuestra voluntad de ejercer mayores cuotas de responsabilidad en la escena internacional. Agradezco la confianza expresada por todos los países que nos han apoyado. Respetaremos los compromisos adquiridos y seremos fieles garantes de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.

Estaremos presentes en el Consejo de Seguridad en un momento de enormes desafíos para el mundo. Asumimos nuestras responsabilidades conscientes de la principal función que la Carta de las Naciones Unidas encomienda al Consejo: la preservación de la paz y la seguridad internacionales. España participará activamente en esa labor, poniendo énfasis particular en los trabajos del Comité contra el Terrorismo cuya Presidencia asumirá en fechas próximas.

Esta participación en los asuntos globales es compatible con una atención permanente hacia las áreas tradicionales de nuestra política exterior: nuestra identidad europea, nuestra esencia iberoamericana y nuestra pertenencia al mundo mediterráneo. Asia y el vínculo transatlántico se configuran también como ámbitos de creciente interés y dinamismo para nuestra política exterior, junto a la política de cooperación al desarrollo.

El año pasado Europa dio pasos de enorme trascendencia. Asistimos a la puesta en circulación del Euro, símbolo tangible de una Unión Europea que progresa y se consolida. La Presidencia española de la Unión fue un momento de especial compromiso con este proyecto que compartimos; su lema, "Más Europa", resumía nuestra voluntad de impulsar la construcción de una Europa más unida, más dinámica y que ofrezca más libertad y seguridad a todos.

La ampliación de la Unión Europea fue uno de los asuntos prioritarios de la Presidencia española. Los logros alcanzados durante este período allanaron el camino y facilitaron el éxito histórico del Consejo Europeo de Copenhague.

La llegada de diez nuevos socios a la Unión Europea, la incorporación prevista de dos miembros más -Bulgaria y Rumanía- y la preparación de la adhesión futura de Turquía, constituyen el paso más importante realizado por Europa para romper con un pasado de división y enfrentamientos y edificar, en su lugar, un continente cada vez más unido.

En paralelo a la ampliación, la Unión Europea ha iniciado una profunda reflexión sobre su futuro. La Europa de los "veinticinco" -y en los años venideros de los "veintiocho"- no puede regirse por las mismas reglas y procedimientos que la Europa del Tratado de Roma. La Convención está llamada a proponer soluciones y fórmulas a la Conferencia Intergubernamental que permitan una Europa más eficaz y más próxima a sus ciudadanos.

Iberoamérica representa otro de los vértices esenciales de la acción exterior de España. Con Iberoamérica nos unen, historia, lengua, cultura y lazos de sangre. Pero también compartimos los mismos valores políticos. La democracia y el reconocimiento y respeto de los derechos humanos son, por fortuna, señas de identidad de la Comunidad Iberoamericana.

España concentra en Iberoamérica gran parte de su cooperación al desarrollo y de sus inversiones. Esta apuesta busca la consolidación de Iberoamérica como una zona estable, de sólidas instituciones democráticas, integrada y abierta al mundo.

Ante Iberoamérica se abre un horizonte de esperanza. España sigue comprometida con ella, porque nuestra alianza es estratégica, y no coyuntural. Los españoles estamos convencidos de que la estabilidad y la prosperidad volverán a dominar plenamente su evolución económica y social.

En la última Cumbre Iberoamericana en la República Dominicana creamos un grupo de reflexión que, dirigido por el Presidente Cardoso, realizará propuestas para dar mayor contenido y agilidad al sistema de las Cumbres. Queremos con ello que Iberoamérica tenga su lugar singularizado en el mundo. De esta manera, hará valer su extraordinario potencial en beneficio de las Naciones que conforman esta Comunidad y de la comunidad internacional en su conjunto.

Señor Nuncio Apostólico,Señoras y Señores Embajadores:

El Mediterráneo es otra zona prioritaria de nuestra política exterior, especialmente el vecino Magreb. La cercanía geográfica crea una comunidad de intereses que debemos gestionar conjuntamente en beneficio de todos. España desea fortalecer las relaciones de amistad y cooperación con todos los países del Magreb.

En el ámbito del Mediterráneo, el Proceso de Barcelona constituye un marco adecuado para avanzar hacia la creación de una zona compartida de seguridad y prosperidad.

La situación en Oriente Medio reclama un compromiso aún mayor de todas las partes para revertir el proceso de deterioro actual. La Comunidad Internacional ha exigido a las partes su decidida voluntad de poner punto final a la espiral de violencia, y así permitir la negociación de una paz justa, global y duradera que termine con el conflicto.

Por otro lado, quiero recordar especialmente al continente africano, asolado por catástrofes y víctima de conflictos armados, en el que, sin embargo, asistimos a un esperanzador surgimiento de iniciativas estrictamente africanas. Éstas persiguen su desarrollo en un marco de fortalecimiento de las instituciones democráticas y del respeto de los derechos humanos. No podemos negar nuestra solidaridad y nuestro apoyo generoso a dichas iniciativas.

Al referirme al Continente africano, quiero dejar constancia de nuestro gran pesar por el reciente fallecimiento del Señor Embajador del Camerún en España.

En cuanto a Asia y el Pacífico, España ha dado en los últimos años un notable impulso a sus relaciones con esta región, que se ha plasmado en la puesta en marcha, por un lado, de un Plan Estratégico con objetivos puntuales y, por otro lado, en la creación de la "Casa Asia" en Barcelona para fomentar el conocimiento recíproco.

Mención aparte, dentro del vínculo transatlántico, merecen las relaciones entre España y los Estados Unidos que comparten una visión de las relaciones internacionales basada en la democracia y el respeto integral de los derechos del individuo, y trabajan codo con codo para lograr este objetivo.

El mundo de hoy ofrece sin duda nuevas oportunidades de cooperación para fomentar el progreso, el desarrollo y un futuro mejor para todas las Naciones. Un ámbito de especial relevancia es el de la defensa del Medio Ambiente. Ni la contaminación ni las agresiones ecológicas entienden de fronteras. Aquí también, la acción conjunta de todos los países es una necesidad ineludible.

La catástrofe del Prestige ha colocado esta necesidad en el centro de las preocupaciones de España. Quiero agradecer a todos los países que nos han apoyado, y nos siguen apoyando, para superar los efectos de esta calamidad.

España ha impulsado una reforma del sistema internacional de seguridad marítima para prevenir este tipo de desastres y para exigir responsabilidades a los desaprensivos que los causan. La Unión Europea ha adoptado importantes decisiones al respecto. Trabajamos para que esos mismos principios sean adoptados a escala internacional.

Señor Nuncio Apostólico,Señoras y Señores Embajadores:

Hace doce meses nos reuníamos aquí, todavía conmocionados por el horror de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos. Esa barbarie nos reafirmaba en los valores de la convivencia civilizada y en la necesidad de la firmeza en la lucha conjunta para acabar con el terrorismo.

Como de nuevo han puesto de manifiesto los atentados de Bali y Kenia, el terrorismo sigue siendo la mayor amenaza para la libertad, la convivencia y el desarrollo. El terrorismo no sólo mata, mutila, y destroza familias. Es una práctica odiosa que pretende socavar los valores que sustentan la civilización.

España conoce bien por desgracia el dolor que causan los terroristas. Sabe que es imprescindible proteger de manera activa la libertad y los valores comunes a la Humanidad.

En estos momentos de incertidumbres y tensiones, la lucha contra el terrorismo en todos los ámbitos debe ser prioritaria y debe generar la colaboración de todos los Estados.

Señor Nuncio Apostólico,Señoras y Señores Embajadores,

Un repaso a la acción exterior de España quedaría incompleto sin una referencia a su dimensión cultural, económica, o de ayuda al desarrollo.

La cultura destaca en la proyección internacional de España, ya sea mediante los intercambios artísticos y culturales, o con la difusión lingüística que desarrolla el Instituto Cervantes, cuyo reforzamiento constituye un objetivo esencial.

También nuestra economía desempeña un papel creciente en el plano internacional. Con una economía especialmente abierta e interdependiente, España desea ahondar en su contribución al desarrollo de las Naciones amigas como importante país inversor.

Otra expresión de nuestra solidaridad y de compromiso con la paz en el mundo, viene dada por la eficaz participación de nuestras Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad en misiones humanitarias y operaciones de mantenimiento de la paz en el mundo, desde los Balcanes Occidentales, hasta Afganistán o el Golfo Pérsico.

Señor Nuncio Apostólico,Señoras y Señores Embajadores:

El progreso económico y social experimentado por España en los últimos años explica asimismo el nuevo tejido de relaciones humanas que los españoles hemos entablado con tantos países amigos por vía de la inmigración. Agradecemos a cuantos inmigrantes extranjeros han encontrado en España su nuevo hogar, su importante contribución al progreso y al desarrollo económico, tanto de España como de sus países de origen.

El pueblo español es sensible a las necesidades y aspiraciones de quienes han tenido que dejar su familia y su tierra con el anhelo de un futuro mejor. España desea acogerlos, favoreciendo su integración, con la misma generosidad y tolerancia que tantos españoles disfrutaron en el pasado en muchos de los países aquí representados.

Al mismo tiempo, debemos mostrar nuestra determinación en la lucha contra las redes ilegales que trafican con seres humanos, acabando con la explotación y la conculcación de los derechos más elementales de la persona.

Para concluir mis palabras, les ruego hagan llegar a sus respectivos Jefes de Estado, y a los pueblos que representan, nuestros mejores deseos de Paz y prosperidad para este año 2003 que acabamos de iniciar.

Muchas gracias.

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