Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Actividades e Axenda
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey en la conmemoración del bicentenario de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos

Madrid, 16.06.2003

C

on mucho gusto vengo a presidir este acto de conmemoración del Bicentenario de esta Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, la más antigua de España, y a expresaros mi viva felicitación por este aniversario y por el significado que encierra.

Celebramos los dos primeros siglos de vida de una institución que, a justo título, se ha hecho acreedora de un alto prestigio y reconocimiento por su valiosa contribución al servicio de la modernización de España.

Un prestigio avalado por la enseñanza de alta calidad que ha sabido impartir esta Escuela a las sucesivas promociones de Ingenieros de Caminos que, a lo largo de ese extenso periodo, han tenido la oportunidad de formarse en sus aulas.

Ello ha sido posible gracias a la excelente preparación científica y probada vocación docente de las distintas generaciones de insignes profesores, que han entregado lo mejor de sí mismos a la formación de grandes profesionales.

De ahí el especial homenaje de gratitud que en este Bicentenario debemos dedicar al importante cuerpo de Profesores que ha engrosado la plantilla académica de esta institución.

Su prestigio ha trascendido nuestras fronteras. Y ello, no sólo desde sus orígenes, gracias a la ingente labor desarrollada en el resto de Europa por vuestro fundador, Agustín de Betancourt, sino por los numerosos ingenieros formados en este Centro, que han participado en importantes proyectos en otras latitudes.

La preocupación por disponer de una red adecuada de infraestructuras, y la consiguiente promoción de los estudios y de la preparación científica necesarias para llevarla a cabo, fueron factores esenciales que marcaron el nacimiento de esta Escuela, respondiendo a las exigencias de un primer proyecto de vertebración económica de España.

Estas ambiciones impregnaron la visión preclara de Agustín de Betancourt como fundador de esta Escuela de Caminos. Él supo crear un cuerpo de sólida preparación al servicio de la sociedad, que siempre ha colaborado activamente con las distintas Administraciones del Estado para dotar a España de las mejores infraestructuras.

Su afición a lo que llamaba "el arte de la mecánica" fue el eje que articuló su vocación de matemático, ingeniero, dibujante y proyectista de merecido renombre. Fue también precursor en la apertura de la ingeniería española al exterior, tanto para aprender, en Francia, como para trabajar y enseñar, en Rusia.

Esta Escuela, que dio a luz el primer título de ingeniería civil en España, ha desempeñado -en suma- un papel clave en aquel proceso inicial de creación de infraestructuras y en su posterior desarrollo en nuestro país.

Son muchos los hombres y mujeres aquí formados que, con su capacidad, espíritu de servicio y esfuerzo, han contribuido a la labor de modernización de España en los dos últimos siglos.

Esta conmemoración debe servirnos de acicate para renovar la fe en el progreso que marcó la labor de los fundadores de esta Institución. Sus ilusiones y esperanzas se han convertido, en buena medida, en realidad.

España ha registrado en los últimos veinticinco años uno de los cambios más vertiginosos en materia de infraestructuras, clave de nuestro más reciente desarrollo económico y social.

Pero aún queda mucho por hacer dentro de un proceso de continua extensión, renovación y modernización de las infraestructuras capaces de responder a la demandas de los ciudadanos, a la mayor eficiencia de nuestro aparato productivo, y a nuestra mejor comunicación interior y exterior.

Una tarea que debemos asumir conscientes del reto de seguir desarrollando e incorporando las continuas mejoras producto de la investigación y la innovación tecnológica.

Concluyo mis palabras para subrayar que la merecida satisfacción por el balance positivo de dos siglos de trayectoria ejemplar, debe servir de aliento a esta Escuela para redoblar su compromiso de excelencia en la formación de nuevas generaciones de ingenieros.

Estoy seguro de que esta Escuela, así como las restantes con que cuenta nuestro país, y los ingenieros que de ellas salgan, seguirán contribuyendo con su capacidad y buen hacer al esfuerzo solidario por construir una España cada vez mas moderna, mejor interconectada con el mundo y más integrada en el espacio europeo al que pertenecemos.

Al expresaros de nuevo mi más sincera felicitación por este Bicentenario, os animo a perseverar en vuestra importante labor, una tarea en la que siempre podréis contar con el aliento y apoyo de la Corona.

Muchas gracias

Volver a Discursos
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+