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Palabras de Su Majestad el Rey en la inauguración del Curso Escolar 2004-2005

Cáceres(Zarza de Granadilla), 20.09.2004

A

l inaugurar el curso escolar 2004-2005 la Reina y yo sentimos una gran satisfacción, a la que se une la especial alegría de encontrarnos hoy de nuevo en Extremadura.

Una muy hermosa y querida tierra de contrastes que, no sólo cuenta con un extenso y variado patrimonio cultural, como recordábamos en Cáceres hace escasamente cuatro días, sin también una tierra envidiable por la enorme riqueza que emana de la calidad humana de sus gentes.

Agradecemos muy sinceramente al Presidente de la Junta de Extremadura, así como al Alcalde, Corporación Municipal y habitantes de Zarza de Granadilla, el afectuoso recibimiento que nos han dispensado.

Esta localidad alabada por su belleza y sosiego, con su iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y su ermita del Cristo de la Misericordia, es hoy punto de atención para toda España.

Después de visitar el Centro Rural Agrupado Ambroz, y en este moderno Instituto, inauguramos hoy el curso escolar 2004-2005.

En ambos centros hemos podido conocer las inquietudes de la comunidad educativa: alumnos, profesores, padres de familia, y personal de administración y servicios. Gracias a todos por vuestro trabajo, afecto y acogida.

Este Instituto representa hoy al conjunto de las comunidades educativas de los Colegios e Institutos de toda España a las que, como Rey, deseo dirigir estas palabras de estímulo y apoyo.

Quiero empezar, si me lo permiten, por alguna reflexión personal.

La Reina y yo nos sentimos plenamente identificados con todas las familias que desean ofrecer a sus hijos la mejor educación posible.

Unos sentimientos que, al contemplar a nuestros nietos, volvemos a experimentar en toda su plenitud como tantos españoles.

En esta apertura del curso escolar, nos unimos en el más emocionado recuerdo a los niños muertos en la brutal acción terrorista de la escuela rusa de Beslán. Tampoco podemos olvidar a cuantos escolares y estudiantes fueron víctimas de los brutales atentados terroristas del pasado 11 de marzo.

Nada puede justificar la barbarie terrorista. Siempre reclama nuestra más enérgica condena, más hondo desprecio y más firme reacción solidaria.

Para nuestros jóvenes volver al centro escolar es siempre algo de vital importancia.

Allí aprenden a conocer el mundo, a convivir, a jugar, a descubrir el valor de la amistad y lealtad, así como del respeto a las personas y a su entorno. Allí van forjando su personalidad, su sensibilidad social y hasta su vocación profesional.

Los alumnos van a encontrar en sus respectivos centros educativos, la seguridad, la comprensión, el cariño, así como los estímulos y apoyos necesarios para crecer en conocimientos y adquirir los valores que harán de ellos personas de bien y ciudadanos comprometidos.

A los alumnos corresponde aportar el esfuerzo, así como la voluntad y disciplina necesarias, para que esa tarea educativa resulte fecunda, prestando a padres y profesores la atención y el respeto que merecen.

Para los padres, la educación de sus hijos, además de constituir una obligación insoslayable, resulta una labor, en cuyo éxito o fracaso, asumen una responsabilidad evidente. Las familias saben que no hay mejor inversión que el tiempo dedicado a la educación de los suyos.

Junto a ello, la responsabilidad más visible se centra en los profesores que, con tanto esfuerzo y sacrificio, vuelcan sus vidas en esa tarea admirable, vocacional y silenciosa de formar a nuestros jóvenes. Admiramos en los educadores su capacidad para orientar a sus alumnos, estimular su curiosidad y despertar sus inquietudes.

Pero la tarea educativa va más allá del ámbito familiar y académico. Por eso solicitamos a todas las Administraciones, instituciones, a los medios de comunicación y a la sociedad en su conjunto, que contribuyan a apoyar con generosidad cuantas iniciativas favorezcan la mejor y más amplia educación de nuestros jóvenes.

Educar es la mejor forma de preparar ese futuro, aún mejor, para España que todos deseamos.

Debemos dedicar a la educación nuestros mejores esfuerzos y profundizar de forma continua en su mejora, atendiendo a los anhelos y necesidades de una sociedad madura, dinámica y plural como la española, capaz de afrontar nuevos retos.

En el sistema educativo depositamos nuestra esperanza de alcanzar un mundo mejor, una sociedad más justa, solidaria y cohesionada, en la que el conocimiento sea vía de realización personal, de promoción social e instrumento de bienestar colectivo.

Al inaugurar este curso escolar, la Corona quiere reiterar la expresión de su reconocimiento, aliento y apoyo a cuantos conforman nuestra comunidad educativa, deseando mucho éxito a profesores, padres y alumnos en su apasionante tarea.

Declaro inaugurado el Curso Escolar 2004-2005.

Muchas gracias.

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