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Palabras de su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de inauguración del Simposium Internacional del Voluntariado

Suiza(Ginebra), 19.11.2001

Q

uiero, en primer lugar, expresar mi satisfacción al tener la oportunidad de asociarme una vez más a los trabajos del Año Internacional del Voluntariado, en este acto inaugural de la Asamblea Mundial de sus Comités Nacionales.

Hace casi doce meses, durante el acto en el que dimos oficialmente apertura a este Año, tuve ya la ocasión de reiterar el compromiso de España con los valores y principios de la solidaridad humana, que informan nuestra Constitución y la acción de nuestras instituciones, y están hondamente enraizados en la sociedad española.

Como Presidente de Honor del Comité Español de Coordinación de las Acciones para este Año Internacional, me siento especialmente vinculado a vuestra aspiración de un mundo más justo y fraterno, y a los valores de justicia, altruismo y participación que la sustentan, a la vez que os aliento a seguir luchando por los objetivos que compartimos.

Estamos casi al final del Año Internacional del Voluntariado. A lo largo de las jornadas que nos reúnen, en esta ciudad abierta e internacional por excelencia que es Ginebra, realizaréis el balance de las numerosas y enriquecedoras actividades desarrolladas. Puede decirse ya que este balance arroja un resultado muy positivo. Debemos, pues, felicitarnos por el éxito de la iniciativa.

Estoy, además, convencido de que los logros alcanzados van a suponer para todos nosotros un acicate, un estímulo renovado que nos llevará a profundizar en nuestras líneas de trabajo. En este sentido, debéis saber que podréis seguir contando con el apoyo que hasta ahora os ha venido prestando España, y con el mío personal.

Creo que éste es el momento oportuno para destacar que los esfuerzos realizados hasta ahora deben tener una continuidad, más allá del concreto espacio temporal en el que ahora nos movemos.

Los trágicos acontecimientos que los últimos meses nos están deparando ponen más que nunca de relieve la necesidad de intensificar nuestros esfuerzos en pro de ese objetivo, en el que la Organización de las Naciones Unidas debe continuar siendo un factor clave. Su papel como foro universal que puede impulsar las voluntades de todos los Estados para la construcción de un orden internacional pacífico y equitativo es irreemplazable.

Pero la realidad internacional de nuestros días, cada vez más compleja, en la que los intercambios se enriquecen, los actores se diversifican y los desafíos se multiplican, exige la actuación concertada no sólo de los Estados, sino de la sociedad en su conjunto. Resulta por ello también insustituible el protagonismo de sus representantes, las personas que, como nosotros, hemos asumido la responsabilidad de mejorar el mundo a través de un compromiso cotidiano, generoso y directo.

La pujanza de las Organizaciones No Gubernamentales, de la sociedad civil, no es un fenómeno casual o pasajero: responde a la persistencia de factores negativos, como la injusticia y la exclusión y, sobre todo, manifiesta la vitalidad de nuestras sociedades, su creatividad, su capacidad de idear nuevos instrumentos para atacar los problemas persistentes y vehicular una inquietud solidaria cada vez más extendida. De ahí que pueda afirmarse que la creciente actividad de estas organizaciones y de sus miembros constituyen un sólido fundamento para la esperanza en un mañana mejor.

Actuando en cada uno de los campos en los que existen necesidades reales y acuciantes, los Voluntarios de Naciones Unidas ocupáis la primera línea de combate solidario a favor del desarrollo. Vuestro trabajo en las operaciones de paz de la Organización, en la asistencia sanitaria, en la formación de los sectores desfavorecidos, en el asesoramiento electoral, en la lucha contra el SIDA, en la defensa de los derechos de las mujeres o en la protección del medio ambiente afronta algunos de los mayores retos de nuestros días.

Por otro lado, el alcance verdaderamente global de vuestra labor, que se despliega en los cinco continentes, contribuye a difundir la conciencia de que no existen soluciones parciales. El mundo progresará sólo y en la medida en que todos progresemos; porque un modelo de crecimiento que se fundase exclusivamente en islotes de prosperidad rodeados por mares de exclusión resultaría, a largo plazo, insostenible. Por esta razón, el imperativo solidario es, a la vez, un estricto imperativo de supervivencia de la humanidad.

La fuerza indudable del voluntariado tiene que consolidarse mediante una atenta reflexión sobre sus posibilidades y prioridades en esta encrucijada histórica. Reflexión que ha de dirigirse sobre todo a los caminos y los medios necesarios para garantizar su eficacia en el presente y hacia el futuro.

Sólo así podremos responder adecuadamente a las responsabilidades que hoy nos reclaman, y articular nuevos espacios de libertad, en la que la creatividad de los voluntarios revierta y beneficie al conjunto social.

Buscamos un voluntariado de calidad, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, capaz de fomentar la incorporación de nuevos miembros a la acción voluntaria y que se preocupe de su formación específica para cada uno de los sectores a los que va a dedicarse.

Deseamos que los principios y valores que os mueven y motivan a la acción voluntaria sean debidamente incorporados al sistema educativo en edades tempranas como elemento importante de la formación integral de las personas como individuos y como miembros de una sociedad participativa en el plano local o nacional, como en el internacional o global.

Pensamos en una gestión de nuestros servicios cada vez más exigente, en organizar nuestras redes de modo que sean a la vez puestos de apoyo y estímulos de una participación cada vez más amplia, en cuidar y perfeccionar la comunicación de nuestros mensajes, hacia dentro y en el exterior.

Tenemos que promover una coordinación leal y bien trabada con los Organismos Internacionales, las Administraciones públicas nacionales, el sistema educativo y el conjunto de la sociedad.

Debemos, en fin, concienciar a los empresarios de que la acción social de las empresas constituye un elemento más de la función creadora de riqueza que desarrollan y animar a sus directivos a que la integren en su cultura, organización y estrategia.

Es precisamente el reconocimiento a la labor incansable de millones de voluntarios en todo el mundo el que anima estas consideraciones, que expongo con la seguridad de que nos ayudarán a todos a conseguir y consolidar nuestras metas: el pleno desarrollo de las personas y las sociedades en que vivimos, superando las barreras geográficas, sociales y culturales que lo retrasan o impiden.

Confío en que la experiencia de los Comités Nacionales presentes en esta Asamblea siga siendo un activo esencial para lograr estos propósitos en el marco, indispensable e irreemplazable, de las Naciones Unidas.

Y termino recordando las palabras que, en este sentido, pronunció su Secretario General, Kofi Annan, en la ceremonia de inauguración de este Año Internacional: "En el origen del voluntariado están los ideales de solidaridad y servicio a los demás y la convicción de que juntos podemos mejorar el mundo".

Esta es nuestra tarea. Permitidme, por ello concluir, que, más allá del formalismo propio de un acto tan solemne como el que hoy aquí nos convoca, os reitere mi admiración por vuestra entrega y mi profunda gratitud por el ejemplo que nos dais al desempeñarla.

Muchas gracias.

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