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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de entrega de la Medalla conmemorativa del 850 Aniversario de la ciudad de Moscú

Rusia(Moscú), 06.02.2002

L

e agradezco muy sinceramente, señor Alcalde, su amable bienvenida y las muestras de hospitalidad que he recibido en esta mi primera visita a la capital de la Federación de Rusia. También le agradezco que me haya otorgado la medalla conmemorativa del 850 Aniversario de Moscú. Ser Alcalde de una gran metrópoli como la que administra ha de ser, sin duda, una enorme carga de responsabilidad pero también una gran fuente de orgullo tanto por la antigüedad como por la relevancia histórica y actual que tiene.

Para un español como yo, ciudadano de nuestra Europa y que vive en su extremo sur occidental, mirando también hacia el Atlántico y África, viajar a Moscú en el otro confín de Europa no es solo cumplir con un cometido oficial; es también realizar un deseo personal que he tenido durante muchos años y que espero que sea el inicio de un contacto más estrecho que compense en gran medida la tardanza de mi primera visita.

Lo que he visto de sus gentes, sus edificios, parques, museos, monumentos e iglesias responde sobradamente a la idea romántica de la capital de todas las Rusias que trae consigo el viajero cuando se encamina por primera vez a su ciudad. Pero además de la herencia de su larga historia, señor Alcalde, he podido comprobar también la pujanza de su ciudad y la laboriosidad de sus ciudadanos, que viven una nueva etapa cívica y que se afanan por colmar las exigencias de nuestro tiempo.

Mi país, señor Alcalde, conocedor del interés que existe entre los rusos en general y los moscovitas en particular por la lengua española y lo español, ha querido crear aquí un Instituto Cervantes que contribuirá a partir de ahora con su actividad a la riqueza y variedad cultural de la capital rusa. Soy consciente del apoyo que personalmente ha dado a esta iniciativa, que tanto ha facilitado su puesta en marcha. Por ello quiero expresarle en nombre de España nuestro profundo agradecimiento.

Ciudades como Moscú no son patrimonio exclusivo de sus moradores. Me atrevo a decir que pertenecen a toda la humanidad. Por ello, le felicito por los constantes esfuerzos que realiza para conservar su belleza, rehabilitando los edificios antiguos y respetando el estilo propio de la ciudad en los nuevos, haciéndola también más amable para sus habitantes y grata para los que la visitan. No puede ser fácil administrar una ciudad tan extensa y tan poblada. Pero eso precisamente, señor Alcalde, hace grande su tarea siendo, como es, Moscú uno de los centros políticos, económicos, científicos y culturales del mundo.

Se da por cierto que en Moscú en febrero hace frío. Sin embargo, la calidez con la que me ha acogido, señor Alcalde, me hace dudarlo.

Muchas gracias.

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