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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la inauguración de la XI Conferencia Iberoamericana de Ministros de Juventud

Paraninfo de la Universidad de Salamanca, 21.10.2002

E

s para mí un honor y una gran satisfacción presidir esta primera sesión de trabajo de la XI Conferencia Iberoamericana de Ministros de Juventud.

La ciudad de Salamanca, Capital Europea de la Cultura en el presente año, y su Universidad, serán el marco donde, a lo largo de dos días, vais a tener ocasión de reflexionar y debatir sobre temas sumamente importantes para contribuir a la consolidación y eficacia de nuestra Comunidad de Naciones.

Bajo el lema "Jóvenes, Ciudadanía y Democracia" se ha convocado esta Conferencia, que representa un eslabón más de un largo proceso de consolidación de mecanismos de cooperación en políticas de juventud entre los países iberoamericanos.

Recuerdo que en Septiembre de 1992, en Sevilla, tuve el honor de presidir la VI edición de estas Conferencias, y hoy, diez años después, tenemos de nuevo la oportunidad de encontrarnos para seguir avanzando en la definición de un marco de colaboración relativo a la política de juventud, en el intercambio de ideas y experiencias para dar respuesta eficaz a las demandas y expectativas de nuestros jóvenes.

A lo largo de estos diez años, las políticas de juventud en Iberoamérica han desarrollado su institucionalidad pública, se han articulado con el resto de las políticas sectoriales que inciden en las condiciones de vida de los jóvenes, y han ganado su espacio entre las iniciativas de los poderes públicos encaminadas a promover el desarrollo socioeconómico de nuestra Comunidad.

A ello ha contribuido sin dudar la Organización Iberoamericana de Juventud, como espacio intergubernamental de cooperación entre los países de la región. Así como los programas desarrollados en materia de formación de recursos humanos, y de apoyo técnico al diseño, ejecución y desarrollo de programas de acción de carácter regional.

Saludamos con gran interés y especial satisfacción la participación en esta Conferencia de los representantes de los distintos Organismos Internacionales que han venido colaborando con la Organización Iberoamericana de Juventud, en la ejecución de diversos programas en los ámbitos de la educación, la formación, el empleo o la salud.

Desde sus orígenes, la ciudadanía se vincula a la participación en la vida pública y en las decisiones de interés general. Y es evidente que la juventud es hoy objeto de una atención generalizada por parte de la sociedad, y de los poderes públicos en particular. El fin de tal esfuerzo no es otro que el de mejorar las condiciones y oportunidades para que los jóvenes inicien y encaminen su participación como ciudadanos.

Así, los jóvenes no quieren ser sólo objeto de tutelas, sino sobre todo protagonistas de su vida. Desean, con razón, hablar por si mismos y ser escuchados como tales. La cuestión es, entonces, definir el tono y el contenido de esa participación de modo que resulte eficaz y satisfactoria.

Y para que así sea, tiene que materializarse en un diálogo entre generaciones, al que los jóvenes deben aportar lo que les es más propio y espontáneo: ideas nuevas, iniciativas originales, y fórmulas para llevarlas a cabo. Con el desparpajo y frescura que les caracteriza, y también con sencillez y la consideración necesaria hacia los mayores.

Esta es la dirección en la que deben encaminarse las energías de los jóvenes, generando una dinámica provechosa para ellos mismos y para el conjunto de la sociedad con la que conviven, que necesita de la autenticidad y el empuje juveniles para evolucionar y hallar respuestas adecuadas a muchas de sus incertidumbres y crisis.

Así pues, Señoras y Señores, vemos que la participación y el diálogo son dos ingredientes esenciales de la democracia entendida como ejercicio de la libertad, y como oportunidad de desarrollarla en armonía con la de los demás.

Si, en términos sociológicos y generacionales, la juventud es el aprendizaje de la madurez, es evidente que los jóvenes pueden hacer aportaciones sustanciales al desarrollo de una democracia de todos y para todos. Y ello por su facilidad natural para socializarse en grupo, y por su especial sensibilidad hacia la solidaridad, que a la vez protege y estimula vocaciones y liderazgos dirigidos al servicio de la colectividad.

El porvenir de la democracia depende en gran medida de los jóvenes. Y son ellos quienes tendrán que encarnarla en un mundo que será, por fuerza, algo distinto del nuestro. Por ello, es imprescindible que los poderes públicos, las familias, y la propia sociedad fomenten y promocionen la implicación de la juventud en los valores de la democracia, en su gestión cotidiana, en sus instituciones, y también que respetando sus opciones personales, estimulen su interés y su compromiso en los asuntos que afectan a la comunidad, a la sociedad en la que conviven. Sólo así, esos valores esenciales que sostienen esa convivencia democrática perdurarán en el tiempo a salvo de regresiones traumáticas e indeseables.

En este esqueleto conceptual se insertan los demás capítulos de una política de juventud realista y ambiciosa: la educación, el respeto a la diversidad cultural, la conservación del medio ambiente y el patrimonio histórico y artístico, los derechos económicos y sociales de la salud, el empleo, la vivienda, y el acceso a los recursos y servicios de la comunidad.

Pero de todos ellos vais a tratar en detalle a lo largo de vuestras sesiones. Os invito a hacerlo con ánimo constructivo, con imaginación y realismo, para abrir más ancho el camino hacia el objetivo principal que todos compartimos: el de construir la sociedad del futuro, a base de ciudadanos activos de una democracia plena, y comprometidos con el desarrollo social, político, económico y cultural de nuestros países iberoamericanos.

Con el deseo de que esta reunión signifique un gran paso hacia adelante en este camino, declaro inaugurada la XI Conferencia Iberoamericana de Ministros de Juventud.

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