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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la entrega de Despachos de la LVI Promoción de la Carrera Judicial

Barcelona, 06.07.2006

C

uando aún perdura el luto y la conmoción por el trágico accidente que el pasado lunes sumió a Valencia y a toda España en el más hondo dolor y aflicción, permítanme que dedique mis primeras palabras a reiterar el más profundo pesar de la Princesa y el mío propio. A las familias y amigos de los fallecidos, dedicamos una vez más nuestro más sincero sentimiento de pesar y condolencia, así como todo nuestro afecto, con nuestros más fervientes deseos de rápida recuperación a los heridos.

Señor Presidente y Señor Director, muchas gracias por sus amables palabras.

Verdaderamente nos alegra poder compartir hoy en Barcelona con los miembros de esta nueva promoción de la Escuela Judicial, así como con vuestras familias, estos momentos tan significativos para todos vosotros. Os felicitamos muy cordialmente por lograr este hito fundamental en vuestra carrera, vuestro despacho como nuevos jueces. Y os transmitimos también el saludo y la felicitación de Sus Majestades los Reyes. Al fin, veis culminado un largo camino de estudio y dedicación, de sacrificios y esfuerzos para alcanzar un objetivo que va más allá de la realización personal. Para ello, ha sido sin duda decisivo el apoyo brindado por vuestros seres más cercanos, que aquí os acompañan, como partícipes directos de este momento de gran alegría.

Por otro lado, no debemos olvidar a quienes, debiendo estar hoy en este Acto, por circunstancias ajenas a su voluntad, no han podido acompañaros. Para ellos también nuestro recuerdo y reconocimiento.

Pero, como decía, más allá de la trascendencia personal para cada uno de vosotros, este es un Acto solemne de profundo significado, no sólo para el Poder Judicial, sino para España entera. Una nueva Promoción de servidores del Estado, que se distinguen por su sólida formación profesional, y una firme vocación de servicio, se acaba de incorporar a la Carrera Judicial.

A partir de hoy comenzáis una  nueva andadura vital, que os conducirá a ejercer vuestra vocación como jueces con responsabilidad y competencia profesional. Se trata de una tarea nada sencilla, no sólo por las dificultades intrínsecas de vuestra labor, sino también por el alto grado de confianza que la sociedad deposita en vosotros. Esa confianza os exige una altísima responsabilidad para la que permanentemente estaréis actualizando conocimientos y acumulando experiencia.

En efecto, no se trata, de una tarea fácil. La actuación del juez exige siempre una previa situación de conflicto y, por ello, la prudencia y el buen sentido deben ser ingredientes que, sumados al conocimiento de la ley, han de ayudaros en vuestra delicada misión diaria.

Al mismo tiempo, no debéis olvidar que cada una de vuestras resoluciones, será -para los ciudadanos- la medida de la Justicia. Es un importante compromiso, pero al mismo tiempo una consecuencia ineludible de nuestro modelo de convivencia, del que sois piedras angulares, y un hondo motivo de satisfacción personal cuando ese compromiso ha sido correctamente cumplido.

A lo largo de la trayectoria  que tenéis por delante, vuestra ilusión y entusiasmo os ayudarán a superar las dificultades que podáis encontrar.

Como servidores públicos, y en virtud de la misión que se os encomienda, el trabajo y el estudio no os deben abandonar a lo largo de toda vuestra trayectoria. Vuestra tarea exige la opción incondicional por el trabajo constante y reflexivo, y por la entrega decidida en vuestra labor diaria.

Os enfrentáis, desde hoy, al deber de ejercer la potestad jurisdiccional en todo tipo de procesos, juzgando y haciendo ejercer lo juzgado. Para ello debéis tener siempre presente, como dispone nuestra Constitución que, como miembros integrantes del Poder Judicial, sois independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley. Estas condiciones son el mejor aval de justicia en vuestra función y garantía del Estado de Derecho en cada una de vuestras resoluciones.

Vuestra labor deberá, en efecto, estar siempre presidida por el respeto a los principios, valores, derechos y espíritu integrador de nuestra Constitución, que deben regir nuestra vida pública y que contribuiréis a hacer reales en todas y cada una de las decisiones que hayáis de adoptar. La Constitución -origen de nuestro sistema de libertades, fuente de nuestra convivencia y clave de nuestra estabilidad y prosperidad-, debe erigirse en criterio rector de todas vuestras decisiones; en el entendimiento de que de vosotros, como jueces, depende que siga siendo espejo en el que deben reflejarse todas las normas que integran el ordenamiento jurídico.

Os reiteramos nuestra más cordial felicitación y os deseamos el mayor de los éxitos en vuestra importante y difícil misión. Sabéis que, en esta senda por la que habréis de transitar desde ahora en adelante, nunca os faltará mi reconocimiento y respeto por la Judicatura así como el apoyo y aliento de la Corona.

Muchas gracias.

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