Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Actividades e Axenda
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina en la entrega de los Premios IMSERSO 2000

Madrid, 08.02.2001

C

on mucho gusto vuelvo a presidir este acto de entrega de los Premios IMSERSO, con los que se da público reconocimiento a aquellas personas e instituciones que se dedican a la integración de las personas discapacitadas, de las personas mayores, de los inmigrantes y de los refugiados y asilados.

Estos premios reconocen el trabajo inspirado en esa sensibilidad de considerar a los semejantes como personas que tienen en sí mismas un valor inestimable, y que, por esa razón, tienen derecho a disfrutar de los mismos bienes que los demás ciudadanos.

Es por esa causa, por la que en años anteriores, hemos destacado que estos premios son, fundamentalmente, premios a la Solidaridad. Pues, quién reconoce al ser humano la dignidad que merece, también se siente llamado a corresponsabilizarse de los problemas de los otros; sobre todo, de aquellos que se encuentran en una situación de desventaja social, ya sea por razón de la edad, de la discapacidad u origen.

Los Premios IMSERSO reconocen el trabajo de personas y entidades que cooperan, desde los medios de comunicación social, desde el mundo del trabajo, desde la Universidad, desde la Investigación, desde el voluntariado, a favor de la integración social de las personas con discapacidad, inmigrantes, solicitantes de asilo y refugiados, y de las personas mayores.

Entre los premiados se encuentran algunas instituciones procedentes de Iberoamérica, lo que pone de manifiesto que en nuestra comunidad transatlántica compartimos una sociedad llena de iniciativa, de dinamismo y de imaginación.

Cada uno de los premiados nos estimulan a comprender mejor los problemas específicos de las personas discapacitadas, de los inmigrantes, y de las personas mayores.

A demandar cada vez más información sobre los problemas que les atañen.

A investigar nuevas tecnologías que mejoren su calidad de vida, a diseñar viviendas, ciudades, y medios de transporte adaptados a sus posibilidades, a adecuar los centros de trabajo y los procesos productivos para facilitar su inserción laboral, y a atender las necesidades vitales de los más gravemente afectados.

A romper también con las barreras de la edad, e invitar a los mayores a seguir participando en la vida común con su experiencia, dándoles la atención que necesitan y merecen.

Los Premiados son un ejemplo de cómo seguir avanzando en la integración de los inmigrantes y de los que han solicitado asilo o refugio. De cómo procurar que no se sientan ajenos a nuestra cultura. De cómo paliar sus necesidades básicas. De cómo aclarar desconocimientos y despejar temores infundados que dificultan entender la inmigración como una aportación positiva en el plano cultural, social y económico, para la sociedad española.

En el primer año de un nuevo siglo, que augura importantes transformaciones en la vida del Hombre y de la sociedad y una mayor sensibilidad hacia los derechos humanos, ustedes, los premiados, y todos los que se dedican a trabajar por el bienestar social, nos incentivan para que seamos con nuestras vidas, como decía Aristóteles en su Ética a Nicómaco, como arqueros que tienen un blanco: hacer nuestro mundo más justo, más solidario y más humano.

Mi felicitación para todos por su dedicación y esfuerzo para alcanzar estas metas.

Volver a Discursos
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+