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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2005

Las Palmas de Gran Canaria, 21.11.2005

L

a Reina y yo venimos con profunda satisfacción y alegría a esta luminosa y acogedora ciudad de las Palmas de Gran Canaria, para presidir esta ceremonia a la que nos sentimos muy vinculados desde hace tantos años.

El solemne acto de entrega de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes, correspondientes al año 2005, nos vuelve a reunir en estas muy queridas Islas Canarias, y nos ofrece la ocasión de renovar el compromiso de la Corona con la Cultura Española.

Las Islas Canarias han sido siempre tierra de creadores, poetas, pensadores y artistas.

Poseen un patrimonio cultural de valores plásticos y literarios genuinos, un patrón cultural que sorprende y admira: desde la novela de Pérez Galdós hasta la "pintura viva" de la Escuela Luján Pérez; desde Oscar Domínguez, Felo Monzón o Manolo Millares hasta el "lirismo volcánico" de César Manrique; sin olvidar a Westerdahl, García Cabrera o los miembros de la "Gaceta de Arte". Y, cómo no, al gran Alfredo Kraus, que da nombre a este espléndido auditorio.

Este elenco de creadores, la estratégica situación de estas tierras y su disposición de ánimo como espacio de relación humana y apertura intelectual, hacen de estas Islas uno de los más destacados centros de cultura y arte contemporáneo de España.

Antes de proseguir, permítanme que salude a todos los canarios con las palabras de uno de sus grandes admiradores, el arquitecto y crítico de arte, Alberto Sartoris, quien dejó escrito: "Tengo fe en estas Islas inolvidables, que envuelven e impregnan el alma de quien ha sabido penetrar en su inmensa belleza, su misterio y su magia. Tenerife y Gran Canaria, Fuerteventura, Lanzarote, La Graciosa, La Palma, La Gomera y El Hierro, yo os saludo con todo mi corazón, que permanece fiel a vosotras".

Señoras y Señores,

La importante distinción que suponen las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes confirma el valor que la sociedad española otorga a la creación, fomento, difusión y conservación de un patrimonio artístico y cultural inigualable por su riqueza y diversidad.

La extensa lista de personalidades que han obtenido este preciado galardón a lo largo de estos últimos años, es un motivo de orgullo para todos los españoles; es también la mejor carta de presentación y difusión de nuestra cultura, moderna y dinámica, fuera de nuestras fronteras.

Deseo manifestar nuestra más calurosa felicitación, y sincera admiración, a todos y cada uno de los premiados, cuyos merecimientos acaban de ser glosados.

Han sido capaces de expresar en su obra la naturaleza excelsa y sublime de las Bellas Artes en ámbitos tan diversos como las artes escénicas, las artes plásticas, la música, la literatura, el arte del toreo, la arquitectura, la conservación del patrimonio y la moda.

Todos albergamos en nuestro corazón sentimientos de gratitud hacia los artistas que, invirtiendo grandes dosis de voluntad y constancia, con el poder de su espíritu creador e imaginativo, nos permiten tener acceso a un universo en el que la belleza y la emoción ocupan un instante único y un lugar irremplazable.

Estas Medallas al Mérito en las Bellas Artes recompensan trayectorias vitales brillantes, recorridos profesionales llenos de mérito y, en cada caso, la plenitud de una obra a la que se reconoce el grado de excelencia.

Representan un enriquecimiento general para España, son un ejemplo para todos nosotros y un estímulo de valor inestimable para las más jóvenes generaciones.

En un soneto de juventud, de claras resonancias marineras, Borges se refiere a Las Palmas de Gran Canaria con certera dulzura, al afirmar:

"En ese sitio, el alma quebrantada de mares, recobró la caricia familiar de la tierra."

En tan acogedor escenario, reitero nuestra más cálida enhorabuena a todos y cada uno de los galardonados, entre ellos dos iberoamericanos.

Les expresamos nuestro más profundo reconocimiento por su contribución a la impagable labor de enriquecer, con su talento y tesón, nuestro acervo cultural.

Señoras y Señores,

En estas fechas en que se cumplen Treinta Años de mi proclamación como Rey de España, quiero manifestar que me siento particularmente feliz de hallarme en Canarias, acompañado por la Reina.

Agradezco las muy amables palabras de que he sido objeto, así como las numerosas muestras de afecto y lealtad que estamos recibiendo. Estas fechas nos deben llevar a tomar mayor conciencia de la enorme modernización vivida por España, de lo mucho que juntos hemos progresado y de lo mucho que unidos debemos seguir trabajando para preservar, fortalecer y mejorar día a día nuestra paz, concordia y bienestar.

Son muchos los recuerdos y sentimientos que, en estos momentos, se agolpan en mi corazón, empezando por mi gratitud a la Reina, por su constante apoyo, sensibilidad y entrega, y sin olvidar el respaldo que siempre he recibido de mis hijos.

Recuerdos ligados a la apasionante aventura de construir nuestra democracia, de recuperar plenamente nuestras libertades, de situar a España en el lugar que le corresponde, y de impulsar treinta años de estabilidad, crecimiento y mejora del bienestar económico y social de la gran mayoría de los españoles.

Sentimientos de confianza en la sociedad española y en la labor de sus instituciones a lo largo de estas décadas.

Pero es, ante todo, el pueblo español quien en estas fechas merece un homenaje de gratitud, respeto y admiración por su esfuerzo, generosidad, responsabilidad y sacrificio volcados en la decisiva tarea de hacer de España un país moderno, abierto y solidario, unido, a la vez que plural y diverso, patrimonio de todos los españoles por igual.

Tampoco puede faltar nuestro más emocionado recuerdo a todas las víctimas del terrorismo y a sus familias, así como a todos los servidores del Estado que perdieron la vida en el cumplimiento del deber.

Os aseguro que la transformación de España no se pudo hacer ni con más ganas de acertar, ni con mejor voluntad de responder a los anhelos del pueblo español, ni con mayor espíritu de consenso y concordia.

Consenso, concordia y reconciliación, que están en la base misma de nuestra Constitución que es la clave para entender lo mucho que hemos logrado y la mejor garantía para seguir progresando con el esfuerzo de todos, unidos, en democracia y libertad.

Nunca podemos sentirnos satisfechos cuando se trata de servir a España. Eso, y mucho más, es lo que merecen España y los españoles.

Treinta años después de mi proclamación como Rey, dejadme que os diga que me siento, más que nunca, ilusionado y resuelto a seguir dando lo mejor de mí mismo, para contribuir a integrar cuantos esfuerzos favorezcan nuestra convivencia e impulsen nuestro progreso.

Una labor que asumo, desde el más profundo amor a España, la lealtad a la Constitución y mi entrega al ejercicio de las funciones que ésta me asigna en el marco de nuestra Monarquía parlamentaria.

Esos sentimientos, ese mismo espíritu de servicio, son los que también animan al Príncipe de Asturias, que representa la mejor garantía de continuidad del compromiso de servicio de la Corona a España.

Para concluir, quiero expresar de todo corazón, en esta hora y ocasión, mi más profundo afecto a todos los españoles.

Muchas gracias.

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