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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega de Despachos de la 55 Promoción de la Carrera Judicial

Barcelona, 26.10.2005

V

enimos un año más a presidir este acto de especial trascendencia en esta querida y dinámica ciudad de Barcelona.

Nos encontramos hoy en un día de enorme satisfacción para todos los alumnos de la Cincuenta y cinco Promoción de la Escuela Judicial: el de la entrega de los Despachos que os acreditan como Jueces. A la Reina y a mí nos complace profundamente poder compartir vuestra alegría, con vosotros y con vuestras familias.

Somos conscientes del hondo significado de este solemne Acto, y de la importancia que encierra para vosotros. Este es un momento sustancial de vuestras vidas; un momento igualmente relevante para la sociedad española, que desde hoy cuenta con un nuevo grupo de servidores del Estado, reflejo de la competencia profesional y modernidad de nuestra Administración de Justicia.

Por ello, queremos felicitaros y unirnos a vuestra alegría. Deseamos igualmente saludar a vuestras familias, que participan de esta hora de júbilo y que os han prestado su valioso apoyo durante los duros momentos de sacrificio y esfuerzo personal. Ahora recogéis la cosecha sembrada durante largo tiempo de dedicación al estudio y a la causa de la Justicia y el Derecho.

Este Acto no constituye una estación de llegada, sino un primer hito en vuestra trayectoria profesional. Comienza para vosotros toda una nueva andadura vital, que os permitirá ejercer vuestra vocación como Jueces con competencia y responsabilidad.

Habéis elegido una opción vital de servicio a la sociedad y a los ciudadanos. Una elección ejemplar y llena de compromiso, que os coloca en una posición singular desde la que podréis contribuir al sostenimiento del Estado de Derecho, a la convivencia y a la paz social.

Sed, en todo momento, conscientes del importante compromiso que habéis contraído y de que vuestra labor os demandará la máxima dedicación profesional, así como toda la responsabilidad exigible a quienes -en breve, y desde una posición de imparcialidad- vais a administrar Justicia.

Emprendéis este camino con el entusiasmo de vuestra juventud y con la mayor ilusión. Quiero animaros a que os esforcéis en hacer de esa ilusión y de ese entusiasmo dos ingredientes inseparables para el mejor ejercicio de vuestra alta función.

El esfuerzo que os ha traído hasta aquí no os abandonará a lo largo de toda vuestra trayectoria profesional, porque la del Juez es una vocación difícil de realizar sin una opción incondicional por la abnegada entrega a su labor diaria, que ha de ser reflexiva, callada, constante y sacrificada.

Os enfrentáis, desde hoy, al reto de hacer compatible el respeto a la Ley con la sensibilidad necesaria para dar respuesta adecuada, en términos de justicia, a las controversias que se someten a vuestra consideración. Se trata de una labor no siempre sencilla, en la que habréis de hacer gala de toda la prudencia y buen sentido para hallar la respuesta adecuada en Derecho, considerando todas las circunstancias concurrentes en cada una de las partes y apreciando los hechos con objetividad.

Sólo así conseguiréis ser la voz de la Ley, trasformando su mandato abstracto en un instrumento pleno de vigencia. Así conseguiréis también ganar el respeto de los ciudadanos, garantizar su seguridad jurídica y contribuir, a la vez, a prestigiar día a día vuestra imprescindible función.

Una sociedad avanzada como la española necesita de buenos profesionales de la Justicia, que hagan del imperio de la Ley un ingrediente sustancial para la garantía de valores como la libertad, la igualdad, la tolerancia y la convivencia. La paz, el desarrollo y el bienestar -tanto individual como social- que aquellos valores propician, no pueden concebirse en nuestros días sin una recta administración de la Justicia.

Nuestra Constitución, como norma jurídica fundamental del Estado, debe erigirse en criterio rector y guía de todas vuestras decisiones. Vuestra tarea, siempre prudente, debe contribuir a hacer reales los principios y garantías constitucionales en cada una de las resoluciones que hayáis de adoptar.

Os deseamos el mayor de los éxitos en vuestra difícil misión, y os reiteramos nuestra enhorabuena más sincera -que comparte toda la sociedad española-, en este momento en que asumís ese servicio permanente a España y a todos los españoles. Un servicio en el que vais a sumar vuestros esfuerzos al de todos cuantos trabajamos para construir una España cada día mejor.

En esa noble tarea, siempre podréis contar con todo el aliento y apoyo de la Corona.

Muchas gracias.

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