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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto institucional Al-Andalus

Córdoba(Medina Azahara), 04.11.1992

L

a Reina y yo compartimos emocionadamente con ustedes, estos momentos de celebración de Al-Andalus 92, en un entorno tan significativo como este recinto de Medina Azahara.Nuestra satisfacción es tanto mayor por poder contar, en esta ocasión, con la presencia entre nosotros del Secretario General de la Liga de los Estados Árabes, Sr. Esmat Abdel Meguid, así como con la de los ilustres representantes diplomáticos del Mundo Árabe acreditados en España y de importantes personalidades del mundo académico y cultural hispano-árabe. También deseo agradecer la presencia entre nosotros del Alcalde de Damasco, ciudad que vio el esplendor del Califato Omeya, uno de cuyos miembros viajó hasta este Finisterrae occidental para fundar en esta hermosa ciudad de Córdoba lo que fue seguramente el más importante foco político y cultural de la Alta Edad Media europea.Hablar de Al-Andalus desde el lugar en el que me encuentro ahora, resulta sencillo porque todo lo que nos rodea parece impregnado del esplendor de la civilización hispano-árabe, que se da cita en esta ladera en la que se asienta Medina Azahara y que encierra, como quizá ningún otro lugar, el espíritu andalusí que fue, esencialmente, una disposición vital para el encuentro, para la convivencia.La España árabe y sus aportaciones al patrimonio cultural y científico de la humanidad, a cuyo redescubrimiento ha dedicado su esfuerzo, durante cinco años, el Grupo de Trabajo Al Andalus 92 de la Comisión Nacional Quinto Centenario, son ahora mejor conocidas y eso nos llena de honda satisfacción.Durante este periodo, las reuniones científicas, las exposiciones que han mostrado al mundo las excelencias del arte o las aportaciones a la ciencia y la tecnología de los sabios andalusíes; las publicaciones que, sobre el significado de este período histórico, se han ido editando, han resaltado los aspectos más relevantes de la época de convivencia de nuestras dos culturas, que han dejado su impronta en España de forma imperecedera.Al-Andalus fue, como se ha puesto de manifiesto por voces autorizadas de la historiografía árabe y española, el encuentro de pueblos que habitaban el mismo espacio vital, que durante siglos se acostumbraron a compartir y disentir, sin que se perdiese el respeto a la diversidad. Diversidad de formas de vida, de creencias, de proyectos políticos, pero simbiosis de culturas, de costumbres y de lenguas.Fue, también, como no podía ser históricamente de otra manera, lugar de confrontación ideológica, sin que, salvo contadas excepciones, la convivencia se perturbara en el vivir cotidiano.Este fructífero encuentro de culturas y civilizaciones distintas dio lugar a un periodo histórico de enorme riqueza, que llevó a la cumbre de su época el progreso científico y el desarrollo del pensamiento racional y libre que hicieron posible las grandes gestas del Descubrimiento, deudoras de los conocimientos astronómicos y de las técnicas de navegación andalusíes. Y que -no olvidemos- hicieron también posible el Renacimiento europeo, salvando del olvido los textos de los grandes pensadores y científicos de la antigüedad greco-latina.Al-Andalus, en fin, tiene para todos los que hoy nos reunimos en este glorioso recinto de Medina Azahara, unas connotaciones casi legendarias en el pasado, ligadas a una época de esplendor de una civilización, en ningún sitio mejor plasmada que en estas piedras milenarias que ahora nos acogen. Ligadas también a nombres excelsos como Averroes, Abulcasis, Abulhazam o Abenzaidún, de quienes nos sentimos igualmente orgullosos árabes y españoles.Pero, por encima de glorias, siempre efímeras, yo quiero destacar lo que ha permanecido espiritualmente, lo que tras siglos de menor entendimiento y mayor intolerancia, continúa siendo nuestro más positivo bagaje común: el espíritu de parentescos y de vivencias compartidas durante largos periodos de fructíferos intercambios y mutuas influencias.Es cierto que los españoles de nuestra época han vivido, sin saberlo, en contacto permanente con lo árabe, a través del uso continuado de una lengua moldeada con vocablos andalusíes, o de costumbres populares y artes tradicionales, excepcionalmente bien conservadas.Como lo es, igualmente, que comunidades árabes, descendientes de aquellos laboriosos moriscos que hoy habitan en ciudades de tradición andalusí, como Fez o Testur, han mantenido, con fidelidad digna de encomio, las llaves de sus casas toledanas o cordobesas, que hubieron de abandonar cuando la razón de Estado se impuso a la razón a secas.Pero estos sentimientos de fidelidad a su pasado andalusí, que nos hacen percibirlos más próximos, no pueden hacernos olvidar que, en ocasiones, la nostalgia de la historia pueda ocultar la realidad.Porque la historia, como puso de manifiesto hace seis siglos lbn Jaldún, nos debe situar en la realidad mediante la verificación de los hechos y la investigación de las causas que los han producido. Y esta realidad es la que queremos abordar con el espíritu más positivo que nos sea posible. Una realidad de esperanzadores proyectos en común, que deseamos impulsar en el presente y que confiamos en que se multipliquen en el futuro.Al-Andalus es hoy, por ejemplo, el espacio común mediterráneo, en el que es posible nuevos encuentros por la vía de la cooperación en el ámbito cultural, técnico y científico, que abra nuevas sendas para el trabajo y la ilusión entre los pueblos que comparten sus riberas Norte y Sur.Con esta vocación, España acogió hace ahora justamente un año en Madrid la Conferencia de Paz sobre Oriente Medio, que sentó a la misma mesa a las Partes enfrentadas desde hace cuarenta años. En ese sentido, la Conferencia de Madrid ha significado un cambio cualitativo en la historia diplomática de Oriente Medio. Hoy, la Conferencia continúa en forma de reuniones bilaterales y multilaterales, y mi país prosigue sus esfuerzos con la finalidad de apoyar una aproximación entre las Partes que haga posible una paz justa y global en esta turbulenta región.Al-Andalus son hoy, también, nuestros compatriotas musulmanes, que forman parte de un proyecto de vida en libertad y respeto a sus creencias, como el resto de los ciudadanos de un país democrático, a los que su Rey admira por su entrega al esfuerzo común y solidario.Nos preocupa el drama humano de los que emigran, empujados por la necesidad, aún a riesgo de la propia vida que, a menudo conduce a una vida marginal, a personas que sólo aspiran a una vida mejor para ellos y para sus hijos.Por ello, agradecemos los esfuerzos que se hacen para controlar el problema, al tiempo que continuamos con los nuestros en favor de una mayor atención europea hacia nuestros vecinos del Sur, a los que deseo reiterar hoy nuestra voluntad de compromiso al servicio de un mundo mejor para todos.Al-Andalus es hoy paradigma en lo que, permítanme usar un anacronismo, tuvo de respeto a los derechos humanos, a las más íntimas creencias, en la ausencia de discriminación por motivos religiosos o por diferencias étnicas.Es un espíritu que desearíamos ver fructificar hoy frente a las intolerancias excluyentes de ciertas ideologías producto de un malestar socio-económico y político que aflora ultimamente con especial virulencia.Por eso, Al-Andalus, debería ser también un proyecto para el porvenir, basado en el reconocimiento de los lazos que nos han unido en el pasado y, sobre todo, en los que queremos tender en pos de realizaciones comunes euro- árabes, como pueblos que miran hacia adelante con espíritu positivo; con confianza en la capacidad de sus gentes para afrontar las múltiples dificultades de nuestra época.Al-Andalus queremos que quedé representado en nuestros días con proyectos como el de la Universidad Euro-Árabe, en cuya puesta en marcha estamos comprometidos. Una Universidad en la que jóvenes del mundo árabe hallen respuesta a sus ansias de conocimiento y desarrollo intelectual, en estrecha convivencia con compañeros de diversos países europeos.Al-Andalus debería ser el modelo para construir un nuevo marco de relación en el área mediterránea. Seguridad, cooperación y dimensión humana son elementos esenciales de esta nueva convivencia entre todos los países de la zona.Sólo erradicando los males de la inseguridad, fortaleciendo la cooperación económica y financiera y promoviendo el diálogo cultural y la tolerancia de creencias y comportamientos, podremos construir un nuevo espacio de paz y estabilidad.Esta es la nueva meta del nuevo Al-Andalus que nos hemos planteado hacer juntos, y a ella les invito a sumarse.Salam Alaicum.

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