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Palabras de Su Majestad el Rey a la milicia al entregar el Premio Daoíz

Segovia, 09.05.1978

L

a concesión de un premio dedicado a galardonar los trabajos de una persona durante un quinquenio es siempre un acto relevante. Pero si este premio lleva como título el nombre de uno de los héroes españoles más populares y significativos de la historia moderna, el capitán del entonces Real Cuerpo de Artillería don Luis Daoiz y Torres, y premia desde hace setenta años, unas vidas dedicadas al progreso del actual Arma, como es el caso del Teniente General Marcide, son motivos más que suficientes para que vuestro Rey y Capitán General venga a participar de vuestro festejo y vuestra alegría.

Ha de subrayarse también que hoy se ha premiado a uno de los impulsores de la artillería lanzacohete, versión moderna y prometedora del arma de fuego en la actualidad, y campo tecnológico militar en el que España es pionera, disponiendo actualmente de armas propias originales, que despiertan la curiosidad en el extranjero.

Si cada colectividad militar aporta al ejército unas virtudes más significativas, la artillería española se ha distinguido siempre por el culto al compañerismo. Especial ejemplo de ello es este acto de hoy, en el que un artillero, descendiente del héroe del Parque de Monteleón, instituyó este premio destinado a honrar los méritos de sus compañeros.

A este gesto de generosidad y amor a la carrera militar, el Arma de Artillería respondió siempre seleccionado con la mayor escrupulosidad y cariño a los merecedores de este galardón.

La figura de Daoíz, ya glosada por el General Jefe de Artillería del ejército, es también una muestra clara del estilo militar peculiar de los artilleros. Siempre habéis sabido unir, firme e indisolublemente, la afición al dominio científico de las armas que manejáis, con una especial sensibilidad para poner dichas armas al servicio de los ideales más nobles del ejército y del pueblo español. Esta fue la gesta del 2 de mayo que habéis repetido cuando la patria lo ha exigido.

La artillería fue en sus orígenes el Arma de los Reyes, con lo que la realeza promocionó órdenes sociales más justos.

Ultima ratio regis (la última razón del rey) grababais en vuestros cañones.La artillería de hoy día, definida como el Arma del Mando, y encuadrada en unión íntima en el conjunto de las Fuerzas Armadas, seguirá aportando estas virtudes que hoy celebramos para el bien de España y la satisfacción de su Corona.

Recibid todos los presentes mi cordial felicitación, pues bien sabemos los militares que «las glorias del ejército son indivisibles».

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